Adriana Lastra: días del pasado futuro

La dimisión de Adriana Lastra por razones personales no descarta un repliegue político en la FSA

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

La dimisión de Adriana Lastra por razones personales ha tratado de desviar el foco de atención del proceso de transformación que en pocas semanas ha vivido el PSOE dentro de sus estructuras. Una crisis de gobierno, primero, el 40º congreso socialista después, apuntalaron un partido que trataba de reconciliarse con el aparato de Alfredo Pérez Rubalcaba y Javier Fernández, tras las primarias disputadas contra Susana Díaz cuatro años antes, incorporando a cuadros políticos que la historia del socialismo español ya había dado completamente por amortizados y de los que nadie se acordaba. Dos ejemplos: Antonio Hernando y Oscar López. El sanchismo ha llegado a un estado de madurez con la salida de Lastra que lo devuelve al mismo punto de partida, al lugar donde siempre se decidieron las grandes líneas estratégicas del partido: el comité federal.

Cartel de Pedro Sánchez en Cangas del Narcea. Foto: David Aguilar Sánchez.

Tras el punto y final de Adriana Lastra en la vicesecretaría del partido, Sánchez ha convocado al órgano más importante entre congresos para este sábado. Se prevé la sustitución de Santos Cerdán, actual secretario de organización, por el ex-lehendakari Patxi López. Desde su llegada a la Secretaría General, el Comité sólo había sido activado para aclamar las posiciones del presidente del gobierno. Bien por desconfianza, bien por un ejercicio de cesarismo desmedido, ni Sánchez ni ningún barón reclamaron hasta la fecha su convocatoria y fueron mermando su poder hasta convertirlo en una rémora para el propio Sánchez. El corazón del PSOE ha sido, durante estos últimos años, un cascarón de nuez vacío de contenido, incluso en los momentos más duros de la pandemia. La acción política del partido se concentró en el entorno más estrecho del Consejo de Ministros (Iván Redondo, incluido) y en una ejecutiva federal que, paulatinamente, fue dejando también de ejercer sus tareas, hasta el punto de que en Ferraz era difícil encontrar a sus miembros en los despachos, a excepción de su Presidenta: Cristina Narbona.

Posiblemente, Pedro Sánchez ha sido el presidente que más poder ha acumulado dentro y fuera del PSOE de entre todos sus Secretarios generales, incluso, más que Felipe González. El 39º congreso consolidó el triunfo del sanchismo pero también fue un hito en la historia del partido que transponía el asamblearismo de Podemos a unas estructuras muy consolidadas a las que difícilmente se podían adaptar los viejos socialistas que siempre vieron en el Comité Federal su particular Comité Central. Este fenómeno se hizo más evidente en las escalas municipales de la organización y en la vida política de los diferentes territorios. El socialista sentimental, sin embargo, ha ido observando cómo ese nuevo proceder en la toma de decisiones lo apartaba de la vida política de su organización. Un claro ejemplo de este debilitamiento orgánico ha sido la FSA, que durante los últimos cuatro años, ha sufrido una constante sangría de cuadros políticos.

El escenario político y electoral ha cambiado y ante la debilidad orgánica de los partidos, Pedro Sánchez ha comprendido que para resituar al PSOE por delante del PP en las encuestas será necesario dar un impulso a las siglas. Aunque “Sumar” se presenta como un proyecto de corte peronista en torno a la figura de Yolanda Díaz, la campaña de escucha de la ministra de Trabajo está siendo armada desde el poder político autonómico y municipal de IU que está disputándole el espacio político a Podemos sin sangre y sin ruido. Es curioso como el el PSOE siempre ha actuado adaptando sus estructuras orgánicas mirando de soslayo al PCE primero y a Podemos después. Más curioso resulta todavía comprobar cómo el rearme de IU ha hecho que Pedro Sánchez decida poner en valor, nuevamente, el órgano en el que convergen todas las miradas del socialismo y del que el Secretario siempre ha salido respaldado por unanimidad.

