Y el franquismo culpó del bombardeo de Gernika a los “mineros asturianos”

El bombardeo de la villa vasca y las mentiras de guerra vuelven a estar de actualidad a propósito de la mención de Zelensky y la invasión de Ucrania.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

El bombardeo de la villa de Gernika, Bizkaia, vuelve a estar de actualidad en España tras la mención del presidente Zelensky en su intervención en el Congreso de los Diputados. Las fake news bélicas también regresan a la agenda pública a propósito de la versión oficial rusa sobre la matanza de Bucha, localidad ucraniana a las afueras de Kiev. Rusia niega que su Ejército cometiera crímenes de guerra contra población civil, pero los relatos de los supervivientes y la reconstrucción de los hechos por Bellingcat, medio especializado en conflictos armados y en verificación, desmiten el relato del Gobierno de Putin.

Calificar de “montaje” las informaciones sobre crímenes de guerra o culpar a las propias víctimas de las matanzas cometidas contra ellas es una vieja técnica de propaganda que el franquismo empleó hace ahora 85 años para ocultar su responsabilidad en la destrucción de la villa vasca. Gernika fue una masacre de civiles que conmocionó a una opinión internacional poco acostumbrada al bombardeo de ciudades. Y es que este tipo de acciones contra la población civil habían sido poco frecuentes en la Primera Guerra Mundial, e implicaban unos niveles de crueldad que hasta entonces solo se habían experimentado con cierta masividad en el caso de las guerras coloniales. Reino Unido o Italia recurrieron a los castigos masivos contra los levantamientos de las poblaciones que rechazaban su dominio colonial. También España. El Ejército español bombardeó a los rebeldes del Rif durante la Guerra de Marruecos a principios de los años 20. Ironías de la vida, buena parte del armamento empleado en esa campaña colonial había sido fabricado en las factorías armeras de Gernika.

“Buena parte del armamento empleado para bombardear a los rebeldes del Rif había sido fabricado en las factorías armeras de Gernika”

La Guerra Civil, pero antes la represión de la Revolución de Octubre de 1934, supusieron la introducción en suelo europeo de las violentas técnicas de guerra coloniales. Un tipo de campañas militares sin líneas rojas. Los militares africanistas españoles, con Franco al frente de las operaciones, ordenarían el bombardeo de las comarcas mineras asturianas para sembrar el pánico y desmoralizar al movimiento obrero. La represión a la Comuna de Asturies sería el preludio de la tragedia que viviría toda España poco después. Lo peor estaba por llegar.

Portada del album franquista en honor de la Legión Cóndor, 1939.

De todos los crímenes de guerra cometidos por Franco y sus aliados internacionales ninguno tuvo la trascendencia y provocó una ola de indignación semejante a la que levantó la destrucción de Gernika. El 26 de abril de 1937 tenía lugar el bombardeo por parte de la aviación nazi y el 27 los corresponsales internacionales presentes en Bilbao, George Steer, Noel Monks y Mathieu Corman, informaban a sus respectivos medios de la atrocidad cometida por los aliados del bando sublevado. El 28 de abril el nombre de esta pequeña localidad se había hecho tristemente famoso en todo el mundo. La República supo jugar con habilidad la carta propagandística, y el director general de Bellas Artes, el comunista valenciano Josep Renau, encargaría al pintor malagueño Pablo Picaso un cuadro alusivo a la destrucción de la villa vasca para exponer en el pabellón español de la Exposición Internacional de París, del mes siguiente, y que ha inmortalizado uno de los sucesos más terribles de la Guerra Civil española.

“Los periódicos franquistas contrarrestaban las informaciones sobre el bombardeo con una rocambolesca historia de mineros asturianos y separatistas vascos”

El desprestigio internacional causado para el bando franquista por el bombardeo de Gernika trataría de ser contrarrestado con lo que hoy día llamaríamos fake news. Al contrario que otras matanzas, como la de la Plaza de Toros de Badajoz, en este caso el franquismo no admitiría los hechos, y trataría de desviar la atención con una versión alternativa de los hechos. Tampoco la Alemania nazi, cuya Legión Condor no participaba oficialmente en la guerra española, alardearía de una acción con la que probaba su aviación de cara al conflicto europeo que se avecinaba. El 29 de abril los periódicos franquistas contrarrestaban las informaciones sobre el bombardeo de Gernika con una rocambolesca historia sobre la destrucción de la villa a manos de comunistas y separatistas, con los mineros asturianos de por medio.

