Ser corrupto ya no penaliza

Ahora la política es el deporte nacional, porque las hinchadas se parecen bastante a las de los equipos de fútbol, y los trajes de los representantes públicos son bonitos y entallados.

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Sergio C. Fanjul
Sergio C. Fanjul
Es poeta, periodista y escritor. Colabora habitualmente con el diario "El País". Su último libro es "La ciudad infinita".

Yo no sé la de horas que me he pasado viendo informativos y tertulias, escuchando podcast y leyendo noticias sobre la alucinante crisis del PP. Recuerdo cuando la política era algo plomizo que no interesaba tanto, al menos entre los jóvenes. A los de mi generación se nos decía que éramos unos pasotas (ojo al término vintage) que no nos interesábamos por nada y, en efecto, la política era algo que se oía de fondo en los televisores y venía muy bien para llenar periódicos (esta es la principal utilidad de la política), un territorio de grises señores con traje gris un par de tallas más grande de lo debido. Ahora la política es el deporte nacional, porque las hinchadas se parecen bastante a las de los equipos de fútbol, y los trajes de los representantes públicos son bonitos y entallados. Como se ha repetido tanto, en inglés hay diferentes términos para estos asuntos: policy es el nombre que se da a la política pura y dura, la política con mayúsculas, la que hace cosas, mientras que politics se refiere a las luchas por el poder y los diferentes tejemanejes que poco tienen que ver con la gestión pública, que poco tiene que ver con buscar un mundo mejor. Juego de Tronos es politics, no policy. Politics viene a ser el politiqueo de toda la vida.

“A los de mi generación se nos decía que éramos unos pasotas

En realidad, lo que interesa en España no es tanto la política como el politiqueo, la politics. Ayer mismo se tumbó en el Congreso la propuesta de crear una empresa pública de energía, que tendría un gran impacto en la sociedad, y la noticia estuvo opacada por la crisis del PP y la dimisión de Teo Egea, un tipo al que dejaría al cargo de mi hija de lo buenín que parece. A ver, es cierto que cosas como el Ingreso Mínimo Vital, la Reforma Laboral o la Ley Mordaza generan interés, pero infinitamente menor que una fractura en el PSOE como la que vimos hace unos años, que las luchas intestinas de Podemos o que la guerra pepera que ahora presenciamos y que nos tiene fascinados, porque estas son material casi cinematográfico y el combustible perfecto con el que alimentar decenas de miles de tertulias que llenan la parrilla televisiva con gran audiencia y bajo precio. Es la espectacularización de la política, que se vuelve serie de Netflix o drama de Shakespeare. El efecto es parecido al que debían sentir los antiguos griegos cuando les contaban las historias de las peleas de los dioses del Olimpo: ¡Qué gusto da ver cómo se tiran los electrodomésticos los poderosos! Aparte de todo, me pregunto cómo puede ser que políticos jóvenes del PP, como Isabel Díaz Ayuso, puedan volver a caer en la corrupción (legal o moral) con todo lo que hemos visto hasta ahora, con todas las cosas que salen a la luz. Solo se me ocurre un motivo: que los dirigentes del PP saben que hay mucho más que lo que se publica y se juzga (y ya es decir), que solo vemos la punta del iceberg y que, por tanto, las probabilidades de ser pillado con el carrito del helado son razonables y merece la pena correr el riesgo. Total, ser corrupto ya no penaliza electoralmente y eso conduce al todo vale. Es un superpoder.

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