“La tercera República vendrá pronto, seguro”

Teodolfo Lagunero fue joven estudiante contestatario en la cárcel, abogado y catedrático de derecho, empresario multimillonario, mecenas del comunismo y artífice de la Transición

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Esta entrevista se publicó originalmente en septiembre de 2010 en el número 10 de la revista Atlántica XXII. La reproducimos ahora para recordar a la figura de Teodolfo Lagunero, fallecido esta semana.

Ya desde su sonoro nombre, Teodulfo Lagunero (Valladolid, 1925) parece el protagonista de una ficción desmesurada. Pionero comunista en la Valencia de la Guerra Civil, niño pobre y muerto de frío en la posguerra castellana, joven estudiante contestatario en la cárcel, abogado y catedrático de derecho, empresario multimillonario, mecenas del comunismo, artífice de la Transición, acompañante de Carrillo y Alberti en sus viajes desde el exilio a España… Su vida apasionada y heterodoxa no cesa.

Dice Rocío, la mujer de Lagunero, que su marido está ahora más radical y peligroso que nunca. Basta oÍrlo, dice, cada mañana leyendo el periódico. “No es para menos”, se defiende él, “dan ganas de salir a la calle a dar trompazos, con todo lo que está pasando”. Este Teodulfo de 83 años recién cumplidos es cada día más joven. Está convencido de que “ser rebelde no tiene nada que ver con la edad, sino con los acontecimientos” y los de ahora le sacan de sus casillas.

¿Qué le enfada tanto?

Lo que está pasando es intolerable. Ver cómo se ha deshecho la izquierda en el mundo y cómo una crisis provocada por los banqueros la han solucionado con el dinero de todos. Y en España, ver cómo Zapatero ha perdido una ocasión histórica. Yo le voté y en la vida vuelvo a votarle. Ha sido un traidor al socialismo.

Me cuesta creer que haya votado a Zapatero.

Sí, las dos veces le voté. El voto útil para que no gobierne la derecha.

Pues según escribe en sus memorias, “con una cara o con otra, en España siempre gobernará la derecha, como viene haciendo desde don Pelayo”.

Lo que está claro es que este Gobierno no tiene nada de izquierdas. En la solución a la crisis financiera, Zapatero debió negarse a las soluciones impuestas y unirse a Grecia y Portugal, con gobiernos socialistas y, antes de someterse al chantaje de la extrema derecha europea, haber amenazado, como hizo Sarkozy a la Merkel, con que los tres países se salían del euro. Negarse a esas medidas capitalistas, decir “No las acepto, va en contra de mis ideales y, si se insiste en esta línea, se provoca una huelga de todos los obreros en la calle con tres gobiernos socialistas diciendo que no”. Ir un poco de farol, porque en la vida y en la política hay que jugar de farol. Sarkozy lo hizo con la Merkel y le salió bien. Zapatero tenía que haber jugado ese papel de hombre consecuente con sus ideas socialistas y no plegarse al chantaje del supercapitalismo que rige hoy en Europa. Esa fue su gran ocasión y la perdió.

“en la vida y en la política hay que jugar de farol”

¿No puede hacer nada Zapatero para recuperar su voto, y el de otros muchos decepcionados?

Zapatero ya no puede hacer nada, solo marcharse a su casa. Pero faltan dos años para las elecciones y eso en política es mucho tiempo. Si pasan dos cosas en este tiempo, todavía puede ganar las elecciones. La primera es que se disuelva ETA. La derecha reza para que eso no pase, esos patriotas que hablan de España y a la hora de la verdad la venden, como decía Machado. La derecha española ahora tiene una posición antipatriota, ayudando a los financieros para que arruinen España porque quieren el poder, aunque el país sea una ruina. Y la segunda cosa que puede pasar y que aún salvaría a Zapatero es que mejore la economía.

¿Puede mejorar la economía en dos años?

