¿Cómo afecta a la sanidad pública que abra un hospital privado en mi ciudad?

La cronificación de esta forma de conciertos supone no destinar un dinero que podría utilizarse para redimensionar el sistema sanitario público de acuerdo con las necesidades de la población.

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Javier Padilla
Javier Padilla
Médico de familia y comunidad con formación en el ámbito de la salud pública, gestión sanitaria, economía de la salud y filosofía. Diputado en la Asamblea de Madrid por Más Madrid.

La apertura de un hospital privado en un municipio suele llevar manifestaciones encontradas: por un lado, es común ver a alcaldes y políticos locales felicitarse por ello, dado que dará trabajo a algunas personas y porque en la cultura de la inauguración en la que vivimos, siempre es buena noticia cortar una cinta; por otro lado, suele haber colectivos en defensa de la sanidad pública que arquean la ceja -en el más pacífico de los casos- y alertan de los riesgos que esto tendrá para el sistema sanitario público. Esto no siempre es así, pero son dos reacciones bastante habituales.

Más allá de estas reacciones estereotipadas, hace falta analizar de qué maneras puede influir en el sistema sanitario público la apertura de un nuevo hospital privado en un barrio/municipio.

Hospital Quirónsalud Sur, en la localidad madrileña de Alcorcón.

En los últimos diez o quince años hay un fenómeno muy frecuente consistente en que los hospitales privados sean la primera infraestructura sanitaria que llega a barrios de nueva construcción. Zonas con casas nuevas y población bastante joven, que cuentan con abundantes solares donde crecen las malas hierbas y cuyas infraestructuras públicas no llegan; ante esta incomparecencia de lo público, florece lo privado convirtiéndose no tanto en una alternativa a lo público, sino en la única alternativa de proximidad a la que llegar sin tener que coger el coche para desplazarse al domicilio donde se vivía antes. Aunque pueda parecer que justamente en esos barrios es donde los centros sanitarios privados menos impactan sobre la sanidad pública, al no entrar en competencia sino cubriendo un hueco existente, tal vez sea el lugar donde ese daño es más evidente mediante un proceso más perverso: generar una ilusión según la cual no hace falta lo público y donde las necesidades de salud pueden suplirse por un seguro sanitario low cost.

Además de este fenómeno singular, hay varias formas en las que un nuevo hospital privado puede interaccionar e influir sobre el sistema sanitario público de la zona donde se asienta; de todas ellas, hay dos que son las más relevantes: la financiación y la provisión de servicios sanitarios.

Hay diversas formas en las que la apertura de un hospital privado puede impactar en el sistema sanitario público de la región donde se abra, y todo va a depender de la manera en la que se relacione con el sistema. Los dos aspectos más reseñables son los vinculados a quién paga la asistencia sanitaria y quién realiza la prestación de dicha asistencia.

¿Quién paga la asistencia sanitaria?

En España, aproximadamente un tercio del gasto sanitario total sale directamente de los usuarios, con independencia de los impuestos que hayan pagado. La mayoría de este gasto privado está vinculado al copago farmacéutico y a los servicios de salud no cubiertos -o cubiertos de forma muy parcial- por la sanidad pública (salud bucodental, visual, fisioterapia…), siendo una parte más pequeña la vinculada a seguros sanitarios.

“Los seguros sanitarios privados están en aumento tras los primeros dos años de la pandemia y las dificultades de los servicios sanitarios de recuperarse por completo”

Sin embargo, en el contexto actual de crisis generalizada de los servicios sanitarios públicos, los seguros sanitarios privados están en aumento, especialmente tras los primeros dos años de la pandemia de COVID-19 y las dificultades de los servicios sanitarios de recuperarse por completo. La mayor presencia de centros privados es probable que sea un elemento que favorezca el crecimiento de los seguros privados.

Ahora bien, ¿cómo afecta esto a la sanidad pública?

