Horizontes de esperanza: por un Vox de izquierdas

Mientras la derecha tiene claros sus objetivos, la izquierda prefiere no hablar ni de proyectos ni de ideas, sino de nombres y de líderes, o lideresas, hacedores de milagros.

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Rafa Velasco
Rafa Velasco
Abogado y Licenciado en Ciencias Políticas. Activista sociopolítico, Presidente de la Federación Asturiana Memoria y Republica y miembro de COESPE.

“La izquierda no puede seguir aspirando a gestionar un pacto social que no existe”.

Xavi Domènech, en Entre Ítaca e Icaria: Reflexiones sobre Cataluña, España y las izquierdas.

Cuando se empiezan a acercar momentos electorales todo el mundo político empieza a moverse, y aunque estemos sobre un polvorín que puede terminar, si no estamos ya, en una Tercera Guerra Mundial, vuelven de nuevo los giros tácticos, las nuevas-viejas promesas y los populismos, en el peor de los sentidos, mas ramplones. Que ello lo hiciera la derecha no sería de extrañar, pero que la izquierda se dedique sustancialmente a ello, no deja de ser entristecedor, además de ser un viaje a ninguna parte. Mientras la derecha tiene claros sus objetivos, apuesta seriamente por ellos, la izquierda prefiere no hablar ni de proyectos ni de ideas, sino de nombres y de líderes, o lideresas, hacedores de milagros, como si lo que no se soluciona en el día a día, con trabajo, se pueda resolver con conejos sacados de las chisteras.

Movimiento 15M, mayo 2011. Foto: Iván G. Fernández

Lejos queda aquel “ni en dioses, reyes ni tribunos” que, de otra forma, y en otro contexto, en la práctica resucitará el 15-M. Ahora las apuestas son puro marketing, en vez de ofrecer participación se ofrece escucha, en vez de plantear proyectos de transformación se sitúan perfiles de gestión, en vez de confrontar con quien lo quiere todo, se ofrece mendigar miserias o “el virgencita, virgencita, que me quede como estoy”. Pero el problema es que el quedarse como estábamos resulta imposible, al igual que lo es mantenerse en una bicicleta sin dar pedales,   cuando todos los pilares del mundo previo a la caída del bloque socialista han volado por los aires. El gran capital vuelve a mostrar su cara más amarga, y de nuevo la guerra y el autoritarismo se muestra como su forma más idónea para salir de sus crisis. Pero es que, a diferencia de sus crisis anteriores,  sus crisis actuales son  más agudas, algunos/as dirían que terminales, pero lo que es seguro es que  pueden terminar con la vida humana en el planeta, bien por la guerra o por el colapso ecológico.

Xavi Domènech. Foto: David Aguilar Sánchez

Ante esta nueva situación ver como gran parte de la izquierda sigue nadando en un marasmo de supuesto posibilismo y realismo pragmático causa estupor a quienes nos enrolamos hace mucho en eso de la lucha por un mundo mejor. Continuar por ese camino, mientras la derecha desacomplejada esta a la ofensiva, no servirá más que para facilitar un proceso más acelerado hacia un mundo bastante peor al que nos dejaron nuestros padres y madres. A día de hoy la izquierda real, o sea, la que está a la izquierda del PSOE, se mueve en un permanente ejercicio estúpido de busca de salvadores/as que como los malos/as estudiantes les permita soñar en aprobar el examen cuando no se ha estudiado ni trabajado durante todo el curso. Alguien creerá que la gente del pueblo, a la que se adula, pero se desprecia, no se dará cuenta, y seguirá votando por parámetros supuestamente utilitaristas, pero ello cada vez que se convocan elecciones se demuestra como un enorme error.

Ignacio Blanco, diputado de Vox. Foto: Iván G. Fernández.

¿Dónde está la ventaja de las derechas hoy? Pues, a mi juicio, precisamente en su desacomplejamiento, que les permite, con toda la crudeza, lanzar sus planteamientos y consignas con toda claridad. Frente a una izquierda que sigue en sus cuitas, las derechas ofrecen un horizonte distópico, del “esto es lo que hay”, sin esperanza, pero donde puedes elegir estar con los y las ganadores de la historia. Si eres pobre, siempre puedes acogerte a ser un pobre blanco que va a vivir mejor que un pobre negro, si eres hombre puedes agarrarte a vivir mejor que una mujer, si eres heterosexual, puedes lograr sentirte mejor, porque siempre habrá un homosexual que viva peor que tú. El horizonte del sálvese quien pueda, de la lucha del último contra el penúltimo, es un escenario donde los discursos del miedo, la desigualdad natural y la competencia de unos contra otros, el discurso de la derecha tiene terreno abonado para seguir creciendo.

“La izquierda no tiene ningún futuro si no vuelve a construir horizontes de esperanza”

Frente a ello creer en la izquierda que la salida es ofrecerse como mejor gestor/a de esa realidad es un discurso inútil, que sólo facilitará seguir perdiendo terreno. A mi juicio, la izquierda no tiene ningún futuro si no vuelve a construir “horizontes de esperanza”, como lo que hablan Xavi Domènech y Joan Tardà en su libro Entre Ítaca e Icaria: Reflexiones sobre Cataluña, España y las izquierdas. En Cataluña, ese horizonte se llama independencia, en otros lugares tendrá que ser con toda seguridad el republicanismo. La izquierda necesita volver a situar a las clases populares ante su contradicción, para que asuman la historia en sus manos para su propia liberación, de forma colectiva para no irse al infierno del que hablaba Luis Redondo. Y para ello se hacen necesarios esos nuevos “horizontes de esperanza”, que algunos/as llaman utopías, y que otros y otras llamamos proyectos de emancipación. Desgraciadamente la historia nos vuelve a situar ante el espejo del “Qué hacer” ante un capitalismo en crisis, que nunca va volver a garantizar derechos como los alcanzados en estado post segunda guerra mundial, y ante una nueva guerra, donde para que cuatro se lucren pueden morir millones de los nuestros y las nuestras. En ese escenario, de momento, son los sectores reaccionarios y neofascistas quienes se están llevando el gato al agua, por lo menos marcando la agenda política. Pero como en los años treinta del siglo pasado, es de nuevo posible  volver a situar horizontes que permitan que los pueblos cojan las riendas de su destino, para salvar a la humanidad de la barbarie. La izquierda que asuma su papel en ese proceso, como está ocurriendo en Iberoamérica, tendrá posibilidad de jugar algún papel, la que no será sepultada como en su día lo fueron los dinosaurios. Sin querer caer en un reduccionismo mimético necesitamos un Vox de izquierdas, que situé claramente que la libertad, la igualdad y la fraternidad no es tomar más cañas ni aspirar a vivir del trabajo ajeno, que sea capaz de disputar a las derechas la batalla ideológica, situando claramente que otro mundo es posible, que no podrá ser capitalista, y que para lograrlo el timón de la historia lo deben volver a hacer los pueblos.

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