Con las medidas del Gobierno, desde luego que no. Sí parece que está habiendo ciertos síntomas de mejora. Los bancos tienen inmovilizados casi un millón de pisos y, en cuanto se vendan,  se comienza a construir y los datos del paro, que fundamentalmente procede de la burbuja inmobiliaria, mejorarán. Y si Europa o China tiran de la economía mundial, toda la baza de la oposición del PP se cae, porque no tienen otra. Zapatero puede decir que España salió de la crisis por sus medidas, muy demagógicamente, y la gente, como borregos, creerlo.

¿Ha hecho algo bien Zapatero?

Lo primero que hizo muy bien fue traer a las tropas de Irak. Fue consecuente y valiente tomando esa medida de forma inmediata, porque, si no la toma entonces y tarda 3 semanas, la presión y la fuerza de EE UU, que es quien manda en el mundo, se lo impiden. Ha hecho cosas bien en el terreno social, pero se ha bajado los pantalones con la Iglesia, por ejemplo.

¿Qué le parece la huelga general planteada y el papel de los sindicatos?

La huelga me parece perfecta y creo que todos los españoles debemos apoyarla. Soy muy critico con los actuales sindicatos, creo que deben renovarse para enfrentarse con los graves problemas de este siglo. Pero debería esperarse a que pase la huelga general para hacer un estudio y critica de los sindicatos en el momento actual.

Teodolfo Lagunero FOTO: Paco Paredes

Pimpinela en la Transición

Este hombre airado y vivísimo cerraba sus apasionantes Memorias (Umbriel-Tabla Rasa, 2009) convertido en un cincuentón que ya venía de vuelta de todo, desengañado de la política, de los negocios y hasta de la Humanidad. Lo había hecho todo deprisa y casi todo con éxito. Triunfador de los negocios a través de su innovadora idea de la urbanización Nueva Sierra de Madrid, se codeaba con las altas esferas franquistas que, aun sabedoras de su pedigree izquierdoso, ni por asomo suponían que de aquel negocio más que boyante salían maletas de dinero para financiar el Partido Comunista.  Vivía entre poetas y artistas, hospedaba en su villa de la Costa Azul a Dolores Ibárruri y a Santiago Carrillo. Era, según su amigo Marcos Ana, el Pimpinela Escarlata de la Transición.

“La derecha española tiene una posición antipatriota, ayudando a los financieros para que arruinen España”

¿Echó las cuentas de cuánto dinero dio al Partido desde 1968?

No, no lo sé. Fueron muchos años dando dinero no solo al partido, también a la Junta Democrática, a revistas como la Calle, obras de teatro… lo financiaba todo. Tenía mucho dinero y me volqué. Pero para el que lo tiene, dar dinero no tiene tanto valor y ningún mérito. Pero yo no quería limitarme a ser el financiero del partido, quería dar mi tiempo, que eso sí que vale. Di conferencias por toda Europa cuando el proceso 2001, pegué pasquines en París y cumplí todas las misiones que me encomendaba el partido, desde negociar con don Juan de Borbón hasta llevar a Nicolás Franco ante Carrillo.

En 1982 usted se sume en una profunda depresión. ¿Cuántas cosas se le quiebran en esa fecha?

No fue solo ese año, fue una época en la que pasaron muchas cosas en el mundo y en el Partido Comunista que a mí me afectaron de una forma personal. Yo era muy prosoviético y ver el hundimiento de la Unión Soviética, aquel desastre que era y del que no nos habíamos dado cuenta… Luego Polonia, que teóricamente era un país socialista con un Gobierno de los trabajadores y los trabajadores se sublevaron contra su supuesto Gobierno, que los mataba en las calles mientras ellos llevaban un retrato de el Papa en vez de uno de Stalin… El Partido Comunista en España se había dividido en 3 grupos que se llevaban a matar. Yo quería la unidad. La izquierda siempre ha sido un desastre, siempre dividiéndose, y aquello me descorazonó. Carrillo fundó un partido y me pareció un disparate, me pidió que fuera con él y me negué porque aquello para mí era ir en contra del partido. Los negocios, en fin, todo me cabreó. Cierro el despacho de abogados, dejo los negocios, me voy a Fuengirola y me olvido de todo.

