“La generación Z nos hace una invitación directa a cuestionarnos y sanarnos”

Isa Duque, más conocida en el entorno digital como @lapsicowoman, participó en la III Escuela de Pensamiento Feminista de AMA.

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Álvaro Villegas
Álvaro Villegas
Psicólogo, orientador educativo y militante de la Asamblea Moza d'Asturies.

Isa Duque, más conocida en el entorno digital como @lapsicowoman, es psicóloga y sexóloga. Desde 2006 combina la práctica clínica con los talleres y formaciones sobre coeducación, educación sexual, inteligencia emocional, prevención de violencia machista, uso responsable de RRSS, ciberviolencias etc., que imparte tanto a adolescentes como profesorado. El equipo con el que desarrolla el proyecto “Psico Woman” desde 2015 (canal de YouTube y RRSS asociadas con más de 100 mil seguidores entre las diferentes plataformas) ha recibido varios premios por su labor de divulgación entre la población joven de estos temas, complejos pero necesarios. A inicios de este año publicó Acercarse a la Generación Z: Una guía práctica para entender a la juventud actual sin prejuicios. Este pasado viernes participó en Gijón, junto con Roy Galán (influencer y activista LGTBIQ+ y feminista con más de medio millón de seguidores en RRSS), Claudia, Jana y Mikel (estudiantes de instituto) y la militante de AMA Asturies Bea Merás, en la mesa titulada “¿Generación de cristal? Ok, boomer. Feminismo y Generación Z”, dentro de la programación de la III Escuela de Pensamiento Feminista de este colectivo juvenil.

En tu reciente libro se evidencia que muchos de los prejuicios hoy existentes sobre la Generación Z (personas nacidas entre 1994 y 2010) ya existían en época de Aristóteles, pero también señalas otros nuevos sólo surgidos con esta generación. ¿Cuáles son esos prejuicios viejos y nuevos?

En en el libro pongo una cita de Aristóteles que decía, básicamente, que los jóvenes de hoy en día solo piensan en sí mismos, son egoístas, no saben de qué quieren vivir, se aprovechan de los padres, no les importa nada los cuidados en general, ni el mobiliario de la calle, han perdido el respeto por sus mayores, solo piensan en la fiesta, no quieren trabajar, no quieren esforzarse… Por un lado, me empecé a encontrar que, en las charlas, desde hace ocho o nueve años, las personas más jóvenes me preguntaban cosas súper potentes, súper interesantes, que hacían reflexiones que a mí ni siquiera se me hubieran pasado por la cabeza a su edad. Por otro lado, y en paralelo, empiezo a ver que ya no solo está este discurso adultista, adultocentrista, sino un discurso mucho más devastador, llamándoles incluso “generación perdida”. Entonces hice un poco de quiebre y empecé a reflexionar. ¿Qué está pasando? Como hablábamos en las jornadas, a esta generación le ha tocado vivir crisis desde 2008, la pandemia mundial, el contexto bélico, las tasas de emancipación y precarización de salarios y, aun así, se les sigue metiendo como muchísima caña, y no entendía nada.

Isa Duque con su reciente libro sobre la generación Z. Foto: David Aguilar Sánchez

Mi sensación es que se ha juntado este adultocentrismo y juvenofobia con la tecnofobia y la neofobia. La generación Z es la que más ha visibilizado de manera más tangible el uso del smartphone. A veces escucho a gente de más edad acusarles de que “están todo el día con el móvil”, mientras esa misma gente está todo el rato con el móvil. Todos los estudios que se han hecho sobre las redes sociales, sobre lo tecnológico, han sido desde una mirada muy demonizadora, donde sólo destacaban los aspectos negativos. Esto ha hecho que todo el universo postmilenial, ya no solo la juventud, sino también sus formas de interacción, construcción de la identidad y uso de las redes sociales, sea visto con mucho miedo. Esto es falso, y creo que ha creado un caldo de cultivo que ha hecho que nos alejemos muchísimo más, que los veamos como la otredad. Y cuando esto ocurre, es mucho más fácil ejercer violencias. Cuando hablamos de los jóvenes, lo hacemos siempre sin los jóvenes, y como si no tuviéramos nada que ver con ellos. Me parece un ejercicio de falsedad máxima de la gente más adulta cuando analizamos los datos de la gente joven sin poner una mirada sistémica de que son las personas de menos edad de unos subsistemas, sociales, familiares…