Una de las imágenes icónicas de la destrucción de Gernika.

El 28 de abril, Radio Castilla, emisora de la España franquista, desmentía las informaciones de la prensa internacional:

“No es la primera vez que miente Aguirre [presidente del Gobierno Vasco], mandarín de la república de Euzkadi. Aguirre ha declarado hoy que la aviación extranjera, al servicio de la España nacional ha bombardeado Guernica y la ha incendiado para herir a los vascos en lo más profundo de sus sentimientos. Miente Aguirre. Miente y él lo sabe. En primer término no hay aviación alemana ni extranjera en la España nacional…”.

La emisora franquista señalaba a los presuntos culpables del incendio y destrucción de la histórica localidad vasca, santuario de sus libertades y su autogobierno:

“Guernica no ha sido incendiada por nosotros. La España de Franco no incendia. La tea incendiaria es un monopolio de los que incendiaron Irún… junto a los gudaris, están los mineros asturianos, profesionales de la destrucción por la llama y la gasolina y la dinamita… Miente canalléscamente Aguirre porque nuestra aviación por el mal tiempo reinante, no pudo volar ayer…Vascos rendíos. Deponed las armas. Entregaros a la justicia de Franco, que es serena y noble…”.

Este tipo de informaciones serían una constante en los días siguientes en los medios de la España franquista, así como en la prensa internacional afín a los sublevados.

La prensa franquista insistiría en la teoría de los “mineros asturianos”.

¿Por qué el franquismo metía a los mineros asturianos en su relato sobre la destrucción de Gernika? Los mineros asturianos se habían convertido después de Octubre del 34 en sinónimo de la barbarie bolchevique en el imaginario de las derechas españolas. En el momento del bombardeo brigadas asturianas y santanderinas se habían desplazado al País Vasco para ayudar en su defensa. Entre estas tropas había un buen número de dinamiteros asturianos. No eran por lo tanto solo mineros, si bien estos tendrían un papel destacado en el frente vasco.

Milicianos asturianos. Foto: Constantino Suárez/Museo del Pueblo de Asturies.

La presencia de tropas asturianas en el País Vasco nunca había gustado demasiado al PNV. Para los nacionalistas vascos, que compartían buena parte del imaginario conservador con las derechas españolas, Asturies remitía a dinamita, revolución y ateísmo. Temían por tanto un contagio de la Asturies roja a un oasis vasco donde el PNV había dado un tono político muy moderado a la retaguardia. En el País Vasco no tendrían apenas lugar ni excesos anticlericales, ni contra personas derechistas, y se respetaría la propiedad privada de los industriales, incluso de algunos que eran enemigos declarados de la República y que aprovecharían la oportunidad para boicotear la producción bélica. Sin embargo, a pesar de los temores del PNV, las nacionalistas gobernaban Euskadi en coalición con las izquierdas vascas, republicanos, socialistas y comunistas, y finalmente no le quedaría más remedio que asumir la presencia de combatientes asturianos.

Portada del ABC.

José Ángel Extániz, del grupo de historia local Gernikazarra apunta que el día 28, en la retirada de las tropas antifascistas, un grupo de milicianos asturianos a su paso por Gernika destruiría los chalets de dos conocidos derechistas cuyas casas habían sobrevivido al bombardeo nazi. Sería una acción de represalia a petición de algunos vecinos de Gernika. A partir de ahí, explica Extaniz, el franquismo construiría la leyenda de los mineros asturianos que junto con el PNV habían incendiando el País Vasco. “Guernica, destruida por el fuego de los rojos” titulaba en un artículo el ABC, “Los marxistas destruyeron Guernica” diría La Nueva España, en mayo de 1937, haciéndose eco de una información publicada por el diario conservador francés Le Jour. Una leyenda que el franquismo propagaría a través de sus medios de comunicación, parte de la prensa internacional extranjera, y que sobreviviría mucho tiempo después de terminada la guerra. Todavía quienes en los años 90 visitaron el Museo Reina Sofía, que alberga el cuadro que ha inmortalizado el horror de la Guerra Civil, recordarán a un hombre mayor que asaltaba a los visitantes en la entrada de la pinacoteca con una pregunta retórica: “¿Quieren que les cuente la verdadera historia de Gernika y las mentiras de Picasso?”

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