Muchos militantes comunistas vivieron ese momento así, como una crisis personal. Algunos se siguen preguntando qué le pasó al PCE, después de haber sido “El Partido” contra el franquismo. ¿Tiene una teoría usted?

Ahora que ha pasado el tiempo y han sido muchos los historiadores que han estudiado esa época y las causas, yo creo que ya están claras. Sobre el pueblo español pesaban  40 años de feroz propaganda anticomunista, que si eran asesinos que se comían a los niños, que si querían otra guerra: pesaba la Guerra Civil y pesaban los 40 años de dictadura. Por otro lado, la socialdemocracia europea se vuelca con el PSOE, le da dinero y alarga las elecciones para que se recomponga el PSOE. Han salido documentos de la influencia de los EE UU en la Transición española, algo que no sabíamos.

Herrero de Miñón dijo que la Transición española la hicieron Santiago Carrillo y usted.

Es una broma de Herrero, que también decía que yo no existía. Cuando Carrillo me presentó a Herrero, le dijo: “Aquí tienes a Teodulfo, existe”. Herrero sería un gran dirigente de la derecha civilizada española, inteligente y sensato, y no el majadero de Rajoy y su cuadrilla. 

“Yo no quería limitarme a ser el financiero del PCE, quería dar mi tiempo, que eso sí que vale”

¿Quién hizo la Transición?

La hace el pueblo español, en lo bueno y lo malo. No quiere que haya follones, se ha hecho más conservador, tiene una vivienda, coche, sus hijos trabajan en la Universidad… no tiene nada que ver con el obrero de izquierdas de los años 30 que en cuanto les dan armas las toman con avidez para defender sus ideas. El pueblo español había cambiado no gracias al franquismo, sino a pesar del franquismo, quería amnistía y libertad; no quería franquismo, pero no quería aventuras tampoco. No hay pacto de silencio, no se habla de ese tema porque no se puede hablar. El protagonista de la Transición es el pueblo y, si queremos personificar en alguien, serían Suárez y Carrillo. Nadie más, nada del rey, como nos quisieron vender.

¿No fue así?

En absoluto. Yo lo niego rotundamente. Yo tuve una entrevista de tres horas con Juan de Borbón. Me dijo “¡Qué lección de patriotismo dan los comunistas a la derecha española!”. Entonces me causó una buena impresión, pero con los años he llegado a la convicción de que tanto él entonces como su hijo después lo que hicieron era borbonear. Los Borbones han sido el desastre de España, todos ellos.

Teodolfo Lagunero en la playa de Salinas FOTO: Paco Paredes

Que nos cierran la revista, Lagunero.

No es una infamia, es rigurosamente histórico: han sido nefastos para España. El pueblo español echa cuatro veces a un Borbón de España y siempre vuelven. El padre juega la baza de ser semi de izquierdas, de la Junta Democrática, y el hijo juega la baza de ser el sucesor de Franco con los franquistas. A ellos les da igual uno que otro, porque España a los Borbones les importa tres pares de cojones. Y la democracia igual, lo que les interesa es la corona, seguir siendo reyes. Sí es cierto que don Juan Carlos, por las circunstancias históricas del momento, hace de llave para permitir que Suárez negocie con el PCE y venga la Transición, tiene eso a su favor. Pero es que sabía que siendo monarca franquista hubiese durado muy poco. No habla mal de Franco, pero juega la baza de ayudar a la Transición para  durar.

¿Confía en que llegará la tercera República?

Vendrá pronto, seguro. ¿Alguien cree que el hijo va a ser rey? Eso no lo cree nadie, pero como hay problemas mucho más importantes, la gente ya ni se para a pensar en ello. Pero hay un movimiento cada vez más republicano, se ven más banderas republicanas…

¿Contribuirá Letizia al fin de la monarquía, como dicen sus malévolos detractores?

