La posibilidad de un Oviedo cosmorrural

La recuperación de la fábrica de La Vega y el anillo verde en torno a la ciudad son dos proyectos clave que podrían cambiarlo todo para siempre en la capital asturiana.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Esta semana han coincidido en Oviedo dos asuntos aparentemente nada relacionados. Por un lado la impresionante Semana del Arte en la Fábrica de La Vega. Por otro, las movilizaciones, cada vez más nutridas, contra la construcción de la Ronda Norte, una autovía de ocho kilómetros y seis carriles, que supondría una barrera de hormigón y asfalto entre la ciudad y el monte Naranco, destrozando el entorno de varias zonas verdes de mucho uso, así como del tramo del Camino de Santiago comprendido entre La Florida y San Claudio.

¿Qué tienen que ver sin embargo lo uno con lo otro? Mucho. Y es que tanto la recuperación de esa ciudad dentro de la ciudad que es la fábrica de La Vega, como la unión de todo el anillo rural ovetense, a través de caminos peatonales y ciclables, serían la cara y la cruz de eso que podríamos llamar un Oviedo cosmorrual. Un Oviedo, a su escala, con lo mejor del cosmpolitismo urbano, y al mismo tiempo con la posibilidad de disfrutar en casi todo su perímetro de la enorme cercanía que tiene a la naturaleza y lo rural. No se trata de descubrir la pólvora sino de seguir el camino que han seguido hace décadas ciudades como Santiago de Compostela, Vitoria-Gasteiz o la alemana Friburgo, reconocida a nivel internacional como un modelo de sostenibilidad urbana.

El Río Nalón a su paso por Las Caldas, Oviedo. Foto: Iván G. Fernández

Oviedo tiene las dimensiones idóneas para seguir el ejemplo de esas y otras ciudades de nuestro entorno. Con una población de 220.000 habitantes, podría ser capaz de conjugar toda la potencialidad social, cultural y económica de ser capital autonómica y ciudad universitaria, con esa otra potencialidad que es su zona rural. Jaime Izquierdo, comisionado del Gobierno asturiano para el Reto Demográfico, lo llama “la ciudad agropolitana”. Una ciudad mediana, rodeada de un medio rural capaz de producir parte de los alimentos que consumen los habitantes de la urbe.

Un momento de la marcha en defensa del Naranco. Foto: Alisa Guerrero.

La construcción de la Ronda Norte echaría sin embargo por tierra esos planes agropolitanos que ha teorizado con tanto acierto Izquierdo, y que incluirían por ejemplo el pastoreo en el monte Naranco, ya que además de funcionar como barrera entre Oviedo y su medio rural y natural, consumiría una gran cantidad de territorio, aumentaría la contaminación acústica, y sobre todo, serían la más que probable avanzadilla de una urbanización de toda la ladera de la montaña.

“La construcción de la Ronda Norte echaría por tierra esos planes agropolitanos”

Son contradicciones entre la letra y la música que el Gobierno de Adrián Barbón no parece muy preocupado por resolver. Ya que si Izquierdo dice una cosa por la línea 1, Alejandro Calvo dice otra muy distinta por la línea 2. Y la opinión de este segundo, ya lo sabemos, es la que realmente importa. Las ideas de movilidad del consejero de Infraestructuras, firme defensor de la autovía del Naranco, están más cerca de Canteli y Vox, que de las recomendaciones urbanísticas de la Unión Europea, o de las contenidas en el propio Plan para la Movilidad Multimodal en el Área Metropolitana del Principado de Asturias 2018-2030, que propone una serie de medidas muy concretas para reducir progresivamente la movilidad motorizada en la zonal central asturiana. Ninguna es la construcción de una nueva infraestructura pensada para el coche.

Una de las obras expuestas en la Semana del Arte Profesional en La Vega. Foto: Alisa Guerrero

La otra cara de esa ciudad cosmorrural está en La Vega. Cada vez que se abre la fábrica, y ya llevamos muchas, los visitantes descubren un tesoro oculto que no puede ser destruido por la voracidad de la especulación inmobiliaria. Pocas ciudades españolas tienen un patrimonio tan rico como el ovetense, que vaya desde la Alta Edad Media, con los monumentos prerrománicos, hasta la revolución industrial, con las fábricas de Gas y de La Vega. Su abandono y maltrato, con decisiones tan incomprensibles como la de no peatonalizar la calle Paraíso, que alberga el último gran trozo de la muralla medieval, es una muestra más de la ausencia de visión estratégica de un alcalde empeñado en ser una suerte de nuevo Gabino de Lorenzo, pero en una coyuntura económica mucho más desfavorable, y con un carisma bastante menor que el de su predecesor en el cargo.

Santuyano visto desde La Vega, con el Naranco al fondo. Foto: Alisa Guerrero.

En La Vega, cuya programación se ha mimado desde una concejalía de Cultura que va por libre dentro del gobierno PP-Cs, está el futuro de Oviedo, que vive desde hace ya unos cuantos años un momento dulce en materia cultural, tras una primera década del siglo XXI en el que la capitalidad cultural asturiana se había trasladado de facto a Gijón.

La Vega es tan grande que puede albergar infinidad de usos sin que estos entren en colisión entre ellos. Hay espacio para todo. Desde cultura a I + D y empresas, pasando por hostelería, turismo, ferias o equipamientos públicos. Su recuperación e integración en la trama urbana, al estilo de lo que fue la exitosa reconversión del cuartel del Milán en campus universitario, como explicaba Manuel Maurín recientemente en Nortes, podría cambiar para siempre la capital asturiana. Ahí la eliminación de la autopista y su sustitución por el Bulevar de Santuyano, paralizado por el bipartito, es clave.

Las presiones del sector inmbiliario para reducir al mínimo lo que se conserve de este histórico recinto industrial, llevan tiempo operando. También emitiendo señales cada vez más audibles. La ciudadanía deberá estar atenta y organizarse, tal y como lo está haciendo para salvar al Naranco. En Nortes vamos a poner nombres y apellidos a quienes quieren hacer caja con lo común.

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