El señorito Iván Espinosa de los Monteros y los ‘bocachanclas’ de Vox

Bastó una intervención de Nadia Calviño, la voz más neoliberal del Gobierno, para taparle la boca a una ultraderecha que no tiene dos dedos de frente

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Paco Álvarez
Paco Álvarez
Periodista, escritor y traductor lliterariu d'italianu. Ye autor de les noveles "Lluvia d'agostu" (Hoja de Lata, 2016) y "Los xardinos de la lluna" (Trabe, 2020), coles que ganó en dos ocasiones el Premiu Xosefa Xovellanos.

Nunca imaginé que llegaría a aplaudir una intervención de Nadia Calviño, vicepresidenta de Asuntos Económicos y Transformación Digital, la persona más cercana al neoliberalismo de todas las ministras y ministros que forman parte del Gobierno. Escuché en directo, a través del Canal 24 horas (larga vida a la radiotelevisión pública de calidad) su respuesta en el Congreso al señorito Iván Espinosa de los Monteros, vi a buena parte de la bancada de izquierdas del Congreso levantándose para aplaudir el tremendo repaso que Calviño le dio a Espinosa de los Monteros mientras los ‘bocachanclas’ de Vox no sabían dónde esconderse ante el chaparrón. Al señorito Espinosa de los Monteros se le atragantaba la sonrisa impostada mientras escuchaba la respuesta de Nadia Calviño.

El señorito portavoz o el portavoz señorito (“lo mismo me da que me da lo mismo”, como decían Las Virtudes) de la ultraderecha española le dio por decir desde el hemiciclo que “desde que han llegado al Gobierno no conozco a ningún español que haya prosperado excepto ustedes y los indocumentados de Podemos“. La respuesta de Nadia Calviño fue un chorreo: “¿Eso quiere decir que no conoce a nadie que perciba el Salario Mínimo Interprofesional? ¿Que no conoce a ningún joven que ha conseguido por primera vez un empleo indefinido gracias a la reforma laboral? ¿No conoce a nadie que se beneficie de las becas? ¿Que no conoce a nadie que se beneficie de la inversión en educación. ¿Que no conoce a nadie que se beneficie de la sanidad pública, del transporte público gratuito, de las ayudas a los autónomos, de los ERTE, de las ayudas a las empresas, de los avales del ICO, del ingreso mínimo vital, de las ayudas a las familias que tienen niño pobres? ¿Pero cómo puede ser, señor Espinosa de los Monteros que no conozca a ningún español real?”

Pues no, los ‘bocachanclas’ de Espinosa de los Monteros, Santiago Abascal, Javier Ortega Smith y demás ralea no conocen a ningún español o española real, salvo que por real entendamos realeza (a esa sí le hacen reverencias). El discurso de los señoritos de Vox no va más allá de envolverse en la banderita rojigualda y defender su “patria española”, lo que ellos entienden por esa patria española en la que sobran los pobres, las clases populares, los inmigrantes, los subversivos, las feministas, las lesbianas, los gais, los transexuales, los sindicalistas y quienes quieren ponerles nombres a las víctimas del fascismo que siguen en las cunetas…

La ultraderecha española no tiene dos dedos de frente, ninguna ultraderecha tiene dos dedos de frente. Pero detrás de Vox, esa sigla de chichinabo abanderada por personajes que dan pena, dolor y asco, hay más de tres millones de votos. Tres millones de votos que, llegado el caso, apoyarán por acción o por omisión un Gobierno presidido por Alberto Núñez Feijoo, el supuesto candidato moderado del PP.

Vienen curvas en lo poco que queda de legislatura. Las derechas se mantendrá fieles a su vieja consigna de “Prietas las filas” y las izquierdas no deberíamos dedicarnos al navajeo entre nosotras. Yo estoy lejos, ideológicamente, de Nadia Calviño, pero hoy aplaudo que a la vicepresidenta no le temblara la voz ni el discurso para rebatir a la ultraderecha fascista.

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