¿Por qué hay que frenar a Amazon?

El objetivo de las grandes tecnológicas es desarrollar un mecanismo cuasi-perfecto de influencia y manipulación: que compremos lo que desean, que votemos a quien nos digan, que visitemos los lugares que nos sugieren.

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Daniel Ripa
Daniel Ripa
Es psicólogo social y diputado de Podemos Asturies.

La expansión de Amazon suele ir acompañada de una sinfonía mediática de partidos, organizaciones empresariales y medios de comunicación. La propaganda de la empresa se reproduce sistemáticamente por todos esos agentes, apoyándose en un sentido común que no siempre es fácil contraponer. Por ello, es importante que sepamos entender los motivos principales por los que el crecimiento de Amazon no es una buena idea. 

Hay cuatro mensajes fuerza que se repiten de manera prácticamente universal en cada aterrizaje en un territorio de la compañía, como explicaba en mayor profundidad en otro artículo sobre el primer año de Amazon en Asturies. En el primero, señalan que “una de las mayores empresas del mundo se ha fijado en nosotros”, nos ha elegido entre todos los demás lugares de España, para montar una especie de Silicon Valley. Se olvidan de recordar que, con más de 30 centros de operaciones en la península, no es que esté eligiendo como ‘especiales’ unos territorios u otros, sino que está desplegando en todas las zonas de España centros y personal suficiente para sustituir al comercio de proximidad, en todas y cada una de esas áreas. El segundo argumento, tiene que ver con la generación de empleo. En territorios con dificultades de empleo y donde se deslocalizan más empresas de las que llegan, ¿quién va a oponerse a nuevos puestos de trabajo? Se suelen celebrar los nuevos empleos, hablando de una supuesta calidad de éstos, con sueldos de entre 1.200 y 1.600 euros (spoiler: eso no sucede posteriormente), intentando vincular a Amazon con un (falso) oasis de excelentes condiciones laborales (“váis a flipar”, apuntaba un líder del PP en el parlamento asturiano). El tercer argumento tiene que ver con la inevitabilidad de este proceso. El desarrollo tecnológico y la globalización llevaría al comercio por internet y al predominio de monopolios digitales. Ir contra Amazon sería, por tanto, ir contra los tiempos, instalarse en el pasado (“¿qué sois, amish?”, nos decía un destacado líder empresarial al plantearle dudas sobre el proyecto). El cuarto argumento se basa en la competencia con otros territorios, dada la ausencia de fronteras del mundo digital. Se diría lo siguiente: “mejor que compren a Amazon sí está situado aquí, a que compren y traigan los productos de la fábrica de Amazon en otra comunidad”. 

GWBPC Forum on Leadership. Photo by Grant Miller for the George W. Bush Presidential Center

A pesar de la propaganda, la llegada del gigante agrupa tres clases de problemas que hemos de ser capaces de trasladar. La competencia desleal sobre el comercio ya existente, el empeoramiento generalizado de las relaciones laborales y los riesgos de la digitalización y la expansión de monopolios en la economía. Expliquémoslo en detalle.

La cooptación de los gobiernos por Amazon pone barreras al resto de empresas

Ha habido alcaldesas de ciudades como París, Barcelona o Xixón que llegaron a decir “no compres en Amazon”. Lo decían porque la llegada de la compañía provoca una competencia desleal sobre el comercio local y sobre las grandes superficies y establecimientos en cadena (desde Mediamarkt, El Corte Inglés, Fnac, o cadenas de perfumería o de ropa, que bajo la nueva competencia aceleran también su digitalización y reducen su personal). A pesar de lo llamativo de las declaraciones de estas alcaldesas, eso no es lo habitual: los gobiernos suelen ser cooptados por la multinacional, que a su vez accede a una serie de facilidades, a una autopista administrativa. Y eso tiene efectos.

La competencia desleal se produce por cuatro mecanismos. Primero, la multinacional suele llegar en un contexto de ayudas y colaboración públicas a su implantación: suele obtener las parcelas a precios más bajos, recibe desgravaciones o rebajas fiscales en las tasas autonómicas o municipales, los tiempos de tramitación de las licencias son menores, cuenta con información privilegiada, le construyen infraestructuras ad hoc, etc. En el caso asturiano, incluso obtuvo un contrato donde la administración se comprometía a indemnizar económicamente a Amazon si la tramitación de las licencias y el comienzo de las obras se retrasaban más allá de tres meses. Pregunten a cualquier autónomo: Lo que para una empresa autóctona es ciencia ficción para esta empresa es el día a día. ¿Prosperaría más una compañía local si pudiera contar con la vía exprés en su relación con la administración que sí tiene Amazon? Téngalo por seguro. 

Solar previo a la instalación de Amazon en Bobes, Siero. Foto: Iván G. Fernández.

