Oblanca desconectado

Mientras el diputado inclina sus posiciones hacia Vox, Carmen Moriyón ansía ocupar el centro: desde otoño, el cordón umbilical entre San Jerónimo y Somió está roto.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Hace mucho que no sabemos nada de Oblanca, le comenté a un asesor de Foro hace unas semanas a la salida de un bar. “A Oblanca no se le ve el pelo en Gijón. Desde octubre, no sabemos nada de él en el partido”. Aquellas palabras habían resonado con la ironía de un spin doctor que ya preparaba un discurso para ese extraño escenario en el que una de sus figuras más emblemáticas amenazaba con iniciar una tormenta.  Sin embargo, por muy irónicas que fueran sus palabras, su mirada  tampoco era capaz de ocultar cierto cabreo con el diputado conservador. Que el forista haya apoyado esta semana una PNL firmada por Vox en el Congreso de los diputados sin el respaldo de su partido, verifica las palabras del asesor y lejos de clarificar el futuro de Foro, lo ensombrece.

Oblanca ha sido siempre una rareza en la vida política asturiana, un hombre demoledor, fanático de la disciplina y el método, poseedor de convicciones inquebrantables que superaban la realidad, empujado por la necesidad de ser siempre un tipo hecho de una sola pieza. Podría parecer un hombre aferrado a lo absoluto, pero lo cierto es que con el dos simples chasquidos y a fuerza de mucho orgullo y soberbia, logra que su partido se vuelva en una mala caricatura de sí mismo.

“Oblanca ha sido siempre una rareza en la vida política asturiana, un hombre demoledor, fanático de la disciplina y el método”

Sospecho que el hartazgo con Oblanca debe estar rayando su expulsión y que no se ha producido todavía porque Foro está viendo cómo los partidos regionalistas han cobrado una fuerza inusitada desde que Mañueco convocó las elecciones en Castilla y León. No es cuestión de hacer mucho ruido. ¿O es que Oblanca mueve tropa desde Madrid? No lo sé. Dicho esto, que Oblanca respalde con su voto una proposición xenófoba y racista debería ser objeto de sanción por parte de su partido y su salida inmediata. En cualquier caso, si Carmen Moriyón, presidenta de Foro, se ha pronunciado a golpe de tuit desautorizando y censurando el voto de su diputado, es lógico pensar que la comunicación entre ambos es inexistente. Mientras Oblanca inclina sus posiciones hacia Vox, la presidenta ansía ocupar el centro del voto. Desde otoño, el cordón umbilical entre San Jerónimo y Somió está roto.

Carmen Moriyón, presidenta de Foro, y Adrián Pumares, secretario general y portavoz. Foto: Iván G. Fernández.

Ya es la segunda ocasión en la que Oblanca se salta la disciplina. Obviamente, Isidro Martínez Oblanca no repetirá como candidato, pero su actitud, mientras tanto, no puede ser un obstáculo en la redefinición de un partido que aspira a ser una alternativa al PP de Mallada y ampliar su representación con los escaños que abandonará proximamente Ciudadanos. Después del resultado electoral, uno se imagina a Carmen Moriyón, a Pumares, a Jesús Martinez Salvador y al resto de sus asesores estudiando los programas y discursos de ¡Soria Ya! y Unión del Pueblo Leonés para que en las próximas generales, el partido que fundó Francisco Álvarez Cascos logre alcanzar, al menos, un diputado más. Asturias influye tanto en la política nacional como una provincia española. Ni que decir tiene que el abandono del Estado de las infraestructuras puede alentar el voto de castigo contra Barbón y elevar el perfil forista en los sótanos de Fruela cuando se convoquen las próximas autonómicas. Estaremos atentos.

Sin embargo, para algunos diputados de la bancada de la izquierda, el Estatuto ha sido el tren que Adrian Pumares perdió y al que debería haberse subido para convertir a Foro en el gran partido regionalista de la derecha. Lo sabremos en las próximas municipales y autonómicas. En cualquier caso, muerto el Estatuto, sólo nos queda por saber qué pesará más en las próximas elecciones: si el relato que pretendía convertir a Asturias en una autonomía de primera con la proclamación de un Estatuto o aquella otra, más concisa, pragmática y perversa que deseaba que los trenes de cercanías llegasen a su hora. Hay quien apuesta todo por el futuro y otros que encuentran más práctico que los problemas más urgentes se solucionen con puntualidad.

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