“En Europa hay una generación joven que plantea futuros posibles más allá del capitalismo”

Marga Ferré, copresidenta de ‘Transform Europe!’, visita Mieres a propósito de la Escuela de Formación estatal de Izquierda Unida que se celebra en el concejo asturiano.

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Christian Ferreiro
Christian Ferreiro
Graduado en Filosofía por la Universidá d'Uviéu. Esperando ser docente de secundaria en un futuro no muy lejano.

Marga Ferré es copresidenta, junto a Cornelia Hildebrandt, de ‘Transform Europe!’, una red de fundaciones y asociaciones a nivel europeo que está vinculada al Partido de la Izquierda Europea, además de ser presidenta de la Fundación por la Europa de los Ciudadanos. Colabora en columnas de opinión de medios como Público, y también ha sido diputada en la Asamblea de Madrid por la candidatura de Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid. Marga Ferré visita este fin de semana Mieres, a propósito de la Escuela de Formación estatal de Izquierda Unida que se celebra en el concejo asturiano. En Nortes, hemos hablado con ella y le hemos preguntado por la Unión Europea, la guerra en Ucrania y la situación de las izquierdas europeas, entre otros temas.

Este fin de semana, se está celebrando en Mieres la Escuela de Formación estatal de IU, en la que tú misma participarás. Además, la coordinación corre a cargo de Juan Ponte, concejal en Mieres y responsable de formación de IU. ¿Qué destacarías de esta programación?

Juan Ponte es un buen amigo, y ha hecho un gran trabajo con esta Escuela de Formación. Es la segunda que organiza, después de la que tuvo lugar en Sevilla. Aquella vez tuvo mucha presencia la filosofía, y se planteaba cuestionar la idea de libertad para disputarla a la derecha, sobre todo a propósito de la campaña electoral de Ayuso en Madrid. Esta segunda escuela se plantea de manera diferente, de cara a las elecciones municipales de 2023, y la elección de Mieres como sede es perfecta. No solo por la importancia que tiene Asturias para la izquierda en general, sino para el municipalismo. En un momento en que hay pocas certezas para definir nuevos proyectos, la política pie a tierra, municipal, es clave. Las políticas pegadas al terreno para cambiar la vida de la gente me parecen fundamentales, y ha vuelto a cobrar una gran centralidad. Además, las ideas vuelven al territorio de la materialidad como forma de construcción política. Esta es la gran aportación de esta escuela, y hay que reconocerle a Juan Ponte el mérito por cómo la ha coordinado.

Marga Ferré. Foto: David Aguilar Sánchez

¿Cuál es el funcionamiento de ‘Transform Europe!’, la red que copresides? ¿Cuáles son sus objetivos principales?

‘Transform Europe!’ es una red de fundaciones y centros de pensamiento de izquierda. Está ligado oficialmente al Partido de la Izquierda europea, pero va más allá, ya que aglutina a 38 organizaciones de 23 países europeos, desde fundaciones y organizaciones sindicales hasta centros de estudios de gente joven con grandes dinámicas de pensamiento progresista alternativo, aunque no haya una estructura política que la sostenga. Intentamos trabajar de manera horizontal, impulsando proyectos que dinamicen el diálogo y el pensamiento crítico radical en Europa, desde seminarios, conferencias o escuelas, tanto a nivel nacional como trasnacional. Y con esto me refiero no solo a la Unión Europea, sino a países nórdicos o del este de Europa que no están dentro de la UE. Desde nuestro punto de vista, creemos que hay una dinámica de divergencia entre las formas de organización política de la izquierda y el pensamiento político. En Europa hay una generación joven que plantea futuros posibles más allá del capitalismo.

“La izquierda puede tener carácter nacionalista, pero no una forma nacionalista de entender el mundo”

Los análisis del capitalismo dejan claro que su forma de actuación es transnacional. ¿Qué papel pueden jugar instituciones como ‘Transform Europe!’ para articular acciones de izquierda desde un nivel transnacional?

