¿El voto útil contra Vox era votar al PP?

Evitar una guerra civil de la izquierda tras el fracaso de Andalucía es la primera obligación moral: dejen a Yolanda trabajar, hagan una tregua.

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Daniel Ripa
Daniel Ripa
Es psicólogo social y diputado de Podemos Asturies.

El PP obtiene mayoría absoluta, con 58 diputados. El PSOE saca los peores resultados de su historia, con 30 escaños. Vox pincha su globo y se queda con 14, bajando desde las elecciones generales. Ciudadanos desaparece. Por Andalucía (Podemos-IU-Más País) saca 5 diputados y grupo parlamentario, y el Adelante Andalucía de Teresa Rodríguez estará en el Parlamento. Mientras, Ciudadanos y la izquierda celebran los resultados del PP por haber frenado a Vox. Imbuidos en un clima de depresión, miremos a Francia y Colombia: lejos de un cierre de ciclo político, tenemos horizontes y oportunidades ante nosotros y nosotras. Si no salimos de nuestra esquina política, la mayoría absoluta de Moreno de hoy será la de Feijóo dentro de un año.

El miedo a Vox y el deseo de evitar a cualquier precio que gobernase la ultraderecha nos llevó a un lugar inesperado: el voto más útil para frenar a Vox fue darle directamente la mayoría absoluta al PP.  El PP le dijo al PSOE: si quieren evitar que entre Vox a gobernar, denme a mí la mayoría absoluta, como hace tres meses había hecho Macron en Francia. Y así fue.

También hay novedades en el discurso territorial de los populares. El PP de Feijóo ya ha abrazado el autonomismo. Se adaptará en cada territorio: nacionalistas madrileños en Madrid, galleguistas en Galicia y andalucistas en Andalucía. No es extraño que Moreno cambiase el color azul por el verde durante la campaña y saliera ondeando la bandera verdiblanca en su discurso de victoria. 

Barones socialistas en Córdoba junto a Juan Espadas. Foto: Twitter de Juan Espadas.

Hay algo de mayor profundidad. Existe un cambio cultural, sociológico, que lo explica la última encuesta del CIS, donde los andaluces declaraban parecerse más al PP que al PSOE. No percibieron ninguna excepcionalidad en el acceso de Moreno al gobierno, pese al enfado de un PSOE aún lastrado por la corrupción de sus antecesores. El Estado social andaluz no se vino abajo, y, paradójicamente, los datos de empleo favorables del gobierno central los rentabilizan también los líderes autonómicos de la derecha. Pero hay otra cosa más grave. El sentido común (rebajas de impuestos, simplificación administrativa, defensa del medio rural, apoyo a las empresas, centrarse más en el empleo que en guerras culturales) está girando hacia la derecha y el PP está recogiendo ese trabajo que abren tertulianos, portadas de periódicos y mensajes en los grupos de whatsapp.

Golpe moral, que no electoral

Vox sufre su primer golpe moral, más que electoral. Vox no ha tomado el cielo por asalto. Vendrán sus dudas. Hoy apenas mejora los resultados que logró en su primera incursión institucional en el 2018 y se pega un ‘macarenazo’ en comparación con los resultados de las pasadas elecciones generales. Intentaron convencer de que el mayor problema de Andalucía era la “ideología de género” y la masturbación infantil, mientras Moreno hablaba de los problemas de la gente.

“Sánchez ya no suma votos”

El PSOE empeora los desastrosos resultados de hace 4 años, obtenidos por Susana Díaz. No es un gran cambio electoral, pero sí que supone un tremendo golpe moral. Sin redes clientelares que sostengan su estructura, los socialistas andaluces sufren. Más preocupante que eso es que Sánchez ya no suma votos. Quien fue un icono rojo, ha perdido valores que vender e hitos de gestión que agitar.

La izquierda vuelve al punto de partida

Tras la dolorosa ruptura del grupo parlamentario, la expulsión del sector anticapitalista y la conversión de Andalucía en centro de las batallas que se estaban produciendo en Madrid, Adelante Andalucía seguirá en el parlamento con dos diputados. No hubiera sido posible sin la raza, ética y valentía de Teresa Rodríguez, una de las líderes más reconocidas en Andalucía. Se abre un espacio andalucista progresista, construido sin apenas medios y en una situación muy adversa, pero se queda muy lejos del desborde. A día de hoy, sólo Murcia, Extremadura (aunque hay una diputada de Extremeños en Unidas por Extremadura), Castilla La Mancha y La Rioja no cuentan con algún partido de ámbito autonómico en sus parlamentos. Todo parece indicar que el espacio de Teresa Rodríguez competirá también en las siguientes elecciones generales. Será labor de Yolanda Díaz, Ione Belarra y Alberto Garzón el buscar el reconocimiento de la realidad andaluza en una coalición electoral que facilite una única candidatura andaluza, porque el efecto de la Ley D’hont será aún más cruel en las siguientes elecciones generales. 

