Lógica del tiempo popular

La crisis del PP se produce dos días antes del congreso de Foro.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

El presidente de Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, ha cerrado definitivamente el paso a Teresa Mallada. El final de la carrera política de la ex presidenta de HUNOSA ha sido la crónica de una muerte anunciada por este periódico desde hace tres meses y se ha resuelto de un modo tajante, con mano de cirujano, pero abriendo una crisis en la cúpula del PP asturiano que llega a destiempo, en un momento de voladura controlada en unos casos, como sucede en el PSOE a través de sus primarias, en un momento de proceso congresual, en otros, como sucederá esta sábado con Foro Asturias. Es verdad que la dimisión de Mallada ha sido aparentemente limpia, pero se produce sin atender a la lógica de los ritmos políticos de Asturias, esa polifonía de voces diversas que se entrelazan entre la izquierda y también entre la derecha del arco parlamentario.

Porque la renuncia a ser candidata del PP en las próximas autonómicas acontece tan sólo dos días antes de que tenga lugar el congreso de Foro, el principal rival en estos momentos que tienen los populares ante las próximas elecciones autonómicas y municipales. Ambas formaciones se disputan en estos momentos el liderazgo de las derechas que no han sabido, después de casi cuatro años, conjugar un mismo verbo para poder poner en práctica un oposición eficaz y solvente al Presidente del Principado, Adrián Barbón.

¿Y qué sucederá este sábado en el Palacio de Calatrava de Oviedo? Pues tendrá lugar una conferencia política entre los afiliados de Foro que marcará el rumbo político de las próximas elecciones regionales y municipales del partido que fundó Francisco Álvarez Cascos. tras abandonar el PP. En esta ocasión, la ejecutiva de Foro podrá volar liberada de un auténtico peso pesado de la política asturiana. Sin lastres cargados de tantos significantes y significados, Carmen Moriyón ha consolidado su liderazgo en la formación junto a Adrián Pumares o Jesús Martínez Salvador, lo que les permitirá a los tres afrontar una nueva legislatura con una autopista, la del centro derecha, prácticamente levantada para ellos solos.

La lógica del tiempo en Foro está perfectamente definida y acompasada con los ritmos políticos de otras formaciones políticas. El partido puede competir en Asturias y Gijón sin verse acuciado por la elaboración de una estrategia o una candidatura ajenas. El único objeto que podía alterar sus leyes de la gravedad, su velocidad y trayectoria era la continuidad de Ana González en el Ayuntamiento de Gijón, incógnita que se ha disuelto en la galaxia socialista hace unas semanas. De manera que la lógica del tiempo de Moriyón no se va a sentir alterada por la lógica del tiempo en los otros. Pumares o Martínez Salvador han entendido que Gijón es un bastión donde existen posibilidades para poder ganar y también han comprendido que en la Junta del Principado se puede hacer política y convertirse en la referencia del centro derecha, liberados también de los discursos repetitivos con los que el PP ha estado rellenando las horas en el sótano de Fruela. La dimisión de Mallada no ha sido accidental, sino todo lo contrario, perfectamente programada.

No está de más recordar que Pablo González renunciaba a intervenir en la negociación del Estatuto, mientras un astuto Pumares convertía ese marco político en un debate sobre la fiscalidad en Asturias. La puesta en escena de ambos diputados configuró un claro ejemplo de los políticos que ocupan un escaño para fingir un posicionamiento y quienes lo ocupan para intervenir y protagonizar el debate político. ¿Debería acompañar Pablo González a Mallada a la salida del partido? Lo ha hecho, pero después ha cerrado la puerta por dentro y se ha quedado en el mismo lugar, donde siempre ha estado, en la dirección del PP. González ha demostrado ser un político camaleónico, de estirpe fernandina, al que sólo le ha faltado decir aquello de “marchemos francamente, y yo, el primero, por la senda constitucional” de Núñez Feijóo.

Pero la pregunta esencial para poder definir con cierta claridad cómo es hoy el puzle político de la derecha es la siguiente. ¿Todos los diputados del PP son iguales? ¿Acaso conforman una amalgama uniforme y tediosa? Ciertamente no. A cualquier periodista de la Junta no se le escapa que si hay alguien realmente predispuesto para ejercer el liderazgo e intervenir en los procesos legislativos y políticos que se suceden en el Principado es Álvaro Queipo. Joven e inteligente, el Secretario General del PP asturiano fue una de las voces que, discretamente, dejó entrever hace unos meses su voluntad de estar en el debate del Estatuto. Había que estar y no se estuvo, se lamentaría. Renunciar a una negociación como esa fue una oportunidad perdida para marcar perfil propio.

Descabezado el PP, queda por saber quién ocupará el mando en la cúpula del PP y si logrará corregir su errática lógica del tiempo en el universo de la derecha. Tanto si es Queipo como si no, el nuevo presidente deberá ser alguien dúctil (esta es la palabra de moda) y fiable, en un PP centralista pero lo suficientemente flexible para que el asturiano tenga cabida sin crear divisiones dentro del propio partido. Olvídense de la oficialidad amable. Piensen en la cooficialidad dúctil, pero también en la competitividad fiscal dúctil y en los liderazgos dúctiles y maleables, capaces de construir un programa propio inserto en el proyecto de Núñez Feijóo.

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