Buen viaje, Mr. Radio

Carlos Novoa fue puro ingenio: tenía el talento de inventarse programas que siempre funcionaban y se llevaba a la audiencia de calle.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Se ha muerto mi compañero Carlos Novoa. Uno de los grandes locutores de la radio asturiana. Tenía un voz torrencial y cavernosa, hasta cierto punto arrogante, llena de brillo y un timbre que reverberaba ante el micro con majestuosidad y nobleza. Por la voz sabíamos que Carlos era un tipo inteligente, merengón y seductor, empeñado siempre en hacer de la radio una manera de entender la vida.

Mi camarada Monchi, otro grande de la comunicación, y yo lo llamábamos Mr. Radio. Como ha dicho en sus redes sociales: «no es que hiciese buenos programas, es que era LA RADIO». Junto a él, aprendimos a repararnos de los avatares del periodismo, a salir de un apuro en una conexión fallida, a escuchar y respetar al público y a los entrevistados. Novoa, bajo una sonrisa hermosa y triste, también nos enseñó a aceptar los desengaños del oficio que, como a todos nosotros, nos lo dio todo pero también nos maltrató dándonos esquinazo por otra más guapa, en cuanto podía. Novoa era un hombre que hacía redacción, de esos que están ahí, contigo, dispuestos a echarte un cable, a enseñarte cosas. Los tipos que le entregan a uno su herramienta de trabajo y te explican como utilizarla para ganarte los garbanzos están hechos de otro material. Te dan lo que son. Son imprescindibles. Son nuestra tradición.

“Por la voz sabíamos que Carlos era un tipo inteligente, merengón y seductor”

Mr. Radio fue puro ingenio. Tenía el talento de inventarse programas que siempre funcionaban y se llevaba a la audiencia de calle. El último fue de cocina en la RPA pero podía convertirse un magazine musical o una larga entrevista a las grandes voces del periodismo, según le viniera en gana. Podía hacer lo que le saliera de los cojones porque siempre lo hacía bien. Era una voz libérrima. Solíamos vernos en el estudio quince minutos antes de que entrara en antena, hace de esto dos veranos. En ocasiones, era capaz de hacer un par de horas de radio abocetando una escaleta sobre la servilleta de un bar. Se la entregaba a Juanito o a Kike, los técnicos de sonido, y todo comenzaba a funcionar. Quiere decirse que Novoa era una garantía siempre. Su improvisación estaba apuntalada por décadas de periodismo que lo convirtieron en un tipo infalible. Había trabajado en Antena 3, en Los Cuarenta Principales y en Radio Vetusta. Tenía un carisma extraordinario y ademanes de gran seductor. Su voz tenía valor de ley, como un José Sacristán de las ondas, siempre cómplice y honesta, dispuesta a aligerar la gravedad del día, al menos, durante una hora pegados ante el transistor.

Carlos Novoa y Víctor Guillot.

Me resulta imposible pensar que a aquel tipo corpulento que vivía con el instinto de un chaval, el corazón le haya jugado una mala pasada. Novoa merece todos los elogios del gremio y, sobre todo, de los oyentes. Le faltaban dos años para la jubilación y su retirada anticipada, cruel e inoportuna de la antena nunca tuvo justificación alguna. Habrá quien hoy lave su conciencia alabando su talento, pero no encontrará nada, tan solo silencio. Se va uno de los nuestros. Tenía cojones y era, sobre todo, un buen tipo. Descansa en paz, compadre. Te recordaremos siempre.

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