Barzin, un folk luminoso y crepuscular

El músico canadiense celebró este miércoles un gran concierto en La Salvaje sembrado por el misterio y la melancolía

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Hay algo misterioso en el rostro de Barzin Hosseini. Es la manera de acariciar sus canciones o la seguridad con la que rasga las cuerdas de su guitarra. Su rostro deja entrever un secreto, a saber qué, un gesto de fuerza contenida que se disipa con una mirada pícara y sonriente hacia el público. Al micrófono, su voz evoca un rumor suave e intenso, capaz de embriagar toda la atmósfera con un aire melancólico y ensoñador. Es un tipo que parece haber huido de un lugar muy lejano y al que te has encontrado en la barra de un bar apartado, en un pueblo cubierto por la nieve, donde has caído siguiendo un desvío de la autopista, alimentando el vértigo del camino, mientras te agarrabas al volante y huías del pasado.

Con un Everybodys Got to Learn Sometime, Barzin abrió en La Salvaje un concierto íntimo, cálido y sentimental. Su versión del tema, lanzado por The Korgis en 1980 y que Beck después interpretó para la película dirigida por MIchel Gondry, Eternal Sunshine of the Spotless Mindm, ya anticipaba lo que iba a dar de sí una noche que, con la sola presencia de la banda del canadiense y sus canciones, haría tejer una trama de complicidades en las que estarían presentes los errores, las derrotas, los recuerdos, las redenciones y los remordimientos.

Barzin. Foto de David Aguilera Sánchez.

La voz contenida, susurrante y aterciopelada de Barzin Hosnnine llega a ser en ocasiones hipnotizante. To Be Missed in the End y Voyeurs in the Dark sonaron más folky que en sus versiones originales publicadas en el LP del mismo nombre. Barzin es compositor, interprete y también poeta. Vive volcado en el folk y el pop que, con su banda, adquieren un carácter narcótico y atemporal. La melancolía es paralizante. Logra detener el tiempo, abrir un paréntesis que busca el sosiego o todo lo contrario, revolver imágenes pretéritas, recomponer un puzle que se desordena con las emociones.

El concierto de La Salvaje continuó con Without your Light, perteneciente a su LP To Live Alone in a long summer, un disco en ocasiones luminoso y, en otras tantas, como sucede con este tema, lánguido y crepuscular. De ese trabajo también interpretó All the while y Stealing beaty. To Live Alone…es un álbum de folk sin tiempo, que se mece en el pasado y en el presente como si no hubiese distancia entre los años 40 y 50 y este acelerado siglo XXI.

Barzin en La Salvaje. Foto de David Aguilera Sánchez.

El universo de Barzin está preñado de baladas y el miércoles nos regaló Queen Jane, en una versión más etérea, junto a María Mieres, integrante de San Jerónimo, una estremecedora canción de amor que tomaba nuevas resonancias, más profundidad.

El mundo se derrumba y nosotros escuchamos a Barzin. Seguimos conduciendo, como dice la canción de su album My Life in Rooms. El mundo nos expulsa y nosotros buscamos los viejos discos o esas canciones que nos hacen llorar por dentro, canciones que parecen inmarcesibles a nuestros demonios, pequeños rincones y secretos convertidos en un refugio que nada tienen que ver con el ruido de la calle ni el frío de la nieve, en un bar desviado de la gran autopista.

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