La AMSO, ¿una organización fallida?

Oviedo fue y vuelve a ser un territorio estratégico del sindicato minero para equilibrar la influencia y el peso político de los "renovadores" en Gijón

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Fue el propio Noam Chomsky quien acuñó el concepto de estado fallido en uno de sus libros más memorables donde reconocía, al mismo tiempo, que era «frustrantemente impreciso». Nuestro amigo Choms venía a identificar algunas características primarias de aquellos estados en el prólogo de su imponente libro, convertido hoy en un clásico del pensamiento político: la falta de capacidad para proteger a sus ciudadanos en primer lugar, el déficit democrático, en segundo. Pero el libro es también interesante hoy porque define cómo las instituciones democráticas son concebidas por la cultura de la élite y explica cómo funcionan en la realidad, fomentando la democracia en el extranjero como dándole forma en casa.

Si reconocemos que los partidos políticos son instituciones que conforman nuestra democracia como institución primordial y que, internamente, los propios partidos reproducen los órganos institucionales de los Estados, compuestos de órganos de gobierno y participación, de decisión y fiscalización de la conducta de sus bases y de sus élites políticas, podemos hacer un estudio análogo percibiendo cómo fomentan la democracia tanto en su casa como fuera de ella y qué intereses guardan o esconden tras ella.

El batallón de los ingenieros

A nadie se le escapa que el Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias se ha replegado en Oviedo en un intento por que nada se les escape después del varapalo que ha supuesto para la organización la pérdida del aparato en Gijón y Llanes. Al triunfo renovador se suma también el de Víctor Capdevila en el municipio de Parres. Primera lección: las viejas artimañas sindicales ya no son suficientes para garantizar su hegemonía. Segunda lección: las bases de la FSA reclaman un nuevo tipo de dirigente que aborde con racionalidad la participación, el carisma, la capacidad de influir en la toma de decisiones y que dote a sus agrupaciones de verdadero peso político. O sea, más democracia.

Así las cosas, una derrota del SOMA en Oviedo dejaría al sindicato muy cuestionado ante la ejecutiva federal de Pedro Sánchez. De manera que durante una larga semana, el batallón de ingenieros que integraron el llamado pozu moqueta se puso al servicio de la organización para embridar la AMSO. Lo que iba a ser una operación sencilla que cambiaría a Piñuela por otro candidato, se convirtió en una pequeña batalla en las que todos estaban dispuestos a no torcer su brazo. Ni el actual secretario, ni Rosana Prada, ingeniera de minas, ni Aquilino Díaz, otrora ingeniero de minas jubilado que también trabajó hace años en HUNOSA se iban a bajar de la burra. Un secretario gris, una mujer de gran ambición y un referencia muy lateral del javierismo arropada por viejas glorias como Alfredo Carreño, componían el mazo de naipes de la esfera AMSO. Quédense también con el nombre de Felipe González Coto, por supuesto, también ingeniero de minas y su peculiar relación con Rosana Prada.

“Las bases de la FSA reclaman un nuevo tipo de dirigente que aborde con racionalidad la participación”

Como dijimos anteriormente en otros artículos, el SOMA no sólo ha contado históricamente entre sus bases con barrenistas y picadores. Disponía y dispone de otro pozu intangible pero real que, con cierta sorna, algunos llamaron el pozu moqueta y que ha ocupado, sucesivamente, cargos en la dirección de HUNOSA. El SOMA también tiene su factoría de élites políticas dispuestas a estar y ocupar las posiciones el sindicato decidiera tomar en las consejerías de los diferentes gobiernos socialistas y otras instituciones. Algunos ex cargos del gobierno de Vicente Álvarez Areces aún recuerdan la relación que mantenían los ingenieros de minas y los de caminos: un duelo de señoritos.

A la vista de lo que sucedió en la AMSO esta semana, uno tendría la impresión de que ser ingeniero de minas es, poco menos que un requisito indispensable para ser candidato. Sin lugar a dudas, forma parte de la cosmogonía del SOMA. Como advertimos, si Piñuela no anunció su candidatura a la reelección fue porque algo o alguien se lo estaba impidiendo. Dos candidaturas más estaban convirtiendo un congreso, previsiblemente tranquilo hace unos meses, en un serio problema de egos en los que ha tenido que imponerse una pax somática gracias a una tercera candidatura de integración encabezada por Delia Alonso, actual delegada de gobierno.

“Uno tendría la impresión de que ser ingeniero de minas es, poco menos que un requisito indispensable para ser candidato”

Escandalizarse por el entrismo del SOMA en la AMSO será siempre una actitud hipócrita antes que ingenua. Como diría el prefecto Renault en Casablanca: «Qué escandalo, en esta lugar se juega». Sin embargo, aún nos queda cierto aliento moral, así que no podemos negar que resulta bastante desalentador observar cómo, lejos de activarse la ilusión de la militancia con la presentación de una propuesta rehabilitante de la organización en términos políticos, las candidaturas, incluida la última, esparcen nuevamente la grisura como una capa de mantequilla rancia untada sobre la tostada socialista asturiana. Todo eso puede ser cierto, pero no lo es menos que al SOMA, con su sentido patrimonial del partido, que la mantequilla sea fresca o sea rancia es lo que menos le importa. Lo fundamental es que la tostada siga siendo suya.

Que Alfredo Canteii se escandalice por el desplazamiento de la Facultad de Minas a Mieres podría ser entendido como un ejercicio de chovinismo ovetense expresado por el epítome del Oviedín del alma. Pero hay algo más profundamente simbólico en todo esto. La famosa operación Jaula que incorporó a AMSO al universo del SOMA supuso una primera alianza entre esos ingenieros de minas del SOMA y la rancia burguesía de la capital. Todos recuerdan la buena disposición que Gabino de Lorenzo, entonces alcalde de Oviedo, mantuvo siempre con José Ángel Fernández Villa para llegar a acuerdos. Para el SOMA, tener la AMSO fue siempre más importante que gobernar el Ayuntamiento de Oviedo. Recuerden: la tostada. Había que respetar un pacto entre “caballeros” que afianzaba dos poderes. Volvemos a nuestro amigo Choms porque esta era la forma en la que el SOMA concebía la cultura de las élites políticas desde la segunda mitad de los años 80 en la capital asturiana. Oviedo fue y vuelve a ser un territorio estratégico del sindicato minero para equilibrar la influencia y el peso político de los “renovadores” en Gijón. Mientras tanto, la ciudad duerme la siesta.

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