El mayor astillero privado de España suspende en derechos laborales, seguridad y libertad sindical

Trabajadores y extrabajadores de Astilleros Armón denuncian la subcontratación de empleos, el incumplimiento de convenios y la falta de medidas de seguridad

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

El grupo asturiano Armón acaba de convertirse en el mayor astillero privado de España tras la adquisición, por 14,2 millones de euros, de las instalaciones del armador vigués Hijos de J. Barreras. De esta forma, la compañía que dirigen Laudelino Alperi y José Ramón Fernández, fundada en Navia en 1963, sumará un sexto astillero a los cinco que ya tiene en funcionamiento en Navia, Burela, Puerto de la Vega, Gijón y Vigo, donde a los 12.000 metros cuadrados de los que ya dispone la compañía se incorporarán otros 120.000. El dominio de Armón en el sector naval español es casi absoluto: según el Ministerio de Industria, diez de los once contratos que pusieron en vigor los astilleros españoles en el primer trimestre del año pertenecen al grupo asturiano.

Sin embargo, en su oferta de compra el grupo asturiano ha rechazado quedarse con el centenar de trabajadores que componen la plantilla del astillero vigués, y ya prepara un ERE de extinción para deshacerse de ellos. El grupo Armón dice necesitar solamente 20 empleados, “los necesarios para la preparación de las instalaciones e inicio de actividad”, según la empresa: siete para oficina, tres electricistas, tres para trabajar aceros, tres de producción y mantenimiento, uno para almacén, uno de compras y dos gruistas.

Los trabajadores vigueses ya han empezado a movilizarse, y este jueves celebraron una asamblea para decidir qué acciones tomar ante los despidos previstos. Un trabajador de Armón en Gijón, el “astillero sin sindicato”, se huele la jugada de la empresa: “Quieren deshacerse del sindicato, que allí en Vigo sí tienen, para quedarse solo con los veinte pelotas y enchufados. Y subcontratar todo lo demás”.

Astilleros Armón en Gijón FOTO: Iván G. Fernández

Empleos subcontratados y horas extra

Este trabajador, que prefiere ocultar su nombre por miedo a las represalias de la empresa, refrenda todo lo que contamos hace un año en NORTES sobre las condiciones de trabajo en el astillero: falta de medidas de seguridad, trabajadores subcontratados en malas condiciones y ambiente hostil a la organización sindical.

En el astillero gijonés de Armón, en las épocas de más encargos, trabajan en torno a 400 personas. Sin embargo, apenas 30 son empleados de Armón, siendo todos los demás subcontratados a terceras empresas, como Nervión Naval Offshore y otras. Cuentra este trabajador que “Nervión contrata a cuatro gatos de aquí, con contratos de obra y pagándoles una miseria, y después trae gente de fuera, de Portugal o de Rumanía, y les paga muchísimo más por el mismo trabajo”.

Asegura también que no se cumple con el convenio vigente, y que se hacen muchas más horas extra que el máximo estipulado en 80 anuales: “Hay gente que echa 30, 40 o hasta 60 horas extra en un mes”.

En abril de 2021, un trabajador eventual de Armón declaraba que “a cualquier voz que sobresalga un poco le echan a la calle. Ni siquiera los fijos se atreven a moverse”. La situación sigue igual a día de hoy, según informa otro empleado anónimo: “Hay cero representación sindical. Si intentas montar algo y moverte un poco, te echan a la calle. Es la ley del látigo y del miedo”.

“Poco nos pasa”

Tampoco las medidas de seguridad y prevención de accidentes han mejorado en estos meses. Cuatro trabajadores han muerto en nueve años en el astillero gijonés, “y no ponen remedio”. Dice este trabajador que la empresa “pone solo un bombero para un barco entero de 70 u 80 metros, que tiene que repasarlo él solo. Nos dan una formación en seguridad de 4 o 6 horas. Poco nos pasa para la poca seguridad y vigilancia que hay”.

Según este empleado de Armón, la dirección de la empresa hace todo lo posible para que los trabajadores no vayan a la mutua a recibir atención médica y, de esa forma, que no figuren oficialmente las lesiones y enfermedades derivadas del trabajo en el astillero. Cuenta una anécdota personal, y asegura haber conocido varias parecidas de otros compañeros: “Tuve que ir a sacarme una viruta del ojo y me cogí un día de baja. A la vuelta, me dijeron que no se reflejase como baja, sino como días de descanso”. De hecho, “hay un tío en el astillero que sabe sacar virutas del ojo, y allí mismo se ponen a hacerlo. Muy grave tiene que ser para que te dejen ir a la mutua”.

Recuerda que un compañero “tuvo una hernia por un golpe de una viga y la empresa le decía que era un golpe de casa, que no tenía que ir a la mutua, sino a la seguridad social. Tuvo que ir a juicio y todo para que la empresa admitiese que era una lesión de trabajo”. Otra historia: “Un compañero se rompió una pierna y lo sacaron en cuellos de debajo del barco. Luego lo montaron en una carretilla para sacarlo del astillero”. La ambulancia esperaba fuera. La dirección de la empresa no la había dejado entrar.

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