Cambio de paradigma en Andalucía

Tan solo una cumbre de la OTAN y la presidencia rotatoria de la UE sostienen a un Pedro Sánchez que gobierna en el día a día, sin agenda a medio plazo.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Una noche dramática. Firmaban por conseguir 33 escaños y se han quedado en 31 y una mayoría absoluta de Juan Manuel Moreno Bonilla que es el alivio de todos, mal que nos pese. Un resultado histórico para el PP en Andalucía. 57 escaños que le otorgan una mayoría absolutísima que convierte a la comunidad autónoma en la gran marca de la derecha española, por encima de la que existía en Madrid o Galicia.

Moreno Bonilla ha antepuesto su nombre al de sus siglas, el verde al azul y ha transmutado el viejo lenguaje de señorito andaluz en un discurso político moderado y transversal. El PP es hoy el partido que más se parece a Andalucía, aunque no nos guste. Posiblemente sea el último presidente confirmado en su cargo por los votantes después de haber gestionado la crisis sanitaria derivada de la pandemia. El PSOE andaluz solo gana desde el poder. Ni Juan Espadas era un buen candidato ni las siglas supieron proponer un proyecto creíble. Toda la gestión se compadecía de las ayudas de un gobierno español que vive sus horas más bajas. El resto de la izquierda ha quedado reducida a una anécdota. Será muy difícil refundar nada.

“El PP es hoy el partido que más se parece a Andalucía”

Todos los votantes de Ciudadanos y algún descontento del sanchismo han seguido el consejo del presidente andaluz. Si no quieren que gobierne Vox en Andalucía, vótenme a mi. Y todos le han votado. Vox no estará en el gobierno, no entrará en la ecuación. La candidata Olona ha sido un previsible bluf con su andalucismo impostado y su fascismo desbocado. Sin embargo, lo que ha calado en la conciencia del votante que ha huido despavorido de caer en esa tentación, es lo que está sucediendo en otro reino del norte. El presidente Mañueco ha dejado de ser un presidente y se ha convertido en un bombero que día sí, día también, se dedica a apagar los incendios provocados por su vicepresidente. Lo único positivo que encontramos en esta aplastante victoria es el muro de contención que el PP ha levantado ante la ultraderecha y el populismo de Ayuso. Lo demás serán todo privatizaciones.

Juanma Moreno Bonilla en el Rocío. Foto: PP Andalucía

El PP ha ganado en las 8 provincias de la comunidad. Se confirma que la provincia de Sevilla, el cuartel del socialismo andaluz, ya no es una máquina infalible de votos. Ha caído mientras Málaga se transforma en el faro del neoliberalismo que impone otra manera de hacer política en Andalucía.

En Ferraz se habla de salvar al soldado Sánchez. Las consecuencias políticas no son nada halagüeñas. Tan solo una cumbre de la OTAN y la presidencia rotatoria de la UE sostienen al presidente que gobierna en el día a día porque no es capaz de desarrollar una agenda con objetivos claros que albergue, al menos, tres o cuatro certidumbres en el medio plazo. El sanchismo se deshincha y, por el momento, tampoco se atisba alternativa. Se diría que es un presidente cada día más arrinconado, movido por sucesivas derrotas: Galicia, Madrid, Castilla y León y ahora Andalucía.

Coda: Ayer en el especial de TVE dedicado a las elecciones andaluzas, Barbón sacó fuste de su talante conciliador. Reivindicó el acuerdo, el consenso, y en particular, su buena relación con Canteli, el alcalde de Oviedo. El presidente asturiano no es que se haya apartado de Pedro Sánchez, es que ya está tanteando a la derecha para cuando le llegue a él también su San Martín. Estaremos atentos.

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