El Estatuto, los impuestos, las izquierdas y el futuro de Foro Asturias

Quienes en el futuro escriban la historia se verán en la difícil tarea explicar cómo una discusión sobre lengua se terminó convirtiendo en una discusión sobre impuestos.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

El asturiano y el gallego-asturiano no serán lenguas oficiales de Asturies. Al menos por ahora. Carmen Moriyón, presidenta de Foro Asturias daba el domingo por cerradas las negociaciones para la reforma del Estatuto en una entrevista en El Comercio al periodista Juan Neira. La ex alcaldesa de Xixón venía a decir que si la izquierda no había cedido en la rebaja de impuestos, Foro tampoco daba su apoyo a la reforma estatutaria. Punto y final. En el sector pro-oficialidá de Foro no se esperaban un NO tan rotundo. Quienes en el futuro escriban la historia de la Asturies de 2022 se verán en la difícil tarea de tener que explicar a las nuevas generaciones cómo una discusión sobre lengua se terminó convirtiendo en una discusión sobre impuestos. Sin esperar a que pase tanto tiempo, aquí vamos a lanzar algunas hipótesis.

“En el sector pro-oficialidá de Foro no se esperaban un NO tan rotundo de Moriyón”

En junio de 2021 Foro Asturias celebraba un Congreso que suponía la ruptura con el casquismo y una cierta refundación del partido en clave liberal y regionalista. Cierta, porque el partido no llegaba a terminar de sacudirse de sus orígenes derechistas ni se atrevía del todo a dar el paso hacia un asturianismo centrista, bisagra, capaz de pactar tanto a derecha como a izquierda, al estilo del Partido Regionalista Cántabro, su homólogo de Aragón o la Unión del Pueblo Leonés. En plena emergencia del fenómeno de la España Vaciada y de los nuevos regionalismos provinciales, una parte parte de Foro quería caminar en ese sentido, pero hacerlo demasiado rápido suponía arriesgarse a romper con la parte más conservadora del partido.

Los procesos judiciales contra Cascos y la figura de Carmen Moriyón servían como pegamento de esas dos almas de un partido que, en todo caso, bajo el liderazgo de Adrián Pumares se abría a colaborar con el PSOE, Podemos e IU en la reforma del Estatuto. Vox, consciente de las contradicciones internas de Foro, percutiría en ellas con una campaña de acoso a Pumares. Ideada para acentuar las tensiones en Foro, así como para presentarse ante la derecha sociológica asturiana como el partido anti-oficialidá, las vallas publicitarias de la ultraderecha convirtieron a Pumares en un personaje popular y simpático para la izquierda, pero seguramente también lograron parte de sus objetivos: aumentar las dudas internas en el partido sobre la conveniencia del apoyo al reconocimiento del asturiano y del gallegago-asturiano. En Foro se impondría entonces una solución de consenso. A cambio del apoyo a la oficialidad y a la reforma del Estatuto, Pumares debía ofrecer algún trofeo a los sectores más derechistas, hegemónicos en la plaza fuerte de Xixón. Foro se aprovechaba de su voto decisivo para sacar rédito político de una reforma estatutaria que Adrián Barbón había dejado de liderar. Las razones de esta pasividad del presidente darían para otro artículo.

Valla publicitaria de Vox contra Pumares y el asturiano.

Si para el PSOE hacer concesiones a Foro en la cuestión del Plan de Vías gijonés era resucitar el mal sueño de un regreso del forismo a Xixón, la rebaja fiscal propuesta por Pumares no suponía una línea roja, siempre y cuando Podemos e IU estuvieran dispuestos a aceptarla también. Estallan entonces las contradicciones entre los dos grandes temas de las izquierdas, como los ha caracterizado la filósofa norteamericana Nancy Fraser, el reconocimiento de los derechos civiles y la redistribución de la riqueza. IU y CCOO se plantan, toman en sus manos la bandera de la redistribución y priorizan la defensa de los impuestos a la reforma del Estatuto. Podemos antepone el reconocimiento del asturiano y ofrece una contraoferta de rebaja fiscal que permita desbloquear la negociación. Desde el partido morado consideran que no se puede desaprovechar una oportunidad histórica para la oficialidá y proponen una bajada a las clases medias y populares, pero manteniendo el impuesto de sucesiones a las clases altas. La reforma agrada a Foro. El mejor sitio para el dinero es en el bolsillo de los ciudadanos suele decir la derecha. Sin embargo, la FSA mueve ficha. Se ha quedado sin relato, y temiendo dejar a IU el monopolio de la defensa del Estado del Bienestar, critica que la propuesta de Podemos supondría una inaceptable merma de 35 millones de euros anuales a las arcas públicas. Para redondear el embrollo el PP dice que el asturiano no les interesa, pero que la reforma fiscal sí, e irónicamente dan la bienvenida al partido de Sofía Castañón y Rafa Palacios al “club liberal”.

La reforma del Estatuto se ha ido a pique y no parece que haya por ahora muchas posibilidades de reflotar el barco, que tiene demasiadas vías de agua. La desconfianza se ha instalado en la sala. Nadie sale demasiado bien parado de este asunto, el primer revés serio en la fulgurante carrera de Adrián Barbón. Todo apunta a que el presidente pondrá en segundo plano su asturianismo amable para concentrarse en dos especialidades menos conflictivas y en torno a las que su partido está también más cohesionado: la gestión de la pandemia y los fondos europeos. Podemos se posiciona como el partido más identificado en la defensa del asturiano. Conecta con una parte de sus bases, muy sensibles al tema, pero otra parte de ellas, menos preocupadas por la oficialidad, se encuentran más cercanas a la posición de IU. La coalición de izquierdas también tiene sectores asturianistas, pero sus contradicciones internas en este asunto son menores.

La negociación ha permitido a Foro recuperar foco y protagonismo, pero su perfil regionalista, lo que le puede diferenciar de PP, Cs y Vox, ha vuelto a quedar desdibujado con su negativa a apoyar la oficialidá. “Tienen un marabayu importante dentro” apunta un histórico del asturianismo sobre la situación interna de los postcasquistas. El sector asturianista, que apostaba por dar una oportunidad a la negociación, se siente traicionado por Moriyón. Si alguien soñaba con un PNV a la asturiana que se olvide. La cosa por ahora no da ni para un PRC a la asturiana.

¿Alguien gana? Sí, Vox. Haya o no oficialidad, la ultraderecha ya tiene tema de campaña. El PP asturiano sigue sin encontrar su lugar en el mundo. Tratará de agarrarse como un clavo ardiendo a la cuestión fiscal. Es su manera de diferenciarse de una ultraderecha en ascenso, excitada con su particular cruzada contra el bable, y a la que le interesa más hablar de identidad que de impuestos.

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