¿Crees que podemos estar ante una estrategia de evitación por miedo al no escuchar a la gente más joven? Es decir, quizá no queramos saber qué está pasando ahí para no ver qué hemos hecho mal, o para no enfrentarnos a nuestra propia frustración en el intento de ser adultos.

Claro, yo lo que veo es que la generación Z, en comparación con otras generaciones, tienen una irreverencia sana, gracias en buena parte por el acceso a la información. Cuando me preguntan quiénes son mis maestros, yo digo que la gente de los institutos. Tienen esta irreverencia sana que te señala las violencias que ejerces, tu discurso xenófobo, homófobo, gordófobo, de masculinidad frágil… Esto incomoda mucho. Veo cómo la chavalería señala a sus familiares cuando reproducen violencias estructurales, y esto incomoda. Tú puedes mirar para otro lado, o alarmarte y quejarte, o puedes aprovechar esto para revisarte.

“Mis maestras son la gente de los institutos, con su irreverencia sana”

Esta generación se ha podido politizar al calor de las grandes movilizaciones feministas y ecologistas, donde la presencia joven fue importante, pero también son muy permeables a la polarización política actual. ¿Cómo conviven esos dos polos sociales actualmente en las aulas?

Para mí fue muy potente cuando en 2018 hubo la huelga estudiantil protagonizada por asambleas estudiantiles en nuestro país, donde pedían una educación sexual integral, evaluable en las aulas, que saliera el machismo de las aulas y de los claustros de profesorado. Estaban señalando lo que sucedía a nivel estructural. Existe esta chavalería, que desde los 15 años han creado asambleas feministas, que se autoorganizan, pero también existe todo lo contrario. Coexiste como está coexistiendo más arriba. No son personas de otro planeta, sino que son un reflejo, para mí mucho más sano, de lo que está pasando. Muchas veces me dicen “¡ay, las frases tan brutas que escuchas en los talleres!”, y yo les digo “bueno, es que a mí me interesa que me digan que si ven a una persona con mucha pluma les da mucho asco y les dan ganas de pegarles”, porque a mí realmente me preocupa la gente que se ha aprendido el discurso de la igualdad, de la diversidad, que lo dice y, sin embargo, no lo siente. Es súper interesante que eso salga con sus iguales, en espacios seguros, para darle la vuelta. También hay creadores de contenidos que están ganando mucho dinero y que son muy estratégicos en cómo utilizan los datos, como utilizan la información, los lobbies que están haciendo, y, lógicamente, esto está calando en un perfil de hombres jóvenes y adultos. A mí lo que realmente me interesa es hablar de que la gran mayoría rechaza el sexismo y rechaza las violencias, y debemos cuestionar cómo nos acercamos a analizar los datos.

Isa Duque. Foto: David Aguilar Sánchez

Un elemento recurrente de la charla en la que participaste en la escuela fue el reconocimiento generalizado de que en ella se pudiera escuchar la voz de la Generación Z en primera persona. ¿Cómo fue ese ejercicio de diálogo intergeneracional desde un marco feminista y joven?

Tengo una frase que es mi mantra: los diálogos intergeneracionales son lo que transforma el mundo. En un momento como el actual, en la Europa occidental y con un con capitalismo salvaje que nos quieren totalmente divididos, creo que es clave crear espacios donde podamos escucharnos y estar cerca, dentro de nuestras diferencias y subjetividades. Yo participo de forma activa o pasiva en muchas charlas donde hablan de la juventud y nunca invitan a la juventud. Esto es fatal. Me gustó mucho que hubiera gente joven hablando de lo que atañe a la juventud. Es un ejercicio que habría que hacer siempre: invitar a la gente joven, y no sólo “darles voz” o hablar de “nuestros jóvenes”. Esto es un adultismo paternalista interiorizado. Debemos crear espacios donde puedan hablar.

