La factura de la luz: entre la regulación y el precio libre

Pagamos una factura de la luz más barata que si no contásemos con el mecanismo del tope de la luz, pero mucho más elevada que si el Gobierno adoptara medidas más tajantes contra los intereses del oligopolio

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Pablo García
Pablo García
Es sociólogo, vecino de Llangréu y activista del Conceyu pola Transición Xusta.

Mucha gente está cabreada estos días porque ha recibido la factura de la luz con un cargo que antes no existía: “Mecanismo de ajuste RDL 10/2022”. Un coste que implica un incremento de entorno al 40% en el precio acordado con la comercializadora. Es decir, entre 30 o 40 euros más del precio que venía pagando en el mercado de precio libre.

Por tanto, a cualquier tarifa de mercado libre que se haya ofertado con posterioridad al 26 de abril de 2022 tiene que sumarse el coste del mecanismo de ajuste, que se establece en función del precio diario del gas empleado en la producción de electricidad para el mercado mayorista. Un precio dislocado, que se situaba hace una semana en 156 euros por MW/h, lejos de los 346 con los que se cerró el mercado el 26 de agosto, pero también de los 28 euros a los que se pagaba en agosto de 2021.

En el caso de quienes tienen un contrato de mercado libre anterior al 26 de abril de 2022, éstas se verán afectadas conforme vayan renovando los contratos dentro del periodo de los 12 meses siguientes. Por su parte, a quienes tienen contrato regulado PVPC no se les incorpora ningún concepto nuevo, al estar ya incluida la compensación al tope en el precio final.

Ahora bien, el mecanismo del tope de la luz que se aplica en España y Portugal permite que los precios no suban tanto como en el resto de Europa, donde están pagando por megavatio de electricidad, prácticamente, el doble. Si comparamos los precios de estos días en los mercados europeos, el precio medio diario en España es de 134,3 euros/MWh, mientras que en Alemania el precio es de 260,6, en Francia de 260,5 y en Italia de 263,6.

Siendo nuestro precio inferior porque a diferencia de lo que ocurre en el resto de la UE, solo pagamos el precio máximo del gas a la parte que generamos con gas, que en nuestro caso ahora, que hay poco viento, es del orden del 30% del total de la energía.

En resumen, pagamos una factura de la luz más barata que si no contásemos con el mecanismo del tope de la luz, pero mucho más elevada que si el Ministerio de Transición Ecológica adoptara medidas más tajantes contra los intereses del oligopolio.

La factura de la luz sería mucho más barata acometiendo la revisión a fondo de los peajes y cargos que encarecen enormemente la factura (beneficios caídos del cielo, déficit de tarifa, pagos por capacidad, pagos no evaluados por distribución) y que se trasladan hacia los hogares y pequeños establecimientos con exagerada desigualdad, así el 47% de los peajes y cargos los pagamos las personas consumidoras, cuando sólo representamos el 23% del consumo total.

Otra medida imprescindible para abaratar la factura de la luz sería -a semejanza del tope a la TUR en el sector del gas-, la imposición de estrictos topes al precio de la tarifa regulada PVPC, en lugar del grave error político cometido por la ministra Teresa Ribera de dejar saltar por los aires la tarifa regulada de la luz en octubre del pasado año.

A río revuelto ganancia de pescadores

De otra parte, la aplicación del mecanismo de ajuste ha disparado la habitual picaresca de las comercializadoras, modificando los contratos de mercado libre con precio fijo firmados antes del pasado 26 de abril, para aplicar el mecanismo de ajuste cuando aún no toca o modificando el contrato sin previo aviso para empezar a incluirle en la factura el nuevo coste de forma fraudulenta.

En relación a la modificación de contratos de luz vigentes, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) advierte que si se ha contratado un precio fijo para la duración del contrato, las variaciones que haya en el precio del mercado de producción de electricidad (ya sea por la evolución de los precios de los combustibles, del precio del CO2 o de los impuestos sobre la generación) no deben ser trasladados a las personas consumidoras a través de una modificación del precio del suministro. El riesgo de estas posibles variaciones debería estar internalizado en el precio de este tipo de ofertas. Por tanto, en estos casos, las modificaciones que están realizando los comercializadores antes de la finalización del contrato o su prórroga, no son acordes a lo previsto en dicho contrato.