La patronal de la sanidad privada siempre ha defendido que tener un seguro sanitario privado disminuye el uso de recursos públicos realizado por las personas que tienen ese tipo de seguros. A esa afirmación, que suele hacerse con datos bastante gruesos y sin justificación teórica alguna, cabe hacerle múltiples matices, de los que voy a destacar dos: el primero es que una parte importante del gasto sanitario público son costes fijos (infraestructuras y profesionales, principalmente) que no varían porque un número determinado de pacientes se vaya a ser atendido a otro sitio; el segundo es que la sanidad privada en España sigue teniendo una complejidad menor a la de la pública, existiendo en el ámbito de los seguros una selección de riesgos -por medio de elevar de forma importante las primas en el caso de personas con mayor complejidad clínica- que hace que los casos de mayor complejidad y alto coste sean asumidos de forma más frecuente por la sanidad pública.

Puesto de prueba de autocovid y de autovacunación en el HUCA, 06/04/2021 Foto: Iván G. Fernández

Además, la asistencia sanitaria no es un juego de suma cero, donde la asistencia prestada en un sitio se resta de otro lugar, sino que, en muchas ocasiones, una asistencia más centrada en el consumo y la mercantilización de la salud puede suponer una cascada de asistencia sanitaria que no siempre sea necesaria o pertinente. Esto es, es muy probable que un incremento en la asistencia sanitaria privada suponga un aumento de actividad sanitaria en el ámbito público derivado de cascadas diagnósticas y terapéuticas que no aporten salud a la población, pero sí un mayor intervencionismo.

¿Quién realiza la asistencia sanitaria?

El otro ámbito donde la sanidad pública y la privada interaccionan es el relacionado con quién presta la atención sanitaria. Desde finales de los años 90, en España ha habido dos formas en las que las instituciones han privatizado la prestación de la asistencia sanitaria: mediante la concesión de la gestión de centros públicos (una forma muy frecuente en Cataluña, Comunidad Valenciana o Comunidad de Madrid) y por medio de concertar prestaciones sanitarias (contratar con la sanidad privada la realización de, por ejemplo, pruebas de imagen, intervenciones quirúrgicas, o camas de ingreso).

“La manera en la que lo privado interacciona con lo público en sanidad tiende a ser mediante dinámicas de parasitación, no de beneficio mutuo”

En el caso que nos ocupa en este artículo, la construcción y puesta en marcha de un hospital privado en una región es probable que acabe suponiendo una contratación de servicios sanitarios privados a dicho centro por parte de las instituciones públicas para aliviar listas de espera de pruebas diagnósticas o intervenciones quirúrgicas.

La sanidad privada con frecuencia plantea que la contratación de sus infraestructuras y servicios puede ser una posible solución para acabar con las listas de espera de la sanidad pública; no cabe duda de que ese es uno de los posibles métodos de actuar sobre las listas de espera, pero plantea un problema fundamental: la cronificación de esta forma de conciertos supone no destinar un dinero que podría utilizarse para redimensionar el sistema sanitario público de acuerdo con las necesidades de la población y, además, supone una mayor fragmentación de la asistencia sanitaria, dejando fuera del control público una parte de la atención a la población.

Hospital Universitario Central de Asturias FOTO: Iván G. Fernández

En general, la coexistencia de un sistema sanitario privado y uno público no suele reportar beneficios más que anecdóticos para el segundo, porque la manera en la que lo privado interacciona con lo público en sanidad tiende a ser mediante dinámicas de parasitación, no de beneficio mutuo. Esto ocurre, principalmente, porque mientras la sanidad pública necesita como elemento fundamental para funcionar el compromiso social para dotarla de recursos, la sanidad privada tiene un mandato de rentabilidad empresarial como condición previa para poder funcionar. Si bien es fácil pensar formar virtuosas de interacción entre lo privado y lo público en ámbitos como la investigación y desarrollo en salud, hacerlo en el ámbito de la prestación de asistencia sanitaria en un contexto de crisis de los sistemas públicos de salud parece, cuanto menos, ingenuo.

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