Ladrones de muertos

La derecha castellana ha pactado con los ultras de Abascal en Campos de Castilla, mientras Machado se revuelve en su tumba de Collioure tras conocerse la noticia.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Después de haberse desjarretado en Génova con todo linaje de excesos y coronar a Feijóo como presidente in pectore, la derecha castellana ha pactado con los ultras de Abascal en Campos de Castilla, mientras Machado se revuelve en su tumba de Collioure tras conocerse la noticia. Mañueco y Gallardo se han repartido el gobierno como dos ladrones de muertos. Lo que salga de ese cadáver despiezado, mete miedo al pánico. Mañueco será un presidente zombi. Ya habla como ellos.

Ha llegado el gallego y su cuadrilla a Madrid a tomar posesión del partido, pero las cosas siguen como estaban. O peor. Antes de la crisis, contrataron a espiones y trujamanes, matasietes pendencieros y unos cuantos camorristas. Después destriparon a Casado, y con su cabeza fresca y desairada sobre la bandeja, prometieron un partido más centrado y con un discurso firme y democrático. Pero no ha pasado un mes y sigue siendo el mismo enjambre de agiotistas dispuestos a desvalijar al país con tal de mantenerse en la poltrona. Ni siquiera Feijóo con su coro de pastores es capaz de ejercer un liderazgo que ponga firme a los presidentes autonómicos. Parecen todos una banda de sabandijas. 

“Ni siquiera Feijóo con su coro de pastores es capaz de ejercer un liderazgo que ponga firme a los presidentes autonómicos”

Guillermo Díaz, coportavoz de Ciudadanos, desde su Twitter ha ironizado: “Quiero dar la enhorabuena al lince, al nuevo Adenauer que era el señor Mañueco, y a los estrategas de la war room del Partido Popular que convocaron estas elecciones para sacar mayoría absoluta, tener un Gobierno estable y echar a Ciudadanos del Gobierno. Bien, enhorabuena a los premiados, que disfruten ahora del populismo en el gobierno”. Lo cierto es que el acuerdo ha hecho retumbar los cimientos del país. El primer huevo se ha roto y ya asoma la cabeza de la serpiente.

El gallego ha tirado el balón fuera de banda, como los malos equipos a los que les quema la pelota entre los pies, intentado desviar la atención de su partido y disparando a Pedro Sánchez, que observa desde el palco a los tahúres, mientras les lee el catón. Ha dicho Adriana Lastra que el acuerdo es el pacto de la vergüenza. Hasta ahora, Sánchez jugaba a ser Javier Fernández, pero con más visión de conjunto. El fan de Los Planetas ofrecía su abstención a Mañueco a cambio de acordonar en cualquier parlamento a los de VOX. Pero se ve que Feijóo no tiene todos los naipes necesarios para imponer ese armisticio entre los suyos. El gallego parecía un titán, pero camina como un lisiado con muletas.

La centralidad de Felipe González, de la que habló el otro día en Lo de Évole, se ve que era un deseo antes que una realidad. Allí habló de la importancia de los partidos sistémicos y su papel en las instituciones para salvaguardar la convivencia. También decía el expresidente que se entendía con Feijóo. Con Vox en un gobierno del PP, no hay centralidad que valga entre el PSOE y el PP. De manera que la centralidad sigue siendo, paradojas de la vida: Yolanda Díaz. Ella sí maneja la gramática institucional.

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