Rearmarse para la paz

En un mundo con terroristas y tiranos dispuestos a conseguir sus objetivos por las armas, el renunciar a ellas es un sinónimo de rendirse a la tiranía

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Nicolás Bardio
Nicolás Bardio
Es politólogo, escritor y creador de juegos de rol.

Yo no amo la espada porque tiene filo, ni la flecha porque vuela, ni al guerrero porque ha ganado la gloria. Sólo amo lo que ellos defienden” – JRR Tolkien.

Rearmarse para la paz puede sonar contradictorio. ¿No tendría más sentido renunciar a todos los ejércitos para crear una cultura de la paz? Desde luego, un mundo sin ejércitos ni guerras sería lo deseable para todos. Resolver los problemas con la violencia es algo propio de bárbaros y no de personas civilizadas, amantes de los derechos humanos y demócratas. Sin embargo, este mundo únicamente puede darse con una renuncia a la violencia por parte de todos los actores y creo que hasta el más ingenuo es consciente de que es sumamente difícil poner de acuerdo en la renuncia a las armas y a la guerra no solo a todos los estados (reconocidos o no) sino también a todos los actores internacionales no estatales donde entran sujetos tan variopintos como ISIS, los cárteles de la droga o los piratas somalíes (grupos todos ellos que tienen capacidades militares y armamentísticas más allá de las que pueda tener una mera “banda de delincuentes”).

Por consiguiente, parece que aunque nuestra voluntad sea la de renunciar a las armas y a la guerra, éstas van a seguir existiendo. Ya avisaba Clausewitz que la guerra no es más que la continuación de la política por otros medios. Otros medios a los que puede ser tentador recurrir si se percibe que pueden darnos la victoria. La guerra, como digo, va a seguir existiendo. ¿Qué hacer ante esta situación? Está claro que en un mundo con terroristas y tiranos dispuestos a conseguir sus objetivos por las armas, el renunciar a ellas es un sinónimo de rendirse a la tiranía. ¿No invadiría Corea del Norte a Corea del Sur pasado mañana si esta última renunciase a las armas? ¿No invadiría EEUU a Rusia mañana mismo si Rusia no tuviese armas nucleares? ¿No invadiría EEUU a Corea del Norte si esta última no tuviese armas? Claro que sí.

Pero ojo, no vale con tener cualquier arma. Armas las tenía Vietnam, las tenía Siria, las tenía Libia, las tenía Cuba, las tenía Iraq… y todos ellos se han comido unas cuantas invasiones de EEUU. Para que realmente no te invadan hace falta tener armas nucleares. O, si no las tienes, que las tenga un amigo tuyo muy poderoso que sea capaz de hacer creer a todo el mundo que lanzará las suyas si alguien te toca. Rusia tiene armas nucleares y nadie la ha invadido (ni planea invadirla ahora). Francia, Reino Unido, Estados Unidos, India, Pakistán, China…. Cero invasiones recibidas. Ni siquiera EEUU se ha atrevido a mandar a sus marines contra ese país del “Eje del mal” tan malo malísimo que es Corea del Norte. ¿La razón? La misma, que tienen armas nucleares.

“Que la guerra de Ucrania no tenga una solución diplomática beneficia mucho más a Estados Unidos que a Europa”

Quien tiene unas pocas armas nucleares tiene un seguro de vida. De hecho, recalco el “unas pocas”. No hace falta que sean muchas. Hace falta que sean las suficientes como para que a nadie “le compense” invadirte. Por ejemplo, Rusia tiene como 10 veces más armas nucleares que Francia. De hecho, Rusia podría destruir Francia varias veces pero… ¿A qué precio? ¿Al de perder Moscú o San Petersburgo y la vida de millones de personas? No les interesa. Ucrania tuvo armas nucleares tras la caída de la URSS. De hecho, fue el tercer arsenal más grande del mundo, y me juego un brazo a que Rusia no la habría invadido si aún hoy las tuviese. La ecuación Armas Nucleares=Seguridad y tranquilidad es difícil por no decir imposible de refutar. No hay ni un solo ejemplo de un país que se haya atrevido a invadir a una potencia nuclear. ¿Lo más parecido? escaramuzas fronterizas entre India y Pakistán que, todos lo sabemos, no van a ir nunca a más por la cuenta que les trae a uno y a otro.

