María Jesús Rodríguez, maestra de arte y vida

La artista ovetense, cofundadora en 1980 del grupo Abra, es objeto de una exposición retrospectiva, que podrá verse en el Bellas Artes hasta mediados de junio.

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Luis Feás
Luis Feás
Periodista, crítico de arte y comisario de exposiciones. Ha escrito en La Voz de Asturias y Atlántica XXII entre otros medios. http://luisfeas.com/contacto/

Como un examen de cuarenta años de trabajo se muestra la exposición retrospectiva de María Jesús Rodríguez en el Museo de Bellas Artes de Asturias. “A ver si apruebo”, dice con sorna y sinceridad, a pesar de ser sabedora del unánime reconocimiento que su sobresaliente arte recibe, ejemplo tanto en lo estético como en lo ético, por su innegociable posicionamiento profesional y una actitud vital que la han convertido en una de las principales figuras de referencia del arte contemporáneo en Asturias. Otros artistas asturianos también son respetados, e incluso admirados, pero María Jesús Rodríguez además es querida, como señala su comisario, Óscar Alonso Molina.

“Otros artistas asturianos son respetados, pero María Jesús Rodríguez además es querida”

Maestra de arte y vida, Rodríguez (Oviedo, 1959) expuso individualmente por primera vez en 1983 en este mismo museo que ahora la homenajea y desde entonces ha seguido una coherente trayectoria sin dejarse llevar por las modas y ajena a las estrategias curriculares impuestas por el mercado. La sensibilidad con la naturaleza está en el núcleo de su poética, que, desde la inspiración en motivos paisajísticos, estructuras minerales, tipologías geológicas, ecosistemas acuáticos o vegetales, expande la pintura y la lleva a terrenos tridimensionales.

María Jesús Rodríguez. Foto: David Aguilar Sánchez
Un detalle de la exposición. Foto: David Aguilar Sánchez.
Foto: David Aguilar Sánchez

Así, desde los farallones y estratos pizarrosos de su primera época, que remiten a recuerdos de su infancia en el occidente asturiano, en la casa materna de Santa Gadea (Tapia) y la playa de Penarronda, hasta la atención minuciosa, casi obsesiva, que por medio de una mirada a ras de suelo presta a las más humildes plantas de las charcas o los bordes del camino, María Jesús Rodríguez se ha convertido en una magistral intérprete del mundo natural en todas sus escalas, como dice la nota de prensa.

La artista formó parte del grupo Abra, que, surgido en 1980, fue la aportación asturiana a esa efervescencia creativa que se produjo en las periferias artísticas con ocasión del establecimiento del Estado de las Autonomías. Un grupo que no tuvo apenas eco nacional, a diferencia de otros como el gallego Atlántica, a pesar de estar integrado por artistas tan relevantes para el arte asturiano como Hugo O’Donnell (pareja de vida de María Jesús y enlace clave en esta exposición), Ánxel Nava o Vicente Pastor, en parte debido a que muy pronto, en 1987, decidieron seguir cada uno su camino por separado, aunque continuaron haciendo un arte que se podría identificar fácilmente como asturiano, arraigado en sus mitos poéticos y en sus tradiciones, si bien utiliza un lenguaje puramente abstracto y universal.

Hugo O´Donell y María Jesús Rodríguez, primeros por la izquierda, junto a Ánxel Nava, Vicente Pastor y otros integrantes del grupo Abra.

Este contraste entre la mirada macro y micro, entre la presencia monumental y lo abarcable entre las manos, así como la alternancia entre grandes formatos y detalles minúsculos, han dominado el montaje de esta retrospectiva que el Museo de Bellas Artes de Asturias le dedica ahora a María Jesús Rodríguez. La selección reúne 66 obras, desde los primeros cuadros de los años ochenta, sus cartones negros o sin pintar de los noventa y sus aluminios grabados y pintados de los dos mil a sus últimos trabajos inéditos, dibujos inacabados y de largo proceso realizados sobre papel poliéster y de arroz este mismo año 2022.

Foto: David Aguilar Sánchez
Foto: David Aguilar Sánchez
Foto: David Aguilar Sánchez

En el conjunto se hallan sus proyectos escultóricos más ambiciosos y conseguidos, aquellos que han supuesto un hito o piedra hincada en su trayectoria. Cabe destacar el fantástico friso de cinco metros cedido por la Junta General del Principado, ante el que no desmerecen otras grandes piezas poco vistas, así como el nutrido conjunto de obras suyas que el propio Museo de Bellas Artes de Asturias alberga en sus fondos. También cedieron obra grandes amigos como el abogado Antonio RodríguezToño “el Rojo“, recientemente fallecido. Además, la exposición se completa con un audiovisual hecho para la ocasión.

El montaje organiza la cronología de las obras de una manera abierta, con saltos diacrónicos que dan pie al título de la exposición. Porque es en un abrir y cerrar de ojos que han pasado esos cuarenta años, y porque en ese instante, con su paciencia infinita, con su discreción y suave constancia, y con su silencio, María Jesús Rodríguez ha llegado tan lejos sin moverse de su sitio.

Foto: David Aguilar Sánchez
Foto: David Aguilar Sánchez
Foto: David Aguilar Sánchez

La retrospectiva, que podrá disfrutarse hasta el 12 de junio, cuenta con un cuidado catálogo en el que han participado Susana Carro y Óscar Alonso Molina, y en el que se han recuperado textos de Javier Barón y de Guillermo Solana sobre la artista. Las fotografías han corrido a cargo de Elena de la Puente y el diseño es obra de Tomás Sánchez.

En torno a la exposición se han organizado diferentes actividades, entre ellas una conferencia del comisario y diversas visitas guiadas y talleres para niños y familias, que podrán disfrutarse mientras dure abierta.

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