No creo, ella de hecho es la que más vale de toda la familia. Es una mujer moderna, ha tenido marido, amantes… eso que algunos dicen para criticarla yo lo digo como elogio, la revaloriza, es una mujer independiente y moderna. Yo ahora soy feminista. 

“El pueblo español había cambiado no gracias al franquismo, sino a pesar del franquismo”

Lento, pero va

De aquella crisis de la mediana edad que cierra sus Memorias, le saca su amigo Marcos Ana con una carta removedora de fuerzas adormecidas. Lagunero vuelve entonces a la brecha de la política y los negocios, como nos contará en el segundo tomo de sus memorias, donde dice que “viene lo gordo”. Y vaya si viene: nuevos negocios millonarios en Fuengirola, querellas contra Rato, Botín, Banesto o el Banco Pastor, libros y conferencias y la creación de la Fundación Teodulfo Lagunero. Y luego dicen de las segundas partes.

¿Sigue siendo comunista?

Soy comunista desde el vientre de mi madre y me moriré con el carné de comunista, si no me echan. Ahora soy un militante de base en el PCE y en IU en mi pueblo.

¿Y qué es ser comunista hoy?

Creer que hay que sustituir el capitalismo por una organización económica, política y social más justa, que no provoque guerras ni diferencias sociales tan grandes, que no haya pueblos que se mueren de hambre. Creo que es posible un nuevo socialismo del XXI o como quiera llamarse, no tengo inconveniente en usar otra terminología, hasta aceptaría capitalismo modificado o capitalismo social. Pero lo que está claro es que hay que sustituir el capitalismo y ahora es el momento, antes de que la crisis derive en una guerra o en un nuevo fascismo. La izquierda debe reaccionar ya. Y la primera medida ha de ser financiera: que el sistema financiero no sea privado, que sea público. Si no se hace eso, se saldrá de esta crisis y vendrá otra.

En algún momento de aquella crisis personal de hace 30 años se preguntaba en su diario “¿Progresa la humanidad?”, y la pregunta quedaba sin respuesta. Se la hago ahora: ¿Progresa la humanidad?

Yo creo que sí. Muy lentamente, pero progresa. A veces da dos pasos hacia delante y uno hacia atrás, pero el carro de la historia avanza. Hay quien le pone a las ruedas maderos, pero avanza. Se vive mejor que hace 500 años, y solo con mirar a las mujeres, ya está. Tengo fe en el ser humano y en la juventud, y más ahora que las mujeres ya juegan por fin un papel importante en la Historia.

Salinas o el mar de la infancia

El mar de los veranos republicanos del pequeño Fufo fue el Cantábrico de la playa de Salinas. Desde los años veinte, cada mes de agosto el catedrático comunista Enrique Lagunero se unía a su amigo Luis Jiménez de Asúa y a otro pequeño grupo de intelectuales de izquierdas para formar una animada colonia de veraneantes de la meseta. Alquilaban habitaciones en modestas casas de pescadores y se dedicaban a charlar de política mientras los niños – “éramos de la piel del diablo”, recuerda Lagunero- hacían sus trastadas camino del acantilado. Hasta el verano del 36. El padre preparaba entonces oposiciones en Madrid y la familia cambió Salinas por Guadarrama para estar cerca de él. Allí les pilló la guerra y se les rompió la vida. 75 años después de su último verano asturiano, Teodulfo Lagunero volvió a pisar la playa de Salinas a instancias de Atlántica XXII. Y los recuerdos emergieron de inmediato: la máquina del tren llegando a la estación, una avioneta que aterriza en la arena, los pasteles por el cumpleaños, los padres que se van de noche a una velada en el Casino, la merienda de pan y manteca escondida cada tarde en la carbonera, los baños con el padre… El mar de la infancia.

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