Expuesto esto, cabe formularse tres preguntas:

1) ¿Dónde están nuestras armas nucleares?

2) ¿Quién nos protege?

3) ¿Estamos realmente protegidos?

La primera tiene una respuesta fácil: No tenemos. España es un estado firmante del Tratado de No Proliferación y, a pesar de los intentos de Adolfo Suárez y Felipe González hasta 1986, no ha conseguido tener armas nucleares; por lo que es un estado vulnerable en el actual sistema de defensa mundial. Esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Quién nos protege? La UE y la OTAN. Mientras que la Unión Europea es un acuerdo de defensa mutua entre todos los miembros en las que únicamente uno de los 27 dispone de armas nucleares, Francia, la segunda es una alianza algo más extensa en la que también están presente otras dos potencias nucleares: Reino Unido y Estados Unidos. Esto nos lleva a la siguiente y última pregunta: “¿Estamos realmente protegidos?”, es difícil de responder: ¿Estamos seguros de que EEUU, Francia y Reino Unido acudirían en defensa del resto de países europeos en caso de agresión? La presidencia de Donald Trump ha demostrado algo que puede suceder en el resto de países nucleares: que un pueblo soberano en una elección puede encumbrar a un mandatario que decida no proteger “hasta las últimas consecuencias” a sus aliados. Es decir, que en última instancia la protección nuclear de España, Portugal, Alemania, Italia… etc, reposa en la decisión de los gobiernos democráticos de Francia, Reino Unido y Estados Unidos. Si un Trump llegó al Despacho Oval, otro puede llegar en el futuro; por no hablar de que alguien como Marine Le Pen puede llegar al poder en Francia en cualquier momento y hacer saltar por los aires el sistema de defensa nuclear tan endeble en el que estamos.

“Para que no te invadan hace falta tener armas nucleares. O que las tenga un amigo tuyo muy poderoso”

Además, y esto no es algo menor, tanto EEUU históricamente como Rusia desde hace unos meses son lo que en inglés se conoce como “Warmonger”; un término que no tiene una traducción exacta en las lenguas romances, pero que se podría traducir como alguien que va buscando guerra. Todos sabemos el gusto que tiene por meterse en conflictos nuestro “socio” del otro lado del Atlántico; conflictos a los que nos vemos arrastrados en gran medida por depender de su paraguas nuclear. ¿Tenemos la capacidad de decirle a EEUU “No” cuando nos pide usar las bases militares europeas para ir a invadir el enésimo país cuando dependemos de él? No, no lo tenemos. Y, desde luego, lo que no tenemos europeos y americanos, son los mismos intereses geoestratégicos: que la guerra de Ucrania no tenga una solución diplomática beneficia mucho más a Estados Unidos que a Europa. Mientras nosotros nos hacemos cargo del drama humanitario sin su ayuda, ellos aprovechan para vendernos armas y, sobre todo, petróleo para reemplazar el gas ruso. Y todo esto en el marco de una guerra que podría haberse evitado si no se hubiese intentado incluir a Ucrania en la OTAN o, directamente, si la OTAN no existiese. ¿Realmente estamos seguros bajo el paraguas americano? ¿Realmente tiene sentido hacer reposar la defensa y la seguridad nuclear de 27 estados miembros en la decisión democrática y soberana del pueblo francés, que cualquier día puede decidir que no quiere seguir protegiéndonos?

En mi opinión lo que Europa necesita es más independencia respecto a los Estados Unidos, su política belicista y la OTAN con la que nos convierte en dependientes y seguidores de sus maniobras. Necesitamos superar el lujo absurdo que supone tener ejércitos nacionales y avanzar en una confluencia de los ejércitos europeos que incluya, sí o sí, la creación de una “force de frappe” nuclear similar a la francesa pero sin depender de los vaivenes políticos de ese país, que proteja a todos los europeos por igual y de forma común con una estrategia nuclear defensiva y disuasiva que permita que a ninguna potencia se le ocurra nunca poner un solo tanque en suelo de la Unión. Por eso hoy más que nunca no es importante cuánto nos rearmamos los europeos sino, y quizás más aún, cómo nos rearmamos. Si nos rearmamos simplemente para poner más combustible a la OTAN, sin generar nuestras estructuras estatales y democráticas europeas y un paraguas militar-nuclear para toda la Unión, nos estaremos equivocando profundamente.

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