Segundo, sus mecanismos de ingeniería financiera y desvío de fondos a paraísos fiscales les permiten pagar menos impuestos por la realización de sus actividades y, por tanto, proporcionar los mismos productos que vende el comercio local a un precio menor. En 2020, pagó en impuestos en España solamente el 2,2% de su facturación total. Es más, la economía de escala en sus ventas al por mayor permiten rebajar aún más los precios y la cercanía física (y psicológica) tras su instalación les permite proveer servicios de reparto en el mismo día, e incluso entrar en el negocio de productos frescos de supermercados. Las ventajas competitivas son aún mayores debido a su capacidad de usar la información obtenida por la ingeniería de datos. Cada vez que compras, conocen la información de tus gustos y necesidades inmediatas y pueden adaptar a ellos las sugerencias de productos e influir en tu conducta en esa dirección, incrementando tu consumo. Por si fuera poco, su modelo de economía de plataforma facilita la externalización, subcontratación, falsos autónomos, falsas empresas y, por tanto, unos menores costes laborales. 

“Los gobiernos deberían explicar por qué comprar al comercio local favorece el empleo y comprar en comercio digital mediante empresas que deslocalizan beneficios es un riesgo para nuestra economía”

El tercer mecanismo de este problema de competencia desleal es que la publicidad gratuita de los gobiernos crea un caldo de cultivo donde comprar a los imperios digitales pasa a ser algo ‘cool’ y moderno. En un contexto donde la pandemia ha incrementado sustancialmente la compra por internet y modificado los hábitos de compra de la ciudadanía, los gobiernos deberían de estar alertando de los efectos perniciosos que esto tiene sobre el comercio de cercanía. Tendrían que impulsar campañas en favor del comercio local, promover circuitos de economía circular donde, por ejemplo, las ayudas sociales o las subvenciones tuvieran que gastarse en el comercio de cercanía. Al hablar sistemáticamente bien de Amazon y no insistir en que comprar a los de casa es la forma de defender los puestos de trabajo en el territorio, hacen de caballo de troya de esta compañía, lo que tiene efectos aún más perversos sobre el comercio local. El consumo es una acción humana mediada por las actitudes y hábitos de compra, que son influidos por la educación y políticas públicas. Por eso, los gobiernos, en definitiva, deberían de estar sistemáticamente explicando a la gente por qué si se compra al comercio local se favorece el empleo y por qué el comercio digital por medio de empresas que deslocalizan sus beneficios es un riesgo para nuestra economía. Pero, deslumbrados bajo los focos de Mr. Amazon, hacen exactamente lo contrario. 

Estrés y ansiedad en tiempos de Amazon: tu jefe es una aplicación

El segundo gran problema es el derivado del empeoramiento generalizado de las condiciones laborales. No es sólo que Amazon lidera los rankings de bajas y accidentes laborales, que su rotación es de las mayores del sector (su sistema de vigilancia continuada para incrementar el rendimiento lleva a los trabajadores a un estrés permanente) o que sus políticas antisindicales han sido denunciadas por Amnistía Internacional, sino que su influencia negativa se produce en el conjunto del sector donde está operando. Su praxis habitual implica el fomento de falsos autónomos por medio de la creación de empresas ficticias, promovidas por la propia compañía, cuyo cliente único es Amazon. Los salarios, por tanto, bajan y los falsos autónomos se incrementan en toda la provincia. Incluso nuestra empresa pública de mensajería, Correos, está sintiendo los efectos. La praxis habitual de la compañía de Jeff Bezos es la cesión ilegal de trabajadores: es decir, falsos autónomos que trabajan para empresas que en realidad son falsas empresas constituidas directamente por Amazon, como se ha demostrado judicialmente en Asturies. Evitan contratar con las grandes operadoras de reparto y mensajería que existían con anterioridad.

Fuente: Stock Catalog

¿Y cómo es el tipo de empleo generado directamente por la compañía? ¿Compensa el empleo perdido? Rotundamente no. La rotación media en los puestos de trabajo es muy alta (cambia el personal cada pocas semanas), los contratos no suelen llegar a las 30 horas semanales y el 90% del empleo generado es sin cualificar (algo, por otra parte, contraintuitivo, debido a que la ciudadanía relaciona a la firma de Jeff Bezos con empleo de alta calidad tecnológica).

Además, se destruye empleo neto. Se vende más con menos personal. El Economic Policy Institute, que analizó 295 centros logísticos de Amazon en ese país, concluyó que los puestos de trabajo creados se compensaban con los destruidos en el comercio y las pymes de los estados de acogida. En Francia ya conocemos los efectos negativos que provoca sobre el empleo y el comercio. Mounir Mahjoubi, exsecretario de Estado de la Economía Digital en el Gobierno de Macron, llegó a afirmar que por cada empleo que creaba Amazon destruía dos, y cifraba en 20.239 los empleos perdidos en el pequeño comercio francés. 

