Después del Congreso

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Dicen los cuervos que en el estómago de Moby Dick no se respiró mucho entusiasmo entre los militantes de la FSA. En las bodegas de aquella bestia de hierro blanco y oxidado, la melancolía del presidente se transmitió a los delegados del congreso. A Adrián Barbón, que desde siempre ha sido un domesticador de lágrimas y emociones, le costó arrancar esta vez al beneplácito el aplauso. El público, aunque sea el tuyo, en ocasiones es cruel. Solo hubo un estallido cuando Adrián Barbón elevó el tono de su voz en la última frase y como el capitán del ballenero de Melville, ordenó izar velas y continuar hasta el próximo mandato.

Algún spin doctor acelerado no tuvo mejor ocurrencia que convocar en las pantallas del Calatrava la bandera asturiana con todas sus cruces, para ofrecer la merecida ceremonia funeral al cadáver del Estatuto. Todo proyecto político es un porvenir, me diría Sartre. Todo lo demás es la nada. Y en esas está el Secretario de la FSA, mientras los muñidores hacen las veces de enterradores de lo que iba ser el gran logro político de esta legislatura.

El réprobo Enrique Fernández, Consejero de Industria, ha salido desairado de la ejecutiva, esperando a que pase el año y hasta siempre, camarada. Patria o muerte. A su manera, Adrián Barbón se va apartando de los leprosos, bien por holgazanes, bien por incompetentes o las dos cosas

Un momento del Congreso de la FSA. Foto: FSA-PSOE

Y es que en el congreso no sólo quedó enterrado el Estatuto, sino también algunos nuevos camaradas. Miguel Barrero, un suponer, parece que nunca se puso un casco de obrero en la vida, me dicen desde la Fundación Municipal de Cultura. «Entre el medre y la literatura, se ha pasado cuatro años tirado a la bartola». No obstante, la vagancia no está reñida con la cortesía, así que el tipo envió este fin de semana una paloma azul para anunciar que abandonaba la secretaría de cultura, desde las catacumbas conventuales de Tabacalera. Como un Igor, se ha convertido en el cerrajero del municipio y va enseñando las ruinas a cualquier periodista, arrastrando un candelabro. Los chalaneros del twit afirman que a Barrero no le vieron el pelo en la ejecutiva durante los últimos cuatro años, que seguía a sus libros y sus pasos, como un holandés errante buscándose la sombra en otro árbol mejor.

El lunes, el secretario de la agrupación socialista de Gijón, con el rostro de un corredor de seguros, vendía las bondades de su gestión a la canalla en la calle Argandona, con 10.000 participantes en sus actos, centenares de actividades y cinco naipes colocados en la ejecutiva de Barbón. Más que de un partido, Iván Ardura parecía hablar de un resort en Marina D´Or, ciudad de vacaciones. Dicen los cuervos, que saben reconocer a muchas leguas el olor de un muerto, que Ardura está sostenido por una sola vela, la de Maria Luisa Carcedo. Ella y sólo ella responde por el actual secretario, mientras el resto del SOMA vacía las copas en la ruta de los vinos. Sea como fuere, no descarta un cara a cara con Monchu García, el candidato que le disputa la Secretaría. A Ardura, ciertamente, costó arrancarle un titular, pues el socialista no dejaba de enredarse con el sermo vulgaris del reglamento, para escapar del embate. En cualquier caso, Monchu García, el otro candidato, insistirá hoy en su celebración para que la militancia conozca todos los modelos y propuestas.

Mientras tanto, la alcaldesa de Gijón ha sido apartada de la influencia de Barbón, enviándola al sanedrín federal de Pedro Sánchez. Qué sea el Presidente quien la aguante. Los cuervos que sobrevuelan el Ayuntamiento afirman que sigue tratando a sus concejales como a una mierda. Hasta el verso libre de IU, Aurelio Martín, se sorprende de los gestos de orgullo. Va de sobrada, pero en el Congreso de Barbón ya no hubo besos ni halagos mutuos. Las espadas están levantadas. Ana González planeó con el paracaidas roto, apoyada en la muleta de Maricuela, un siglo de socialismo. Lo que no han querido ver esos ojos…

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