¿Qué tiene la generación Z que aportar o que enseñar a esta sociedad que les mira por encima del hombro?

El otro día, en la escuela feminista de AMA, se vio claro. La generación Z no tiene ningún pudor en hablar claro, en hacer alusiones directas, en hablar de su salud mental en primera persona sin ningún tipo de problema. Y si hubiéramos seguido, hubieran salido otros muchos temas de los que otras generaciones no seríamos capaces de hablar. Para mí esto es un logro también colectivo. La generación Z te señala tus grietas, tus faltas, todo lo que te hubiera gustado tener y no tuviste cuando eras adolescente y te hace una invitación directa a cuestionarte y a sanarte todo lo que tú no pudiste sanarte. Yo entiendo que haya gente de más edad, que esto le de pánico y mire para otro lado, porque te cuestiona.

Isa Duque. Foto: David Aguilar Sánchez

Se podría decir que esta generación está hablando sobre temas como el feminismo, el ecologismo, la salud mental, la diversidad, la precariedad o la emancipación, que aluden a la estructura propia del sistema actual y, por tanto, con un potencial de futuro y de transformación enorme, ¿no?

Hay un mecanismo de defensa que es el olvido y la idealización de que cómo fueron nuestras infancias. Cuando haces un ejercicio honesto de cuáles eran tus malestares de adolescente, cómo era tu relación con el consumo, con tu cuerpo, con lo que proyectabas, cómo eran para ti de importante los iguales… Comparas y te das cuenta de que nos dan mil vueltas. Por ejemplo, en los últimos 20 años ha bajado a la mitad el consumo de éxtasis y cocaína. Se piensa que la gente joven tiene un ocio mucho más destructivo, y es mentira. En el tema del cambio climático, una mujer muy joven del espectro autista nos ha puesto las pilas diciendo con esa irreverencia sana que ella no se calla y creando un movimiento global. En el tema de la diversidad sexual, cosas que para mi generación eran complicadísimas de integrar, las tienen totalmente integradas. Todas las personas en algún momento de nuestra vida hemos sentido que no encajábamos, porque nuestra identidad, nuestra expresión, más allá de si eres del colectivo LGTBIQ+ o no, no encajaba en la normatividad. A mí, por ejemplo, ver esto en la chavalería me ha ayudado muchísimo a abrazar mi bisexualidad, mucho más que todas las horas de terapia que llevo.

Centrándonos en el tema de la salud mental y el suicidio, ¿es verdad que hay peor salud mental, más tasas de suicidio? ¿O es que se habla, se sabe y se investiga más sobre ello por el empuje de una generación que ha dicho basta a sufrir en silencio?

Yo no dispongo de datos críticos suficientes que se hayan hecho intergeneracionales para poderte hacer una afirmación directa de si antes había mejor o peor salud mental. Creo que es un tema del que antes no se hablaba. Una de las compañeras de la mesa el otro día dijo “yo no quiero tener la salud mental que tienen mis padres” o “yo no quiero relacionarme con el trabajo como se relacionan mis padres”. Eso es interesantísimo. Pero esto te está haciendo que te mires a ti y que te cuestiones cómo te relacionas con tu salud mental o con el trabajo. El otro día salió un dato bastante reciente de que el 25% de la chavalería entre 19 y 34 años está actualmente medicada. También compartí un testimonio de una psiquiatra de la salud pública, donde hablaba de que le preocupaba muchísimo la poca atención de calidad que pueden dar desde lo público, y que la sala de espera estaba llena de gente joven. No podemos mirar para otro lado.

Hablemos de educación. Como persona que ha pasado por muchas aulas diferentes de este país, ¿qué le dirías a aquellas personas que trabajan o se relacionan con el mundo de la educación que puedan estar leyendo esta entrevista?