Finalmente, la supervisión (el control) de los trabajadores por medio de aplicaciones incrementa el estrés y los accidentes de trabajo, disuelve lazos colectivos entre la plantilla, dificulta el establecimiento de sindicatos y obliga a trabajar hasta el límite: fumar un cigarrillo o ir al baño pasa a estar monitorizado y ser causa de cese cuando llega el momento de la renovación quincenal. Tu jefe es ahora una aplicación informática. Así explicaba un trabajador la situación: “Amazon se basa en el control sobre las personas, en qué puesto de trabajo estás, en lo que estás produciendo, en los parones, en un estrés físico de control de la producción geolocalizada que lleva a que se generen muchísimos problemas de salud laboral y a que cada domingo te digan si al día siguiente vas a trabajar, con lo cual estás pendiente toda la semana de la producción”. También se ha denunciado espionaje a los trabajadores -como señaló Fátima Aguado de CCOO ante la UE.

Álvaro Viñes, exrepartidor de Amazon. Foto: David Aguilar Sánchez

Too big to fail: monopolio digital y batalla por la libertad

El tercer gran problema tiene que ver con el modelo económico. La llegada de Amazon supone la instauración de un monopolio en un sector estratégico (comercio), por una empresa que tiene un modelo de venta de puerta a puerta más intensivo en contaminación y movilidad, a la vez que un menor número de personal contratado y pago de impuestos. Usa menos personal y contamina más para hacer llegar los productos a los consumidores. En materia medioambiental, su huella de carbono anual en 2018 fue más alta que la de nueve de los 27 países de la Unión Europea, además de los residuos plásticos generados. ¿Cómo afecta eso al medio-ambiente y a la economía de un país? 

“Las economías de escala necesarias para entrar en el sector hacen imposible que cualquier otra plataforma tecnológica pudiera sustituir a Amazon en el futuro”

Por otra parte, controla los sistemas de obtención de datos, al ser el principal proveedor de la nube (Amazon Web Services, AWS), donde se alojan miles de empresas y administraciones públicas. Eso le permite conseguir información personalizada de personas y empresas y construir nuevos nichos de negocio, lo que a su vez acelera su posición monopolística. Si tu eres un comercio que vende un producto en Amazon y si lo que vendes es altamente rentable, es muy probable que la compañía de Bezos lo plagie y lo venda más barato en el futuro, expulsándote del mercado. Algunos dirán “es el mercado, amigos”, pero no es cierto: las economías de escala necesarias para entrar en el sector hacen imposible que cualquier otra plataforma tecnológica pudiera sustituir a Amazon en el futuro (a excepción de las big-5 tecnológicas). 

Centro Logístico de Amazon España en San Fernando de Henares (Madrid). Foto: Álvaro Ibáñez

¿Cómo afecta todo lo anterior a las relaciones de poder dentro de una sociedad? Lo explica Shoshana Zuboff en La era del capitalismo de la vigilancia. Nos encontramos ante un cambio ‘sin precedentes’, que no podemos explicarlo con nuestras ideas y conceptos anteriores. El problema no es solamente el monopolio o la pérdida de la privacidad, sino que va más allá: siete de las diez mayores empresas del mundo (Google, Facebook, Amazon, Apple, Alibaba, Tencent y Microsoft) han establecido un modelo de negocio que se basa en la extracción continuada de todo tipo de información sobre nosotros, en todos y cada uno de los espacios de nuestra vida (básicamente, todo lo que hacemos mientras estamos junto a un teléfono móvil, en un ordenador, cerca de una cámara de tráfico, lo que hacemos en la cama y con nuestros amigos, lo que alguna vez hemos buscado o leído en internet, lo que hemos dicho alguna vez a alguien). Ello constituye una materia prima (nuestra información) que es analizada por herramientas de análisis de datos y convertida en diversas estrategias de modificación de nuestras conductas en la vida real, a merced de los clientes que contraten esos servicios (desde información crediticia y de seguros, a influenciar nuestra compra de productos, a manipulación electoral). Repito: el objetivo es desarrollar un mecanismo cuasi-perfecto de influencia y manipulación. Que compremos lo que desean, que votemos a quien nos digan, que visitemos los lugares que nos sugieren (y obviemos el resto). Ninguna compañía asumirá ninguna responsabilidad por las consecuencias de la venta actual y futura y utilización posterior de nuestra información personal, on-line para la eternidad, pero obtendrán los beneficios derivados de ello. En este ámbito es donde se está jugando la batalla por la libertad individual, y no en las proclamas vacías de las derechas internacionales.

Actuar frente a Amazon es posible y urgente. El impacto laboral, fiscal, medioambiental y comercial será muy alto. Necesitamos didáctica, valentía política y una defensa del proteccionismo económico local, de unas condiciones laborales dignas, del respeto al medio ambiente, así como una explicación de cómo funciona la economía digital. Necesitamos acciones coordinadas antes de que sea demasiado tarde, con todo el aprendizaje acumulado en estos años. Porque poner una alfombra roja a este proceso afectará a la propia supervivencia de la democracia

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