Javier Fernández (al fondo), atento a la sesión de investidura de Barbón. Foto: Iván G. Fernández

Como decía, el 39º congreso provocó la mayor crisis de la historia del socialismo español y un repliegue de todos aquellos presidentes de las federaciones que decidieron no alinearse con el sanchismo. Se pueden contar: Asturias, Andalucía, Aragón, Castilla La Mancha y Extremadura. Javier Fernández, Susana Díaz, Lambán, Page y Fernández Vara decidieron no dar la batalla, tan sólo marcar perfil propio y centrarse en mantener el control de sus organizaciones en sus respectivos territorios a la espera de que Pedro Sánchez cometiera algún desliz del que sólo pudiera salir con su cabeza sobre una bandeja. Lo que nadie percibió entonces fue que Pedro Sánchez se mostrase desde el primer día como un auténtico killer que se ha llevado por delante a sus más fieles escuderos, incluidos Ábalos, Calvo y ahora Lastra. Ministros y spin doctors también han pasado por delante de sus ojos con los pies por delante. Su resistencia hacia fuera ha sido incluso más cruel: Javier Fernández, Mariano Rajoy, Pablo Iglesias, Albert Rivera, Pablo Casado han caído antes que él. Ninguno le ha sobrevivido o ha sabido mantenerle el pulso. Las políticas del vértigo parecen haberle galvanizado y sólo la llamada europea puede hacerle cambiar La Moncloa por Bruselas.

En ese contexto, Adriana Lastra regresa a Asturias embarazada. Desde la vicesecretaría ha ejercido el control sobre toda la federación asturiana hasta el último congreso regional y los sucesivos congresos locales del territorio, en donde algunas piezas como Gijón o Llanes se han desconectado del sanchismo sin necesidad de confrontarlo. El propio Adrián Barbón, adalid de Pedro Sánchez desde que iniciara su carrera en el Peugeot, ha ido también despegándose del Presidente del Gobierno, proponiendo una agenda que no está sincronizada con la de La Moncloa, llegando a manifestar su decepción por la escasa ejecución que el Estado ha hecho de sus compromisos presupuestarios en el Principado. El secretario de la FSA también ha reconocido en sede parlamentaria los méritos de Núñez Feijóo como presidente en Galicia, le gusta mostrarse afable y campechano con el presidente de Cantabria , Miguel Ángel Revilla, y aún guarda espacio para ser un ferviente católico cuando comparece ante Jesús Sanz Montes, Arzobispo de Oviedo.

El binomio Adrián/Adriana ha venido funcionando hasta la salida de la ejecutiva de Lastra, que anticipamos en este diario hace varias semanas, con motivo de un deseado y feliz embarazo. Junto a Jimena Llamedo y José Luis Alperi, secretario del SOMA, han tratado de mantener las posiciones, aunque el declive del sanchismo como ventarrón que soplaba al albur de los nuevos tiempos políticos se acople perfectamente al anuncio de un fin de ciclo político, tal y como indicaba esta semana la última encuesta del CIS que otorga al nuevo presidente del PP mayor intención de voto que al PSOE.

Adrián Barbón, en el Congreso de la FSA. Foto: EFE/Eloy Alonso

¿Y ahora qué? Aunque pueda parecer que Adriana Lastra ha caído en desgracia, nada más lejos de la realidad. Algunos cuadros de la FSA llevan esperando este momento desde hace un par de meses con las espadas en alto. Para ellos, la salida de Adriana es un repliegue a sus trincheras, desde las que se planificará una reorganización de la Federación e, incluso, del gobierno y que podría tener consecuencias importantes en el devenir de la FSA durante el próximo año y medio. Como ya hemos anunciado en otra ocasión, no descartan que Barbón encabece dentro de un año y medio la lista socialista por Asturias al Congreso de los Diputados y aunque falta un año y medio para eso, el rumor sigue ahí, por mucho que el presidente haya decidido anunciar el próximo 8 de septiembre su voluntad de ser reelegido en los comicios autonómicos de mayo de 2023. Si Barbón no ganase las elecciones, ese escenario seguiría ahí presente. Los mismos cuadros tampoco descartan que Lastra asuma la más alta responsabilidad en la FSA en este movimiento interno y, en el delirio, ni siquiera descartan que la ex-vicesecretaria del PSOE esté dispuesta a dar el paso, llegado el momento oportuno y con toda la tropa asturiana detrás, y pugne por ser la primera mujer en ocupar la Secretaria General del Partido Socialista Obrero Español. Menudo viaje.

Por el momento sólo podemos concluir que el PSOE retorna a su antigua forma política, adaptándose a un escenario nuevo que aleja a Pedro Sánchez del cesarismo habitual. Para ello, tratará de fraguar nuevas alianzas con los secretarios territoriales y reforzar el Comité Federal. Casi se tiene la sensación de que Pedro Sánchez no se quiere ir del partido sin dejarlo tal y como estaba antes de su aparición. Estaremos atentos, porque de lo que pase este fin de semana en Madrid, también podrían desencadenarse algunos acontecimientos aquí.

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