La imparable derechización del Gobierno de Barbón

"El mensaje de Vox va calando incluso entre los socialistas", tuitea orgulloso Ignacio Blanco, portavoz de la ultraderecha.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Tres por uno. Salario social, Ley de Calidad Medioambiental y protocolo de La Vega. Todo en la misma semana. Una vez más, el Gobierno de Adrián Barbón ha vuelto a dar muestras de su imparable derechización. Melania Álvarez, consejera de Bienestar, con una gestión más que discutible al frente de su área de gobierno, ha sido quien ha puesto sobre la mesa el salario social. No para poner el foco en los múltiples problemas de funcionamiento de un derecho reconocido por ley, pero cuyo acceso sigue obstaculizado por múltiples trabas burocráticas, sino para denciar que hay mucho receptor que no coge el teléfono cuando le ofrecen un puesto de empleo en este paraíso de las oportunidades laborales llamado Asturias. Desde Podemos e IU han montado en colera, y acusan a la consejera de comprar el discurso de Vox, que se opone al salario social y al Ingreso Mínimo Vital, pero quiere ayudas públicas para quien contrate a una asistenta o una interna.

Fuego. La consejera se defiende de las críticas de la izquierda alegando que lo que le preocupa es la “sostenibilidad del sistema”, al parecer amenazada por los receptores de ayudas sociales, y explica que desde lo público “no se puede mirar a otro lado”. No culpa a los pobres de ser pobres, pero casi. Más fuego. Barbón salta a defender a su consejera y con aire paternalista vuelve a poner el foco en los holgazanes que quieren vivir del cuento: “La persona que esté en condiciones de trabajar y rechace trabajar perderá el salario social. Eso es así”. El presidente no hace muchos matices. No parece tener en cuenta ni la duración de los empleos, ni el sueldo, ni las listas de espera en la consejería de Bienestar Social, motivo que explica el justificado temor de muchos receptores a perder el salario social si aceptan un contrato temporal. Satisfacción en la bancada de la ultraderecha. Nunca la han visto tan gorda. Ignacio Blanco, el portavoz de Vox, hasta se permite felicitar a Barbón por su “valentía” al asumir los problemas del salario social, y tuitea que el mensaje de su partido cala en los socialistas.

Barbón, preocupado por el abrazo del oso voxista, tiene que marcar distancias con los neofranquistas, y les acusa de ser “antihumanistas y anticristianos” por querer suprimir el salario social, que él, en todo caso, defiende.

Siguiente tema: la Ley de Calidad Ambiental. No vamos a añadir aquí nada que no hayamos contado ya antes en Nortes. Es la medida estrella del hombre fuerte del Gobierno, Juan Cofiño. Saldrá adelante con los votos de la derecha, y la oposición de la izquierda, el ecologismo y CCOO. Se carga controles ambientales y reduce la posibilidad de la ciudadanía de plantar oposición a un proyecto de alto impacto. Pongamos un ejemplo al azar: una mina de oro en el Occidente asturiano. ¿Más pistas?

Tiene uno la sensación de que Barbón percibe su flanco izquierdo tan débil en estos momentos que puede permitirse el lujo de pactar con la derecha sin coste alguno, y más tratándose de una ley tan árida y técnica, imperceptible para la mayoría de la opinión pública.

Representantes de Ayuntamiento, Principado y Defensa en la firma del protocolo de La Vega. Foto: Gobierno de Asturias.

Más complicado resulta en cambio lo del protocolo de La Vega. Aquí sí hay muchos ojos mirando. En los últimos 10 años Oviedo ha ido descubriendo el interior de una formidable fábrica que hunde sus raíces en la revolución industrial. La oposición a los planes inmobiliarios de Canteli-Barbón-Robles, y claro está, los constructores que no salen en la foto, va en aumento, con una manifestación prevista para el 5 de noviembre y un candidato socialista, Carlos Llaneza, abiertamente contrario a lo que se negoció en Madrid. Barbón da una de cal y otra de arena. Le responde a Ricardo Menéndez Salmón, de Podemos, que el protocolo es “el mejor de los posibles”, pero avisa que si Llaneza gana, estará dispuesto a renegociarlo. En la Grecia clásica a esto lo llamaban sofismo, apunta Xicu Valledor en Twitter. De todas formas, reconoce Barbón, ganar en Oviedo “está complicado”. Ahí estamos, dando ánimos a los compañeros socialistas carbayones.

Llueve sobre mojado. Un alcalde socialista en Oviedo es un incordio, sobre todo si tiene ideas propias. Casi mejor pactar con la derecha en la capital asturiana. Lo inventó José Ángel Villa en 1991, cuando el SOMA hizo todo lo posible porque Antonio Masip perdiera la alcaldía frente a Gabino De Lorenzo. Unan ustedes la línea de puntos.

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