Acto de Adelante Andalucía. Foto: Adelante Andalucía

Afortunadamente, Por Andalucía contará por los pelos con grupo parlamentario, tras obtener cinco representantes. Aunque menguados, todos los partidos se verán representados, tras la presencia de IU (1 diputada), Podemos (3 diputados) y Más País (1 diputada). La implicación en la campaña de Yolanda Díaz consiguió levantar los ánimos con tres multitudinarios actos y sostener la coalición en una situación crítica, tras la discusión pública por la elección de la candidata, el lío con el registro de la papeleta y el clima pre-bélico debido al próximo lanzamiento de Sumar. Todo lo anterior restó, pero hubo otras causas. Un ciclo victorioso no va de un logo bonito, un nombre que suene innovador o actos multitudinarios con llamamientos al cambio y la unidad. No estamos en ese momento político. Ni siquiera una brillante gestión a nivel estatal y una unidad electoral de una coalición es suficiente. Para convertir eso en votos es necesario lanzar una vía ilusionante que explique cuál es la hipótesis de victoria y/o de utilidad de ese espacio; es decir, por qué alguien debería votarles en este momento concreto de la historia.

El mapa que queda es plural. Todas las facciones de la izquierda seguirán existiendo. Unidos, separados, coaligados y ahora divididos en dos, se vuelve al punto de partida. El lío del registro de la candidatura de Por Andalucía dio aire a Teresa Rodríguez, pero también fomentó el pesimismo generalizado entre las izquierdas. Y eso perjudicó a todo el mundo. En vez de construir un ciclo virtuoso se salió con la derrota en la cara. 

Foto: Por Andalucía

No supimos aprovechar nuestras oportunidades. La situación del PSOE nos situaba un contexto idóneo para luchar por el sorpasso. Espadas podía haber sido Gabilondo. Pero las fuerzas a su izquierda llegaron divididas, crispadas entre ellas. Incluso se llegaron a contradecir entre los propios socios de Por Andalucía durante la campaña electoral en temas como el cordón sanitario a Vox. Es cierto que unos y otros apelaban a electorados diferentes y que las heridas previas eran terribles, pero la división en circunscripciones provinciales resulta demoledora: Adelante Andalucía y Por Andalucía se acercan a los mismos votos que Vox, pero sacan 7 diputados menos. La unidad de Adelante Andalucía y Por Andalucía habría logrado 12 o 13 diputados, restando 4 al PP, que habría perdido la mayoría absoluta.

Abajo el pesimismo, miren el mundo a nuestro alrededor

Hay cambios que deben ser urgentes. Evitar una guerra civil tras Andalucía es la primera obligación moral. Dejen a Yolanda trabajar. Hagan una tregua. Cuenten con todos los partidos del espacio y con la militancia de todo el país. Nuestro espacio político tiene que democratizarse y pluralizarse, construirse desde el territorio y confederalizarse, vincular lo nuevo y lo viejo, vender gestión sin perder la impugnación, mantener los valores y rasgos políticos consolidados desde 2014, pensar en la gente más que en las peleas de los despachos, ampliar la militancia y las alianzas con los más jóvenes y construir una explicación creíble de para qué es útil. No hemos nacido para frenar a Vox ni para ser subsidiarios del PSOE sino para constituir una alternativa política que cambie el país. Lo que no sea eso, nos deprime. Y eso nos encadena a la irrelevancia. 

Y es posible hacerlo. Si tienen dudas, miren el mundo a nuestro alrededor. En Chile gobernamos. En Colombia, la izquierda por primera vez ha alcanzado el gobierno en un frente amplio, como el chileno y el argentino, donde evidentemente hay peleas y puñaladas traperas. En Francia, mucho más cerca, hay buenas noticias, con más de 140 diputados de Mélenchon, que será la principal fuerza de la oposición. Los frentes amplios no son bonitos pero cumplen una función táctica que nos puede llevar a los gobiernos.

Nada impide que eso se replique en nuestro país. Aprovechemos nuestra oportunidad. Comienza nuestro turno.

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2 COMENTARIOS

  1. La izquierda de la izquierda deberia hacer comunidad! Ya! y no esperar a qué una Persona nos toque la flauta de Hamelin con la bandera de la reformita de la reforma laboral. Asturias no puede esperar ante el derrumbe industrial presente.
    Y por cierto con el resultado electoral de Andalucua, para cuándo dimisiones en la izquierda de la izquierda.

  2. Votaros a vosotros seguro que no lo es ni lo fue ni lo será. Habéis destrozado y hecho desaparecer al movimiento más prometedor de las últimas décadas. Disolveos ya, haced ese favor al pueblo.

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