Yo destacaría tres elementos: en primer lugar, la izquierda puede tener carácter nacionalista, pero no una forma nacionalista de entender el mundo, que es incompatible con la comprensión del capitalismo. Existen ejemplos de esto, como en los territorios coloniales, como América Latina, donde ha habido procesos de liberación nacional de lucha contra el imperialismo. En segundo lugar, está la cuestión de la Unión Europea, que lleva a cabo políticas que influyen directamente sobre la gente que vive, por ejemplo, en Mieres. Precisamente la población asturiana conoce muy bien lo que significaron los fondos de reconversión. Por esto mismo, debemos tener una forma de entender los cambios de modelo de producción, de consumo, de cambio climático, de feminismo en Europa lo más articulada posible. Creo firmemente que la izquierda o está unida o es más débil. En la medida en que podamos intercambiar ideas de tradiciones y países distintos, seremos más fuertes. Esta no es una opinión, sino una aseveración tajante. Cuando Marx dijo aquello de “proletarios de todos los países, uníos”, no era una licencia poética.

En España ha habido una tradición de izquierdas que ha mantenido cierta distancia con las instituciones de la UE. ¿Crees que el abordaje de la crisis de la Covid puede servir de ejemplo para vislumbrar una manera diferente de hacer política desde las instituciones europeas?

Creo que no. El problema de la UE es que no es una institución democrática. El Banco Central Europeo, que es el que decide las medidas económicas para los países miembros, no es una institución democrática. Sin embargo, no ha sido tanto la crisis de la Covid como la guerra de Ucrania la que ha sentenciado el proyecto neoliberal de la UE tal como se había diseñado. Este proyecto se asentaba sobre idea de que la seguridad europea dependiese de Washington a través de la OTAN, donde instituciones como la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, la OSCE, no ha tenido ninguna influencia. Tal como decía Alexis Tsipras recientemente, no somos capaces de medir las heridas que la UE tiene con el conflicto de Ucrania. Esto muestra el fracaso de un proyecto. Sin embargo, toda crisis te obliga a repensar el modelo que está fracasando, y tenemos que ser capaces de dar alternativas para nuestras sociedades del siglo XXI.

Marga Ferré. Foto: David Aguilar Sánchez

¿Cómo analizas la actuación de la UE respecto a la invasión rusa en Ucrania?

Por una parte, siento mucha tristeza por la situación, y por otro, estoy aterrada por el discurso bélico que la acompaña. Es terrorífico ver que, en muy poco tiempo, ha habido un retroceso en cómo entendemos nuestras sociedades de democracias y libertades. La invasión rusa de Ucrania es una invasión criminal, saltándose el derecho internacional. Pero también creo que la OTAN ha vuelto a cobrar vida, a pesar de que algunos de sus dirigentes habían considerado disolverla antes de la guerra. Y esta es una pésima noticia. No obstante, lo que más tristeza me genera es la frivolidad con la que los medios de comunicación se están tomando la muerte de seres humanos. Necesitamos revitalizar el movimiento pacifista en Europa, sobre todo en un país como el nuestro, donde siempre ha sido muy fuerte. Esta guerra solo finalizará con la negociación, y cuanto antes se haga, menos gente morirá. Y veo que esto no es una prioridad para el discurso bélico dominante, Gobierno de España incluido y el PSOE especialmente. Para el PSOE, el objetivo no es acabar la guerra, sino ganarle la guerra a Putin.

“Para el PSOE, el objetivo no es acabar la guerra, sino ganársela a Putin”

Estamos ante un momento álgido de las extremas derechas a nivel global. Parece que el mínimo común denominador es algo así como una “vuelta a la autonomía”, aunque solo sea discursivamente. ¿Cómo analizas esta situación? ¿Crees que está en la base de la crisis de UE?

Creo que necesitamos acudir a quienes mejor estudiaron este fenómeno: la Escuela de Frankfurt. Ellos analizaban el fenómeno del fascismo como algo indisoluble del capitalismo. La extrema derecha o el fascismo son fisiología del capitalismo. Desde 2008, el capitalismo ha necesitado imponerse de manera cada vez más violenta y autoritaria. Por ello, incluso le puede sobrar la democracia, las libertades sindicales, de información, los derechos laborales… El caso de Cambridge Analytica en el Brexit, con el papel de Steve Bannon, demuestra que son partidos muy organizados y que tienen un proyecto común cuyo fin último es la explotación humana. Un proyecto que no es propiamente nacionalista, sino que utilizan la identidad nacional para defender a las élites.

