Toño “El Rojo”: La ventura de haber sido sus amigos

Discurso de Miguel Rodríguez Muñoz en el acto de despedida a su amigo y ex compañero de militancia en el Movimiento Comunista de Asturias y Lliberación.

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Miguel Rodríguez Muñoz
Miguel Rodríguez Muñoz
Es abogado y escritor.

Nunca pude imaginar que me iba a ver un día pronunciando en un cementerio unas palabras de despedida en homenaje a Toño, viejo amigo y compañero de andanzas y militancia con quien compartí –compartimos todos– muchos ratos divertidos y bastantes amarguras. Nadie está preparado para la muerte de uno de los suyos, sobre todo cuando se produce de manera tan brusca e inesperada. En ese estado de schock en el que nos encontramos desde la mañana de ayer, nada resulta razonable, aceptar la realidad es asunto muy difícil, nos sentimos tentados de reducir su vigencia hostil a la condición de un mal sueño y hasta nos parece extraño el uso adecuado de los tiempos verbales. El cariño y la lealtad se resisten a entregar al pasado la vida de nuestro amigo y aquí estamos deseosos de sentirlo todavía a nuestro lado, negándonos emocionalmente a su desaparición.

“Con su fallecimiento, el paisaje humano de la ciudad –en particular del barrio antiguo– se empobrece”

Toño ha muerto demasiado pronto pero tuvo –es muy duro expresarlo ya en pretérito– una vida muy intensa –no siempre fácil–, durante la que hizo de sí mismo un personaje, no un personaje impostado sino auténtico, denso, de carácter y enorme interés. Con su fallecimiento, buena parte del paisaje humano de la ciudad –en particular del barrio antiguo– se empobrece. Si uno pasaba por esa zona, era fácil encontrarse en la plaza del ayuntamiento, la calle Magdalena, Cimadevilla o el parque del Campillín a un señor trajeado y de sombrero, vestido con elegancia y atrevimiento, hecho un pera, caminando un poco renqueante en compañía de una pequeña perra de lanas blancas. Era fácil verlo parado en conversación con alguno de sus numerosos conocidos. Tras una larga vecindad, Toño se había convertido en una figura querida y reconocida en el barrio, un soporte de su poderosa identidad.

Toño Blanco durante una asamblea en la Universidad de Oviedo/Uviéu. Foto: Santiago García.

Junto a esa apariencia grave, no exenta de un cierto desenfado, había un individuo jovial, divertido y cariñoso, con gran sentido del humor –en ocasiones gamberro– y mucho encanto personal. Toño era muy inteligente y muy vivo –dos condiciones que no siempre se suelen reunir al mismo tiempo–; no solo disponía de una notable lucidez sino también de una gran facilidad para el conocimiento intuitivo. Rápido e ingenioso en sus respuestas y observaciones, resultaba gracioso incluso en sus silencios, dueño de una expresiva mímica. Creo que si había un rasgo que lo singularizaba era su gran capacidad de seducción, un don que manejaba con sabiduría y que le permitía cosechar muchas simpatías y tejer una buena red de relaciones sociales. Creo también que otro rasgo muy propio era su sentido del gusto y de la belleza, un talento que alimentó su afición por la pintura, la escultura y el coleccionismo. Guardó en su casa un gran surtido de obras de arte y un colosal almacén de objetos extravagantes unidos por alguna suerte de valor estético.

“Rápido e ingenioso en sus respuestas y observaciones, resultaba gracioso incluso en sus silencios”

Pese a su prematuro desenlace, Toño dispuso de tiempo para protagonizar una larga historia de compromiso político y social. El nombre de Toño el Rojo que hoy aparece en su esquela procede de la época de su activismo político en la facultad de Derecho, donde ejerció de militante antifascista, presto siempre a dar la cara, valiente y arrojado. El primer homenaje que la Universidad de Oviedo rindió al rector Alas fue iniciativa de un puñado de estudiantes antifranquistas entre los que se movía Toño. Durante toda su vida aspiró a conquistar un mundo más justo y puso en ese empeño lo mejor de sí mismo. Militó siempre en el MCA y en Lliberación, organizaciones a las que, junto a su carácter peleón, aportó una gran dosis de creatividad, que tomó cuerpo en brillantes campañas de carteles, muchos de los cuales todavía hoy se recuerdan con admiración y regocijo. Ese talento para el diseño, así como su sentido de la fiesta, se volcaron también en el impulso y sostenimiento de Pinón Folixa, un chiringuito pionero en las fiestas de San Mateo, que, durante muchos años –antes de que la necedad y el sectarismo se impusieran en la vida municipal–, fue un importante lugar de encuentro y una buena ocasión para el disfrute popular en las noches mateínas.

Toño estuvo también vinculado a la lucha de los insumisos contra el servicio militar, a quienes en su condición de abogado asesoró, defendió, visitó y dio aliento semanalmente en la cárcel.

Como buen militante e hijo de su tiempo, hay en su haber muchos kilómetros de marchas callejeras –casi una vuelta al mundo– en manifestaciones de protesta por numerosas causas nobles y extensas superficies de paredes embadurnadas con cola y una escoba para pegar carteles de propaganda política y de denuncia.

Fue también un oviedista de pro.

Junto al homenaje a Toño, es obligado transmitir nuestro sentimiento de dolor y nuestro reconocimiento a su familia y a su hermana Charo, que de forma ejemplar lo cuidó, acompañó y obligó a pasear quizá más de lo que su pereza para la práctica de ningún deporte hubiera consentido.

No deseo poner fin a estas palabras diciéndole adiós a Toño ni buscando una forma de alivio en la idea de que vivirá en nuestro recuerdo. Nuestro amigo ha muerto y no hay reparación ni consuelo posibles. Toño ocupaba demasiado espacio afectivo en nuestras vidas, hemos convivido intensamente, reído, soñado y sufrido mucho juntos. Su radical ausencia es desgarradora y no tiene cura. Toño ha muerto y nuestro deber es seguir adelante como si no fuéramos a fallecer nunca, recordándolo y lamentándonos de los tiempos tan sombríos que nos toca vivir. Quiero fiar la suerte de nuestro pesar a la reordenación de la memoria que opera el paso del tiempo. Algún día el recuerdo de Toño no será fuente de dolor sino de dicha y disfrutaremos de los momentos felices compartidos y de la ventura de haber sido sus amigos.  

Nada más.

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