La guerra de los genoveses

España es un continente en llamas. La derecha trumpista ha declarado la guerra en todos los frentes.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

La guerra de los genoveses es una guerra total que se extiende como un incendio de verano. España es un continente en llamas. La derecha trumpista ha declarado la guerra en todos los frentes. Miguel Ángel Rodríguez quiere la cabeza de Teo García Egea, servida en una bandeja, como un retrato de Caravaggio, antes de que cuelguen del palo mayor a Casado, como a Mussolini. La locura ferviente y delirante de MAR no entiende de capitulaciones ni hace presos. O muertos o nada.

Vamos acumulando tranquilamente nuestra colección de políticos chamuscados, de cadáveres políticos en esta guerra sin cuartel que ha vuelto a escenificar la política como un viejo estanco de tabacos, sobre una montaña de calaveras y bajo este aire de pandemia psicótico y narcotizado. El dinero ha borrado la vieja división entre aznaristas y gallegos. Se trata de no ser el tercer partido del Congreso, que también se resiente de la hecatombe popular, cuando Pedro J. anuncia el sorpasso de Vox. Isabel Ayuso es una virgen de rifa poseída por el diablo, una Santa Teresa engolfada de poder, que no de Dios, que de tanto amarlo lo ha hecho ya su prisionero.

“Se trata de no ser el tercer partido del Congreso, que también se resiente de la hecatombe popular, cuando Pedro J. anuncia el sorpasso de Vox”

Estamos a punto de olvidar la democracia que tampoco recuerda lo que significa la decencia.  Esta derecha no es un partido, es un milagro forjado por banqueros, terratenientes y una vieja estirpe gallega que aún acude a las ermitas a rezarle al caudillo y así en este plan. El nacionalismo español no es un invento de filósofos buenistas, sino de espías y comisionistas que han tomado las instituciones como quien toma el Alcázar de Toledo a golpe de tweet entre campaña y campaña electoral. Hace falta que el materialismo filosófico encuentre una categoría política a la corrupción como forma de Gobierno. Lo que sí sabemos, y por ahí sí podemos empezar, es que la vieja familia patricia sigue dos mil años después sosteniendo a este país y cortándole las manos a Cicerón en cuanto las enseña. Son otras familias y la misma, son otros fuegos y el mismo, los que han destruido cualquier posibilidad de progreso.   

Isabel Díaz Ayuso, en un mitin del Partido Popular. Foto: Twitter

El esperpento es un trenzado de aristocracia y casticismo. El acierto de Díaz Ayuso, que ha concentrado sus tropas en Génova adornadas de flores y mariachis, ha sido confundir el casticismo con la libertad, la rebeldía con el parricidio y el asesinato con la moral política. Cada día en su despacho Isabel escenifica una boda de sangre, un martirio, un milagro y un sacrificio. creíamos que Vox era una escisión del PP sádica, fanática y marginal, pero ahora vemos que el electorado de derechas se hace soluble en Vox, según Pedro J. y El Español, que ya le buscan fecha a otro día de la raza, bajo una lluvia de paracaidistas adornando el cielo de Madrid.

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