“No hubo una nueva gauche divine, el Procés ha acabado con todo”

Alfonso de Vilallonga, Barón de Malda y de Maldanell y Barón de Segur, es una de las figuras más importantes del cabaret y compositor de algunas de las bandas sonoras más hermosas del cine español

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Conserva el aire aristocrático de su familia, aunque hay algo especial en su manera de moverse, de gesticular que evidencian a un monstruo de la escena con un pie en la modernidad y otra en la veteranía. Hablar de modernidad en su caso es resituar a Alfonso de Vilallonga, Barón de Malda y de Maldanell y Barón de Segur, como una de las figuras más importantes del cabaret en España, cuando ciertamente, el cabaret es un oasias, entre adpataciones de Broadway, revistas y monólogos. La vida de Vilallonga sólo puede ser reinterpretada como una vida fascinante: noble, piano man en el Rich Alton de Nueva York, estudiante de jazz en Berckley, compositor de canciones que seguían la tradición de Brell, Montand o Aznavour y finalmente compositor de algunas de las bandas sonoras más hermosas del cine español e internacional, para Isabel Coixet (no dejen de escuchar Cosas que nunca te dije o The bookshop), o Pablo Berger. Este miércoles ofreció un concierto junto a la Darling String Quartet y el jueves participa en la Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo para impartir una masterclass sobre música de autor para cine de autor.

¿Por qué en España no hay cabaret?

Pues no lo sé, quizá por la sencilla razón de que en España se siguió la stand up comedy o la revista.

Eso le convierte en una excepción

En cierta medida,  el cabaret que hago yo integra un concepto muy amplio, que recoge un poco de política y de actualidad, al estilo del cabaret berlinés como en su día Kurt Weill o Bertol Brecht, y también asimila el cabaret francés. Ya sabe que me gusta mucho la chanson de Jack Brell, Yves Montand, que tienen un toque teatral, de cabaret-canción. A eso se suma el cabaret de cine americano. Mis montajes son una mezcla de muchas cosas que construyen un espectáculo muy personal, que bebe de muchas fuentes. Al final sería eso que se dice ahora: es muy ecléctico, sumando tradiciones que convergen en un espectáculo al que yo le aporto aspectos de mi vida musical, con mucho sarcasmo y humor.

Su vida tiene un aspecto fascinante, porque a pesar de su origen aristocrático, usted fue una piano man en el paisaje de los hoteles de Nueva York, mientras hacía tripletes muchas noches. Reconozco que me recuerda mucho a Charles Aznavour buscando y escapandose de sí mismo en No disparen al pianista. En su caso, todo eso concluye con en el cabaret

¿Esa película era de Truffaut?

Efectivamente

Vivi muchos años en Boston. Me fui para allá cuando tenía 21 o 22 años. Entonces ya tenía una carrera. sobre todo como cantante en España. cuando me fui a  Berkeley a estudiar jazz. Ahora es de todo, pero entonces era de jazz, se estudiaba cómo escribir para una big band, al estilo de Duke Ellington. Después comencé a escribir canciones en inglés y comencé a montar mis propios espectáculos con canciones mías, alguna francesa, alguna de Gershwing, de Cole Porter y monólogos en contra de la política exterior de los EEUU, con la I Guerra del Golfo, en 1991. El montaje contaba con un cuarteto; violinista, bajo, batería y piano. Así empezó mi carrera como performer de cabaret. Y de ahí me viene todo después.  Todavía tengo algunos temas de esa época con otras canciones en castellano que sigo incluyendo en un espectáculo muy personal donde meto mis teorías de la vida, mis fracasos sentimentales. Todo, lo meto todo ahí.  Para mi es un espectáculo donde cuento todo de mi.

Los Vilallonga tienen un vena bastante exhibicionista de la vida. Lo digo por usted y por su tío, José Luis de Vilallonga. Ese afán por vivir y también, como diría Dominguín, ese de deseo de contarlo.

