Las fiestas ovetenses, en peligro, al pedirles más medidas de seguridad y por demoras en las licencias

"El gobierno nos pide un desfibrilador por cada 750 personas, ambulancia por cada 1.000 y controlar la entrada a todo el recinto", lamentan las asociaciones

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Andrés Illescas
Andrés Illescas
Es periodista.

Las asociaciones que organizan las fiestas de Oviedo viven sumidas en la incertidumbre desde hace varios años. Esa sensación se agudizó en la jornada de ayer, tras una reunión con el gobierno bipartito (PP y Cs) local, en la que se les explicó que deberán cumplir con medidas de seguridad como “poner un desfibrilador en eventos de 750 personas, una ambulancia en los de 1.000 y controlar los accesos a los recintos para evitar botellones, lo que en muchos casos pasará por tener que vallarlos”. A cambio, el Ayuntamiento se comprometió a eliminar la tramitación de las licencias de los festejos, expidiéndolas, únicamente, con una declaración responsable firmada por un técnico.

No acaban de convencer los planteamientos municipales a buena parte de las asociaciones. Así lo explica Manuel Almeida, presidente del colectivo Oviedo Redondo, que ha venido sufriendo buena parte de los problemas burocráticos clásicos de la capital del Principado. Según relata, cada año recibe las licencias “un par de horas antes de que empiece la programación de la fiesta, porque a los técnicos no les da tiempo, aunque presentamos los papeles hasta seis meses antes”.

Una tensión que hace que los técnicos que deben firmar los proyectos no quieran saber nada: “Nos cuesta cada vez más, porque los requisitos que se les exigen no tienen lógica, no son de su competencia”.

De hecho, Oviedo Redondo no pudo colocar carpa en las últimas fiestas que organizó porque el permiso para meter un camión por el antiguo, no llegó a tiempo: “Eso nos destrozó. Hicimos las fiestas sin techo, llovió casi todo el tiempo y no pudimos sacar nada para compensar los costes”, concluye Almeida.

Situaciones similares han vivido el resto de asociaciones que organizan festejos en el concejo capitalino. Ayer, acudían al Consistorio con la esperanza de que sus súplicas fueran escuchadas y, las sensaciones, al menos de mano, no fueron especialmente buenas.

“Llegamos y, en vez de hablarse de los temas que nos preocupan, nos empiezan planteando que van a ser más rigurosos con ciertas normas de seguridad”, explican los asistentes. “Piden un desfibrilador por cada 750 personas, una ambulancia por 1.000 y que se controle el recinto para evitar el botellón, lo que en muchos casos pasará por tener que vallar”, concreta Almeida.

Entienden los organizadores la cuestión de la seguridad, pero lamentan los “enormes” costes que puede tener vallar determinados recintos. “Somos los primeros a los que nos interesa frenar el botellón. Nosotros con las fiestas perdemos dinero y solo podemos compensar un poco con las ventas en nuestras barras”, apostillan.

Frente a las nuevas exigencias, la promesa de facilitar las licencias, aunque la fórmula tampoco haya sido comprendida del todo por los participantes en la reunión. “Nos hablaron de hacer un expediente único, dando el permiso solo con una declaración responsable firmada por un técnico. La cosa no quedó muy clara”, resume Almeida.

La realidad es que, este mismo fin de semana, los tres festejos que se celebran en el municipio, no contaban con los permisos en la tarde de ayer, jueves.

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