La Vega y la siesta: La ciudad de Oviedo sigue… ¿dormida?

Espacios públicos que pasan a manos privadas por arte de birlibirloque, negocios privados sustentados en dotaciones públicas, y reducción inexorable del espacio ciudadano

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Antonio Díaz González
Antonio Díaz González
Forma parte del movimiento ciudadano "Imagina un Bulevar" y de la red Oviedo Sostenible.

Muy bien refleja nuestro paisano Clarín el carácter de los ovetenses, que vemos cómo nos van quitando lo poco que tenemos mientras seguimos dormitando. La muy noble, muy leal, y buena ciudad, sigue dormida desde entonces.

Y mientras la ciudad duerme, otros hacen caja con nuestro patrimonio. El último tuvo lugar con la firma del llamado protocolo de La Vega, que merece cualquier otro nombre, desde latrocinio hasta timo, pasando por robo a mano armada (el Ejército, ya se sabe), es un caso más que prueba que en esta ciudad tenemos un sueño profundo. Hasta que despertamos.

Lo primero que debemos dejar claro sobre este espacio (no parcela, que un CampoSanFrancisco y medio da para muchas “parcelas”) es que no lo compró ni la ministra Robles ni ninguno de los Jefes de Estado Mayor de la Defensa. Ni los actuales, ni ningún otro en la Historia, sino que fue cedida por el Ayuntamiento de Oviedo para uso como Fábrica de armas. Pero ni el Ejército ni el Estado pagaron por esa primera adquisición.

Está claro que la Fábrica de Armas ocupa mayor espacio que el que se le otorgó inicialmente, pero es muy dudoso que haya pagado por esas ampliaciones un precio de “mercado”. Tratar ahora de obligar a pagar a la ciudad es, como mínimo, una desvergüenza.

Por otro lado, revisando la historia reciente de nuestra ciudad, no es de extrañar que nos quieran tomar por tontos y no tengamos siquiera la inteligencia de decirles a los militares del fajín y a la ministra, que el ordenamiento urbanístico de estos terrenos es potestad del Ayuntamiento, y que ahora mismo tienen carácter de Suelo de Uso Industrial. Cualquier otro uso pasa por la aprobación del cambio de calificación del suelo, y esa es una potestad municipal.

Ahora bien, para mostrar hasta qué punto los carbayones tenemos desatendidos nuestros intereses, haremos un repaso de nuestra historia reciente, y veremos cómo nuestros derechos han sido expoliados, regalados, o malbaratados.

  • El No-Centro Comercial de El Vasco: Tras muchas idas y venidas, tenemos un conjunto de empresas explotando uno de los espacios que deberíamos haber empleado para uso público. Lo explotan empresas privadas, y lo coronan viviendas de lujo. Y de lucro.
Bulevar de El Vasco FOTO: Iván G. Fernández
  • El No-Bulevar de Santullano: La entrada a la ciudad por la autopista Y-griega es el acceso más transitado de toda Asturias, y quienes viven en su entorno que sufren el ruido, contaminación y molestias que causa, y apenas pueden utilizarlo para conectarse con la red de autopistas o acercarse el centro de la ciudad. Pero hasta el momento nadie se toma en serio la necesidad de “urbanizar” este tramo de autopista
  • El HUCA, el viejo, el nuevo, y la especulación: No se conocen muchos casos de hospitales en pleno funcionamiento que se hayan cerrado a cal y canto de la noche a la mañana, y bien parece que esto sólo pasó en Oviedo. Además, la consejera de turno no se cortó un pelo a la hora de dejar claro que los únicos planes para el antiguo HUCA eran la especulación urbanística pura y dura.
Antiguo HUCA Foto: Alisa Guerrero
  • El Calatrava: La historia de cómo el estadio de fútbol Carlos Tartiere acabó en manos privadas para la construcción de un nosesabequé está en la mente de todos los lectores, así que no vamos a decir nada más aquí.
  • Cinturón… ¿Verde?: Pocas o, mejor dicho, ninguna ciudad tuvo una red de ferrocarriles como la que conformaban en Oviedo El Vasco, Feve y Renfe. Un anillo ferroviario que sobrevolaba las calles y se sumergía en el túnel de San Lázaro. Renfe atraviesa desde más allá de la plaza de Castilla hasta la calle Independencia mediante un túnel, con un apeadero en Llamaquique que es la envidia de otros barrios. Y Feve salvaba la Avenida del Mar mediante un puente, así como la Avenida de Pando. La separación que causaba entre Pumarín y la loma de Pando está hoy plenamente vigente: se llama Avenida del Cantábrico, y es una autopista en medio de la ciudad, con sus guardarraíles, mediana y arcenes. Quienes veían el negocio inmobiliario le buscaron un nombre: ¿Verde? Asómese a los terrenos que ocuparon aquellas vías y busque este color, que como no encuentre algún guardia civil de servicio por la zona, no verá nada.
  • La Losa, qué mejor para un entierro: La cubrición de las vías de la Renfe se financió mediante aprovechamientos urbanísticos. Nos convencieron con la supresión de la barrera ferroviaria, la unión de las dos estaciones de Renfe y Feve, y la conexión con la de autobuses. De esto último, todavía no hay nada, y la obra de ampliación del puente superará en plazo de ejecución a El Escorial y la Capilla Sixtina.

Por la parte de la conexión con Ciudad Naranco, aparte de las promesas de finalizar ese paso inferior, no sólo no se hizo nada nuevo, sino que la conexión del Viaducto Marquina es ahora semipeatonal. El paso bajo las vías que da a la rotonda Luis Oliver, no está en Ciudad Naranco sino en Ferreros, es un permanente embotellamiento para los coches, y los peatones sólo tenemos una estrecha acera para transitar en fila india.

Finalizo este listado con la Losa: ¡qué peso! ¡Y qué parecido con un entierro! Y no porque no tenga más ejemplos, sino por no aburrir. En todos los aprovechamientos de los espacios de esta ciudad, es de destacar cómo los gobiernos municipal y autonómico, o bien se pusieron de acuerdo, o bien no se “pisaron la manguera”. Espacios públicos que pasan a manos privadas por arte de birlibirloque, negocios privados sustentados en dotaciones públicas, y reducción inexorable del espacio ciudadano. Esto es lo que nos han traído a los ovetenses el Principado y el Ayuntamiento, en sus distintos gobiernos.

Así que, señores Canteli y Barbón, vuélvanse Uds. por donde han venido, siéntense de nuevo delante del precioso cuadro de batalla naval, y traigan algo que no nos recuerde Trafalgar. Esta ciudad merece que Principado y Ayuntamiento colaboren para mejorarla, y no para saquearla.

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