Sí, sí, sí. Exacto. Es verdad. Lo mío es bastante autobiográfico y con escaso sentido del pudor.

Las cenas de los Vilallonga debieron de ser excitantes.

Bueno, una familia bastante curiosa. Los últimos mohicanos de una aristocracia bastante decadente. Todavía llegué a convivir con mis bisabuelos que moraban en un palacio a las afueras de Barcelona con toda una vida que ya era entonces anacrónica. Imagínate ahora. Estoy escribiendo un libro sobre mi vida. La gente joven no tiene ni idea de lo que podía haber sido esto. Yo soy del 62. Cuando murió Franco tenía 13 años. Toda esa época, los que ya nacieron 10 años más tarde, pasaron tantas cosas.., que es esencialmente otra generación. Les falta mucha información de la década de los 60.

Alfonso de Villalonga durante la entrevista FOTO: David Aguilar Sánchez

Llegó a ver la gauche divine en todo su esplendor. ¿Existe hoy una gauche divine o se diluyó en procesos políticos?

Ya no queda nada de eso. Yo viví un poco su final, todavía en Bocaccio.  Muchos de aquellos personajes los conocí a través de mi madre, que estaba entonces ya separada de mi padre, un hombre de derechas. Ella era una señora burguesa que tenía sus veleidades con la izquierda y el socialismo. Ella era muy amiga de Terenci Moix, de Rosa María Sardá, de Pollita, la fotógrafa. Toda esta gente que ahora tendría 80 años. Desde muy pequeño cantábamos en las fiestas de la familia. Todo eso lo tengo incorporado.

Pero no hubo relevo, no hubo una nueva gauche divine.

No, piensa que el procés ha acabado con todo. Ahora estoy leyendo el último libro de Ramón de España, que es un gran amigo mío. Se titula “La Barcelona fantasma” y habla de esa Barcelona que ya no existe. A partir del 2010 el procés arrasó con todo. Los iberoamericanos, Vargas Llosa, García Márquez, Balcells, todo esto voló. Barcelona está dividida entre Tabarnia y Tractoria. Ahora mandan los payeses y la burguesía catalana. Es muy raro lo que ha pasado.

¿Sigue percibiendo la ruptura social tras el procés?

El procés ha roto amistades, familias, ha partido la convivencia. Un ejemplo son los Sardá. Rosa María y Xavier eran antinacionalistas y el resto de los hermanos pro. Ha polarizado mucho a la sociedad catalana. Cuando llegó la pandemia pensé que tendría una cosa buena: una pandemia se va a cargar la otra. Nunca imaginé que eso sería también la pandemia, un frentismo tan de idiotas. Han arrasado con todo lo que han podido. Se han ido miles de empresas y todavía está coleando. Ahora se están enfrentando entre ellos, como era de esperar. Barcelona se ha vuelto una ciudad muy aburrida. Es muy pesado que te pregunten todos los días qué eres, qué es tu vecino y que debería hacer. Y qué es Cataluña. Es una especie de esquizofrenia identitaria. Yo voy a Madrid, a País Vasco o aquí y se respira un aire normal, la gente va a trabajar. Es que han sido muchos años con este tema. Ha sido traumático

Se puede seguir cantando entonces esa canción de Jacques Brel que decía Les bourgeois c’est comme les cochons /Plus ça devient vieux plus ça devient bête

Si, claro que sí. Exactamente. Maravillosa canción. Yo compuse dos canciones en esa línea: Malda State y Les burgueses oprimits.

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2 COMENTARIOS

  1. ¿Quién ha transcrito esto? ¿Jack Brell? , ¿Pollita la fotógrafa? ¡¡Madre mía!! ¿Si no sabemos quienes son Jacques Brel o la fotógrafa Colita para qué escribimos sobre cultura? Cuando uno no sabe, por lo menos, debe documentarse.

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