Que nos revisemos. Nuestro trabajo puede ser apasionante y tenemos mucha responsabilidad. Mucha de la gente que accede a la educación no lo hace desde la pasión y esto es un problema. Tenemos muchísima, muchísima responsabilidad. Si no es lo nuestro, no pasa nada, pero debemos ser conscientes de todo el poder que tenemos. Seguramente todos los docentes que puedan leer esta entrevista nos acordaremos de alguna frase que nos dijo algún profesor, profesora, orientador, orientadora, que se nos ha quedado en la cabeza, y eso habla mucho del poder que tenemos. Recuerdo una vez en un encuentro de profesorado, 400 profes en Extremadura, pedí que hubiera profesionales de Psicología clínica en las aulas para el alumnado y para el profesorado, y aplaudieron todos los profes. Y me pareció genial que reconocieran que no estamos bien. Y, además, yo veo ahora que mucho profesorado está teniendo que convivir con experiencias en el centro educativo sobre las que no tienen ni idea. El otro día estaba en un centro educativo donde había activados cinco protocolos de suicidio. No nos han explicado, ni siquiera en la carrera de psicología, qué hacer con esto.

“El profesorado debe tener acompañamiento psicológico”

Además, el profesorado está en un sistema que les oprime. No soy la típica que defiende al alumnado y critica al profesorado, soy consciente del contexto. Yo soy docente privilegiada porque vengo de fuera, pero a mí no me extraña que haya profes que miren para otro lado, porque mirar de frente a la salud emocional de la chavalería es durísimo. Ver a una persona menor de edad que tienen muchos menos recursos en general y están pidiendo a gritos ir a terapia y sus padres no le quieren o pueden llevar es muy duro. Yo quiero acompañamiento para el profesorado, no sólo aprender teoría, sino que la gente adulta que acompañamos a jóvenes trabajemos nuestras propias movidas. Que haya acompañamiento específico, no para que os digan cómo hay que acompañar, porque si no lo tienes integrado, no sirve de nada. Los adolescentes te huelen, y si vas a hacer un taller sobre masculinidades y no tienes incorporado o integrado lo que dices, da igual lo que digas, porque te leen todo. El modelaje es todo. La teoría está vacía si en las aulas y los grupos no hay espacios seguros para que se vivan y se pongan en práctica los buenos tratos.

Isa Duque. Foto: David Aguilar Sánchez

Por último, queríamos agradecerte mucho que aceptaras nuestra invitación a esta escuela y a venir a Asturies. Me gustaría terminar esta entrevista pidiéndote una valoración de estos días, los temas tratados o el ambiente vivido a través de tu participación en la escuela feminista de AMA Asturies

Es un subidón estar en unas jornadas promovidas por gente joven, tengo claro que voy a favorecer y estar cerca de todo lo que se haga desde ahí. Por otro lado, llevo 2 años siguiéndoos y empapándome de todo online y poder estar aquí presencial es muy guay. Además, estoy rodeada y escuchando a gente que leo todo el año. Y, personalmente, como muchas de nosotras venimos de una temporada muy dura, mi salud mental ha estado extremadamente debilitada con todo lo sucedido con mucha gente y poder venir aquí a unas jornadas donde, para un ratón de biblioteca como yo, mi parte más intelectual está cubierta, pero también la parte de compartir, reír, bailar… Para mí, esto es la clave. Hacía mucho que no trasnochaba tanto (risas). Yo este tipo de cosas no las vivo fácilmente, para mí es un regalo. Me he tirado muchísimos años en el movimiento feminista hablando de violencias, sufriendo las violencias, revictimizándome cada vez que hablaba de violencias. Como mucha de la gente que estamos aquí, somos supervivientes de violencias, y lo que me da la agencia, las ganas de seguir, el poderío, es esto y estos espacios. Para mí ha sido un subidón de endorfinas muy endorfinadas.

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