Gijón, una derecha jugando a la ofensiva

Aunque los tres partidos de derechas actúen de una manera disgregada, saben que están interconectados por una placenta de orden social que crece y se endurece.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

El PSOE no tiene tan claro que la victoria de la izquierda esté asegurada en las próximas elecciones de Gijón. No sólo porque, siendo optimistas, pierda un concejal. Se asume que el bloque de los tres partidos se dejará, al menos, otro más en la gatera. Y eso suman dos concejales que pasarían indefectiblemente a la bancada de la derecha, como consecuencia de la abstención que planea entre los votantes de la izquierda. Afianzar una alianza política de los tres partidos será, pues, el objetivo principal de los socialistas, en lo que resta de mandato, tras acometer una conferencia política que determine los nuevos retos políticos a los que la organización se ha encomendado desde que José Ramón García fuese elegido nuevo secretario de la Agrupación Socialista. Pero hay más tareas: examinar la gestión del mandato anterior, determinar responsabilidades en la gestión y medir con rigor la gravedad de la avería que el parón municipal de estos últimos cuatro años deja en la intención de voto de los gijoneses.

Llegar a esa campaña con tres fuerzas orgánicamente consolidadas, con todos los planteamientos de la ciudad definidos y un futuro que no admita ambigüedades, permitiría encarar las elecciones de 2023 con más garantías de éxito que de fracaso. La izquierda necesita ilusión y certezas y, ciertamente, el PSOE afronta la posibilidad de proponer otro candidato en Gijón, lo que no dejaría de ser, además, bastante esperanzador, si los pronósticos no dejan la menor duda de un fracaso rotundo con Ana González.

“el PSOE afronta la posibilidad de proponer otro candidato en Gijón”

En IU y Podemos la incertidumbre adquiere otro calado. Cada organización tiene un genotipo diferente y exige soluciones distintas. La incorporación de Nuria Rodríguez, actual diputada en la Junta del Principado, a la dirección de la formación local exigirá saber con bastante antelación cuál será su política de alianzas, el grado de compromiso en un gobierno municipal tripartito y qué grado de complicidad entre sus máximos dirigentes estarán dispuestos a construir con los otros dos partidos. Laura Tuero, Alejandra Tejón y Rodríguez deben, como el PSOE, consolidar una propuesta clara que fortalezca la unidad interna para poder responder a las expectativas de ese bloque, al tiempo que a los dirigentes de IU les convendría saber lo antes posible quién será su cabeza de cartel y cómo permeará el proyecto de Yolanda Díaz en la política municipal y autonómica de su organización. Los síntomas de división interna de orden nacional propiciados dentro y fuera de Podemos e IU respectivamente, en torno a ese proyecto, serán determinantes para saber qué sucederá también en Gijón. Surfear sin olas es el ocio de los dioses y no suele conducir a nada.

Infografía del proyecto para el Muro de Xixón.

La derecha también surfea una nueva ola y en Gijón está movilizada. 48.000 euros de aval que aseguren la ejecución de la sentencia que borre el cascayu del paseo del Muro ponen de manifiesto que se está articulando otro bloque que no necesita ni de acuerdos ni de puestas en escena para llegar a sumar 14 concejales, inclinando la balanza del gobierno a favor de un bloque de derechas que incluiría a PP, Foro y Vox, alimentados con los restos de un cadáver que ni el carisma de Sarasola lograría revivir. Se trata de una derecha que está leyendo el momento político de la ciudad, activando a las fuerzas vivas, poniendo al día la brillantina y adaptada a los nuevos usos culturales, hastiada de escuchar propuestas financiadas por la Unión Europea que no logran a materializarse.

La nueva derecha, que es la de siempre, esta vez sí se está articulándose en una nueva trama social en la que el asociacionismo vecinal empieza a tomar otra naturaleza y sigue un mapa de ruta paralelo y diferente al de la Federación de Asociaciones de Vecinos liderado por Cañete. Stop Muro tomó acciones judiciales y logró que una jueza de lo contencioso administrativo fallara la restitución de la circulación del tráfico rodado en la playa, poniendo en jaque uno de los proyectos más luminosos del Ayuntamiento y, especialmente, de Aurelio Martín, su concejal de movilidad. En el pleno de ayer, el edil de Obras Públicas, el socialista Olmo Ron, confirmaba que no se llevará a cabo ninguna obra en el Muro de San Lorenzo hasta que el TSJA ratifique la sentencia. Mini punto para la derecha.

Esta nueva derecha, nacida para reaccionar a asuntos concretos, parece haber logrado el respaldo de la vieja burguesía gijonesa. Quiere decirse que no se discute si lograrán o no ese aval. Tan solo cuántos días tardarán en presentarlo y quién pondrá la pasta. Se hacen apuestas. La izquierda ecologista y, sobre todo, aquella que no desea que haya un gobierno en Gijón con Vox en el equipo titular, espera una reacción política del bloque de la izquierda.

Decíamos que la derecha está sabiendo leer el momento político ¿Y cuál es ese momento? Todo gobierno, incluido el de Pedro Sánchez, sufre un desgaste. La ola Sanchez aupó no solo a Pedro el Resiliente hasta La Moncloa, sino que consiguió, subidos a esa ola, que algunos presidentes autonómicos como Barbón y algunos alcaldes, como Ana González, lograran ocupar su mando en plaza. Pero cuatro años después, la ola llega a la costa con menos fuerza que nunca. Su legislatura se sostiene en una cumbre de la OTAN y la presidencia de la UE. Como afirmaba en Nortes el ex portavoz de ERC Joan Tardá, la legislatura está rota.

Un ejemplo muy sintomático del declive de la ola sanchista son las intervenciones de Adrián Barbón en la Junta del Principado. El Presidente cita recurrentemente más a Alberto Núñez Feijóo en sus réplicas a Teresa Mallada, presidenta del PP, durante las melancólicas sesiones de control al gobierno, que a su propio presidente, Pedro Sánchez. Nadie mejor que Barbón para facilitar la campaña política de Núñez Feijóo en Asturias cuando se celebren elecciones generales. Barbón, a su manera, también está leyendo este tiempo en una perspectiva que le impele a tomar cierta distancia de Madrid abrazándose al populismo de Revilla o al pragmatismo del presidente del PP, cuya figura, por cierto, se desdibuja día a día, un poco más.

Así las cosas, la política gijonesa se definirá por bloques. A un año escaso, en los próximos cinco meses empezarán a definirse estrategias. Aunque los tres partidos de derechas actúen de una manera disgregada, saben que están interconectados por una placenta de orden social que crece y se endurece a medida que aumenta el descontento hacia Ana González. Al otro lado del ring, el bloque de la izquierda necesita revisar y consolidar liderazgos y hegemonías sociales para articular una movilización ciudadana que ponga en valor la unidad y el compromiso de las tres organizaciones para generar un antídoto contra el abstencionismo. El objetivo no es solo ganar. Se trata de evitar que la ultraderecha gobierne la ciudad.

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