Paquito D´Rivera, la veteranía del latin jazz

El músico cubano abrió el Festival Vetusta & Jazz en el Teatro Campoamor

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Todavía consigue que las nota florezcan de su saxo alto con el virtuosismo de Charlie Parker y la fragilidad de Jhonne Hodges, conserva toda la membresía latina de Gato Barbieri y el sentido lúdico y divertido de Dizzy Gillespie. Son muchos paquitos en un sólo D´Rivera y los pudimos disfrutar todos en el concierto que abrió el Festival de Jazz de Oviedo en el teatro Campoamor el pasado martes.

El show se abrió con Nocturno de celda de Chopin y un Vals venezolano que firma el propio D´Rivera, toda una carta de presentación y casi un manifiesto del clasicismo que ha embarnecido los últimos trabajos de Paquito D´Rivera. Melodías sencillas, acompañadas del vibrafonista colombiano Sebastián Laverde, magistralmente acompañadas por el pianista Pepe Rivero, en ocasiones adaptaciones de piezas maestras de la música clásica firmadas por Mozart, como es el caso de alguno de sus adagios o el segundo movimiento de su concierto para clarinete que bien atacado, con un poco más de swing, se demuestra que es un blues. Se lo dijo un día a Winston Marsalis “Mozart no era austríaco. Nació en Nueva Orleans”.

El cartel de “no hay entradas” se colgó en las taquillas del Teatro Campoamor. Fotografía: David Aguilar Sánchez.

Fue un extranjero vestido como Sherlock Holmes quien se interesó por él en 1977 durante un viaje a La Habana. Se llamaba Dizzy Gillespie. Llegaron a tocar juntos. Entonces Gillespie, que había conocido al primer Miles Davis y al alucinado Parker, logró transmutar el sonido eléctrico del Bebop en otra cosa, algo realmente febril de sonoridades cubanas, y de cuya fascinación nacería una pieza maestra titulada Manteca. En el Campoamor, D´Rivera recordó a Gillespie, quien fallecería en 1993, con el tema A Night in Englewood.

Los 72 años de Paquito D´Rivera se expresan en una música menos explosiva, más melódica, si acaso, esto también sea la manera en la que un jazzman es capaz de afrontar la última etapa de su carrera. Acompañado de Ángela Cervantes, el sexteto interpreto dos boleros, el primero, Olas y arenas, firmado por Silvia Resach, y el segundo Alma adentro, firmado por Pepe Rivero. Hubo tiempo para ejecutar una nueva versión de Basstronaut, uno de los temas más emblemáticos del músico que abundan en su repertorio y sus discos, cuyos arreglos corrieron a cargo de su contrabajista Reinier Elizarde “El Negrón”.

Fotografía: David Aguilar Sánchez.

Lo cuenta en sus memorias Letters to Yeyito: Lessons from a life in music. Vos a que te dedicás, le preguntó el Che Guevara. -Soy músico. –No, vos no me entendés, lo que quiero decir es en qué trabajás. Fue su padre quien le instruyó en la literatura y la música, comprándole su primer saxo alto al que se uniría un clarinete para dar forma a uno de los músicos de jazz más veteranos que ha llegado a conocer a los grandes dioses del jazz y que forma parte, por derecho propio de su Olimpo.

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