Asimismo, es importante saber que las personas consumidoras tenemos derecho a que las comercializadoras eléctricas nos informen sobre cualquier intención de modificar los precios o las condiciones del contrato al menos un mes antes de que dicha intención se materialice. Además, en las comunicaciones relativas a la modificación de los contratos que nos deben enviar con, al menos, un mes de antelación a la finalización, las comercializadoras tendrán que incluir una comparativa de los precios aplicados antes y después de la revisión, así como una estimación del coste anual del suministro antes y después de la revisión.

Qué hacer mientras disputamos el poder al oligopolio

Mientras en el caso del gas está claro que la tarifa regulada o TUR es la más barata, en el caso del sector eléctrico no está claro si hay que estar en el mercado libre o en el regulado.

Los datos disponibles a los dos primeros meses desde la aplicación del tope al precio del gas destinado a la producción de electricidad, nos dicen que las personas consumidoras con contrato regulado PVPC se han beneficiado de una reducción promedio de la factura de la luz del 15 % durante esos dos primeros meses, mientras que el precio en el contrato de mercado libre se incrementó del orden del 40% al establecido en el momento de la contratación.

No obstante, hay que tener presente que si el contrato que se tiene está firmado antes del 26 de abril de este año aún no le han aplicado el coste del mecanismo de ajuste, entonces, probablemente, lo mejor sea quedarse en el mercado libre.

Si estando en el mercado libre (es decir, si recibimos factura de Total Energies, Iberdrola, Endesa, Naturgy o Repsol) nos han incluido en la factura el coste del mecanismo de ajuste porque el contrato se renovó con posterioridad al 26 de abril, lo que procede es entrar en el Comparador de Precios de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), el único fiable o, más fácil aún, consultar con nuestro móvil el código QR de nuestra factura de luz, y comprobar, fácil y rápidamente, si nos interesa alguna de las ofertas de precio libre o la tarifa regulada PVPC. Salvo que tengamos penalización por permanencia en el contrato, podemos cambiar de compañía cuando queramos, aunque en la factura veamos un texto que dice “el contrato tiene duración hasta fecha…”, eso no significa obligación de permanencia.

Otra recomendación para pagar menos por la electricidad es ajustar la potencia contratada. Tener más potencia de la que hace falta es derrochar dinero. Una manera sencilla de averiguar si tenemos más potencia de la que necesitamos es si no saltan los plomos, por lo menos, dos veces al año. Ello es indicativo de que tenemos más potencia de la que necesitamos.

En tercer lugar, otra manera de ahorrar es aprender a gestionar nuestro consumo. Como explica Alba del Campo, “el consumo energético es como la cesta de la compra. La vamos llenando cada vez que encendemos un electrodoméstico, con la salvedad de que en el mercado compramos sabiendo el precio de cada cosa, y la cesta energética la llenamos a ciegas. Un ejemplo: una lavadora que pongamos a 30℃ gasta 3 veces más que en frío. Si la ponemos a 40℃, gasta 6 veces más, y a 50℃ 12 veces más. Es decir, que en nuestra cesta de la compra energética, lo mismo metemos caviar, que mortadela y a final de mes nos llevamos las manos a la cabeza. Por tanto, aprender gestión energética es entender qué gasta más y qué menos para poder tomar decisiones informadas”.

Al igual que si tenemos tarifa regulada PVPC, es recomendable ajustar los consumos más elevados a las horas con precio más barato, puesto que hay diferencias de precio sustanciales entre las horas punta, llano y valle.  

Ahora bien, más allá de las decisiones personales para pagar lo menos posible por la luz, más allá de contratar con una cooperativa, aprovechar las posibilidades del autoconsumo mediante placas fotovoltaicas o beneficiarse del bono social siempre que sea posible, hay una batalla política en cuyo trasfondo las compañías del oligopolio pretenden la continuidad de su posición de poder y sus sobrebeneficios.

Beneficios extraordinarios que las eléctricas sacan de nuestros bolsillos mediante peajes y cargos, como hemos señalado más arriba, que han sido “cocinados” e incluidos en la factura a lo largo de los años, como es el caso de los “beneficios caídos del cielo”; los nunca justificados cargos por transporte y distribución; el “déficit de tarifa” o los “pagos por capacidad de respaldo”.

Necesitamos terminar con todas esas prebendas para pagar un precio justo, necesitamos seguir fortaleciendo un proceso de transición a un modelo renovable, con presencia de una empresa pública que haga de contrapoder al oligopolio, y necesitamos una gestión social y democrática de la energía, donde ésta sea un derecho inalienable de la ciudadanía.

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