El MC: del maoísmo al movimentismo

Ernesto M. Díaz presenta este viernes su libro sobre el histórico partido de izquierdas en el marco de los "Alcuentros Nortes".

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

En diciembre de 1966, ETA, una organización de jóvenes independentistas vascos descontentos con la moderación del PNV, y que todavía no se habían lanzado a la lucha armada, decidían la expulsión de su llamado sector obrerista. Los “herejes”, liderados por dos jóvenes activistas donostiarras, Patxi Iturrioz y Eugenio del Río, se habían ido apartando del nacionalismo vasco para defender una organización antifranquista y socialista que priorizara la participación en las nacientes Comisiones Obreras. La llamada ETA-berri (ETA-nueva) sería el germen de un partido comunista vasco, Komunistak, que en 1972 se fusionaría con otros grupos marxistas-leninistas de otros territorios para dar vida al Movimiento Comunista de España.

Influido inicialmente por el maoísmo, muy en boga en los años 60 y 70, el MCE, después solo MC, sería uno de tantos partidos de la izquierda radical surgidos al calor de Mayo del 68, críticos con la apuesta del PCE por un pacto con la llamada burguesía democrática y partidarios de una línea política menos conciliadora. Participan en la oposición antifranquista, en CCOO, el movimiento estudiantil y vecinal, y finalmente también en los organismos de oposición democrática, conformados por las izquierdas y la muy reducida derecha antifranquista. Se trata entonces de un partido minoritario, joven y ortodoxo, que compite con organizaciones radicales como el Partido del Trabajo de España o la Organización Revolucionaria de Trabajadores, mayoritarias en Madrid, Barcelona y Andalucía. Asturies y Euskadi serían en cambio dos territorios en los que el MC, Movimientu Comunista d´Asturies y el Euskadiko Mugimendu Komunista aventajaba a esas otras formaciones alternativas al PCE, que se disolverían llegadas al año 1980 tras sus reiterados fracasos electorales.

El terreno electoral sería sin embargo secundario para el MC. En las primeras elecciones, junio de 1977, es todavía ilegal. Apuesta entonces por formar coaliciones electorales con otros grupos de izquierdas, con una composición variable en función de los lugares y las alianzas, y una perspectiva muy federalista que le lleva a cambiar de nombre y aliados en cada territorio. De ahí saldrán proyectos efímeros como Unidad Regionalista en Asturies, y otras experiencias más exitosas como Euskadiko Ezkerra, que obtendrá un escaño, pero que al poco tiempo acabará en ruptura.

Si bien en los primeros momentos de la Transición el partido había apostado por cierto pacto social para lograr lo que entonces se conocía como ruptura democrática, algo que se traduciría en su entrada en los organismos unitarios de la oposición, tras las elecciones de 1977 el MC se opondrá a la llamada política del consenso y se coloca extramuros del nuevo sistema político, que consideraba muy continuista con las líneas maestras del franquismo. Así, el partido será muy crítico con los Pactos de La Moncloa, la Constitución y los Estatutos de Autonomía. Serán tiempos de ondear banderas republicanas y de nacionalidades y regiones, y defender la República, el federalismo y el derecho de la autodeterminación.

Sin embargo, la verdadera originalidad del MC como organización llegará en los años 80, cuando abandone casi por completo el terreno electoral, entienda que su lugar no está en las urnas sino en los márgenes de la política institucional, y evolucione de un comunismo más o menos ortodoxo a la implicación, muy activa, en animar los diferentes movimientos sociales, feminismo, ecologismo y pacifismo, al tiempo que sigue participando en el movimiento obrero, generalmente dentro de CCOO, que convoca en esa década varias huelgas generales contra la política económica de Felipe González.

Este nuevo MC movimentista será clave en el impulso a la lucha por el referéndum de la OTAN, la insumisión al servicio militar, el movimiento antinuclear o el emergente feminismo. En Asturies la militancia del MCA contribuirá de manera decisiva a echar a andar espacios como la Asociación Feminista de Asturies, las primeras movilizaciones por la oficialidad del asturiano o las renovadas fiestas de San Mateo, con el chiringuito Pinón Folixa como buque insignia.

La segunda mitad de los años 80, una vez superado el desconcierto y el desencanto que acompañan el final de la Transición, supondrá pues una cierta edad dorada de la organización, que atrae a un buen número de jóvenes a sus filas. Con una estética rompedora y una apuesta por abordar nuevas temáticas apenas exploradas por el resto de la izquierda, como los derechos LGTB o el antimilitarismo. En ese sentido el MC creará escuela, contribuyendo decisivamente a la renovación del discurso y las formas de las izquierdas alternativas, que tomarán nota de sus aportaciones y las irán incorporando a su hacer. Su capítulo más controvertido tendrá también lugar en esos años 80, cuando el partido preste su apoyo electoral a Herri Batasuna en plena guerra sucia del Estado contra el terrorismo a través de los GAL, pero también de campaña de atentados mortales de ETA. Un apoyo del que los principales dirigentes de la organización terminarían retractándose y haciendo autocrítica.

Movilización de AFA en los 80. Foto: Luis Sevilla.

En 1991 el MC se disuelve para fusionarse con la Liga Comunista Revolucionaria, de inspiración trotskista, en un partido de corta vida, Izquierda Alternativa, en el que el roce no hará el cariño entre los militantes procedentes de una y otra corriente. El experimento fracasaría fuera de Euskadi y Navarra, los territorios con más militantes e implantación social, donde Zutik seguiría hasta 2001, y Batzarre hasta la actualidad, ahora en coalición con la IU navarra.

Tras el fracaso de Izquierda Alternativa los ex MC decidirían no reconstituirse como partido político y optar por el contrario por mantener formas de colaboración más difusas a través de una revista, unos encuentros anuales y una asociación. Muchos de los militantes del extinto MC han mantenido vivas sus militancias en los movimientos sociales, en sindicatos, partidos de izquierdas y la organización Acción en Red, aportando cada uno en su terreno lo que fue la filosofía de este colectivo. Ernesto M. Díaz, doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Cádiz, donde es docente, ha tratado de condensar toda esta historia en “El movimiento Comunista (MC). Historia de un partido (1964-1991)” (Catarata, 2022). Este viernes se presentará a las 19:30h en El Manglar de Uviéu, en un Alcuentro Nortes que contará con la presencia del autor y de dos militantes históricos de la formación en Asturies, Paloma Uría y Miguel R. Muñoz.

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