Arde Bogotá revienta el Albéniz

Más de 600 personas celebran "La noche" de la banda cartagenera que pone fin a la gira Vibra Mahou

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Este sábado regresaron a Asturias. En apenas cinco meses, Arda Bogotá ha dado en Gijón y Oviedo tres conciertos. En el Vibra Mahou Fest de Gijón de junio compartieron escenario con Sienna, Natalia Lancuza o Delafe. En una lluviosa mañana de julio, fueron el concierto sorpresa del Vesu Fest de Oviedo y su nombre estaba en el mismo cartel con Los Planetas. Finalmente, esta semana tuvieron para ellos solos la sala Albéniz donde fueron recibidos con un rotundo y ensordecedor sold out que congregó a más de 600 personas. Si esta semana Arde Bogotá quisiera tocar otra vez en Oviedo o Gijón, volvería a reventar la taquilla. Se trata de un éxito atronador con el que la banda cartagenera pone fin a su gira Vibra Mahou. Como venimos diciendo, el indie no es un sonido, es una industria con la que decenas de grupos emergentes han estado rodando por toda España y pagando sus facturas desde hace tres años. Pararse es morir.

Arde Bogotá durante el concierto en la sala Albéniz. Foto de David Aguilar Sánchez.

Ninguno de sus miembros llega a los treinta años de edad, pero su desparpajo ya es el de una banda rodada que ha ido tachando bolos, entrevistas y presentaciones en las hojas del calendario, día sí y día también, desde que publicaron, hace un año, su primer Lp, La noche. El verano de 2022 ha sido un curso acelerado de geografía española, girando de ciudad a ciudad, de pueblo en pueblo, de festival en festival hasta cristalizar en una de las bandas más empáticas y meanstream de la escena musical de nuestro país que, mayormente, hace rock y pop. Por el medio, también se han convertido en el icono sociológico de toda una generación con una brillante formación, que desconfía de los políticos, se inclina hacia la izquierda y mira por el retrovisor a la derecha, que vive el momento y lo exprime sin concesiones, que desea cumplir sus sueños sin demasiadas certezas y tampoco aspira a grandes proyectos colectivos que no sean tan livianos como la música.

El público de la sala Albéniz durante al final del concierto de Arde Bogotá. Foto de David Aguilar Sánchez.

Su música busca canciones conectadas al pop, con dinámicas del indie, sin pretensión intelectual alguna, pero lo suficientemente materiales como para crear una complicidad absoluta y a la par inquebrantable, con el público. El sábado Antonio García, Dani Sánchez, Pepe Esteban y J (José Mercader)  presentaron los diez temas de La noche y os otros cinco trallazos de realidad incluidos en su primer Ep El tiempo y la actitud.

Es difícil encontrar bandas cuyo repertorio pueda ser cantado íntegramente y al unísono por el público. No sucede con L.A.M.O.D.A, Viva Suecia ni tampoco con Shinova. Pero Arde Bogotá sí es una de ellas. Como sucede con Izal, como pasa con Angel Stanich. Y aunque su música ha sido orientada hacia el público millenial, lo cierto es que la sala Albéniz estaba también copada por cayetanos encamisados, algún hippie reconocido, parejas prendidas de la cintura o cincuentones entregados a su causa. Desde Dangerous, pasando por una versión eléctrica, popera y traviesa de Mi Carro, hasta llegar a Antiaéreo, Exoplaneta y Abajo, la banda mantuvo al público en danza, cumpliendo unas expectativas muy altas y con una fe desmedida en una noche que celebraba a una generación que se observaba en el espejo de sus canciones convertidas en cápsulas de su propio tiempo.

Queda por demostrar que Arde Bogotá no es flor de un día o de una gira y que no se agotará en tres tragos como un tercio de cerveza. En noviembre volverán al estudio de grabación y tendrán la oportunidad de confirmar que hay gasolina suficiente para que arda el país con más canciones, más conciertos y más festivales. Ya lo hemos dicho aquí. La industria del indie busca banda y, probablemente, Arde Bogotá lo sea. Estaremos atentos.

Fotografías de David Aguilar Sánchez:

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