Hayek, uno de los teóricos clásicos del neoliberalismo, decía en uno de sus últimos libros que, hasta ahora, al capitalismo le ha servido la democracia, pero nada asegura que le vaya a seguir sirviendo en un futuro.

Toda la Escuela de Austria, así como los llamados Chicago Boys, en el fondo, defienden esa idea. Un claro ejemplo han sido las dictaduras en América Latina, donde el neoliberalismo se impuso mediante sangre y fuego, como fue el caso de Chile. En realidad, los neoliberales hacen una justificación moral del capitalismo que nada tiene que ver con la política. Según ellos, el capitalismo responde mejor a la naturaleza humana, a pesar de que no definen qué es la naturaleza humana, pero les da igual. Es una forma más de justificar la explotación.

Marga Ferré. Foto: David Aguilar Sánchez

Jean-Luc Mélenchon se quedó muy cerca de pasar a segunda vuelta en las pasadas elecciones presidenciales en Francia. Sin embargo, ha logrado aglutinar un frente común de las izquierdas para las próximas elecciones legislativas. ¿Cómo lo has seguido estos últimos meses?

Desde ‘Transform Europe!’ lo hemos seguido mucho, ya que tanto la fundación de La France insoumise como dos fundaciones del Partido Comunista Francés son parte de nuestra red y han organizado seminarios en torno a esta cuestión. La situación en Francia es muy compleja, ya que el hecho de que el 43% de la población haya votado a la extrema derecha de Marine Le Pen es un fenómeno a estudiar, aunque no debemos acusar moralmente a la gente por ello. No hay un 43% de fascistas en Francia, sino que es más complejo. De cara a las elecciones legislativas, como ya has señalado, debemos atender a la nueva noticia de la Nouvelle Union Populaire écologique et sociale, la candidatura de unidad de la izquierda en torno a la figura de Jean-Luc Mélenchon. Además, esto sucede mientras la extrema derecha se presenta dividida y Macron llega desgastado tras las elecciones presidenciales, a pesar de haber logrado la victoria. Por tanto, hay una posibilidad real de que la Union Populaire sea la candidatura más votada en Francia y se abra una vía muy importante para las clases populares y trabajadoras. Es una gran oportunidad para el proyecto europeo de izquierdas, y me ha alegrado mucho el discurso progresista y pacifista que ha planteado Mélenchon.

Esta situación contrasta con Alemania, donde se ha incrementado en 100.000 millones de euros el gasto militar.

Hay una parte del pueblo alemán que tiene un fuerte componente pacifista y que es muy consciente del terrorífico papel histórico que jugó su país durante el siglo XX. Este gasto militar es una pésima noticia, no solo para Alemania, sino para todos. Al igual que si Finlandia y Suecia entran finalmente en la OTAN. Son noticias pésimas. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, tengo confianza en que el movimiento pacifista se reactive. Un poco de sensatez no nos vendría nada mal.

En los últimos días, tal como informaba El Periódico de España, las personas del círculo próximo de Yolanda Díaz han registrado ante el Ministerio del Interior la asociación ‘Sumar’, con la que parece que comenzará su “proceso de escucha” tras las elecciones andaluzas. ¿Qué opinas de este proyecto? ¿Qué forma crees que debería adoptar?

Tengo mucho aprecio por Yolanda, y lo que está haciendo en el Ministerio de Trabajo es histórico. Además, por eso mismo es una buena cabeza tanto de cartel como organizadora para plantear un proyecto aglutinador en España, así que cuenta con todo mi apoyo. Dicho esto, a nivel personal, he reflexionado sobre las formas de construcción colectiva por parte de la izquierda, como son la Union Populaire en Francia de la que ya hemos hablado, o los procesos en Chile. Creo que en España debemos reflexionar sobre la forma de organización en red, no jerárquica, con mucha habla y mucha escucha, con normas que garanticen las participaciones democráticas, que son formas mejores de construcción que otras en torno a un solo liderazgo y desde arriba. Me parece importante aprovechar este momento histórico para crear esa forma neuronal de red, sobre todo en un país tan diverso como el nuestro. Y esto debería hacerse en unidad en torno a un programa, como diría Anguita, con una diversidad que debe estar garantizada. Estamos ante una gran oportunidad para ello, y aquí me tienen para empujar en lo que haga falta.

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