Álvaro Queipo: el adversario

El Secretario General estará dispuesto a abordar la reforma del Estatuto desde planteamientos profundamente institucionales

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Que Álvaro Queipo fuese propuesto para enderezar el rumbo del PP asturiano era un movimiento de ajedrez hasta cierto punto lógico, algo que ya habíamos citado en alguna ocasión en este diario pop. Más allá de nombres lanzados a su suerte, solo Quiepo alcanzaba verdaderas cotas de veracidad, después de que Teresa Mallada, la reina del tablero, permaneciese más de tres meses enrocada en su propio ensimismamiento tras ser apartada por Alberto Núñez Feijóo de la carrera electoral. Todo lo que vino después, fueron simples movimientos que tenían mayor fundamento en las leyes de la física que en las de la política.

Álvaro Queipo en los sótanos de Fruela. Foto de Iván G. Fernández.

Aunque Feijóo busque candidatos ganadores, en Asturias el PP no se plantea ganar las elecciones. No hay encuesta que les otorgue ninguna victoria. Que Álvaro Queipo sea quien tome las riendas del partido sólo puede ser interpretado como una reacción bastante realista y sensata de la situación que padece. No se trata de arroyar a Barbón. Se trata de apuntalar una organización para que pueda hacer política en los próximos años con garantías de no diluirse en la nada. Por lo tanto, cada gesto, cada decisión, cada toma de posición, estarán orientados en los próximos meses a la estabilización de un partido que ha permanecido durante los últimos años flotando a la deriva en los sótanos de Fruela.

La bendición de Alfredo Canteli, Alcalde de Oviedo, en la comisión ejecutiva del pasado martes facilita un proceso que se prevé neutro, sin grandes puntos de giro en el guion, sin excesivas sorpresas y que dan buena cuenta de la influencia de la organización de Oviedo en la política regional, hasta el punto de que será determinante para que las aguas del río no desborden su cauce.

Teresa Mallada junto a Pablo Casado y Alfredo Canteli. Foto: twitter PP.

Queipo redibuja el escenario de la derecha en Asturias en tres territorios diferentes. En las tierras del norte, Foro, cuyas huestes parlamentarias están encabezadas por Adrián Pumares y Carmen Moriyón, deberán reforzar su perfil regionalista y, a la vez, intensificar el bombardeo de iniciativas políticas, para no verse asediados por el carácter pactista que, hasta la fecha, no ha podido desplegar el Secretario General del PP.

Pumares, Moriyón y Jesús Martínez Salvador han marcado tres objetivos de cara a las próximas autonómicas y municipales. Crecer en los municipios, crecer en el parlamento y ganar Gijón. Esta tríada es perfectamente compatible con el proceso de fortalecimiento del PP. Tan compatible que no resulta desdeñable que entre ambas organizaciones se teja algún tipo de alianza. Eliminado Francisco Álvarez Cascos de la ecuación y constatado que Vox se encuentra en un insólito estado de descomposición, el diálogo de las derechas se simplifica y adquiere más sentido y razón de ser para definir una buena oposición y, quien sabe, un equipo de gobierno en Gijón.

En el territorio del propio PP, Queipo se verá obligado a decidir el papel que jugará su diputado y presidente de la gestora en Gijón, Pablo González, en los próximos meses: ¿seguirá flotando en las cloacas de Fruela o se dejará mecer por las olas del mar frente al Cantábrico? Será interesante conocer con qué verbo conjugarán la gramática de la derecha, si desde presupuestos liberales o, por el contrario, desde el hegemonizante populismo irradiado por Isabel Díaz Ayuso desde Madrid. Qué objetivos se plantea Queipo para las elecciones municipales en la ciudad más grande de Asturias es todavía un enigma que no tardará mucho en desvelarse y que, de forma indirecta, reflejarán si Álvaro Queipo está dispuesto a no dar por perdida la batalla con un candidato que sea capaz de no verse eclipsado por Jesús Martínez Salvador o por José Manuel Floro. Si es así, Pablo González no es el candidato.

Pablo González y Teresa Mallada. Foto: Iván G. Fernández.

Esta vez sí, la reforma del Estatuto de Autonomía estará en la agenda de todos los partidos. Queipo es un hombre inteligente y no ignora la importancia que tiene estar dentro de los procesos políticos. De manera que redimensionará el debate de la reforma en cuanto comience la próxima legislatura si es realmente el próximo candidato del PP. El Secretario General estará dispuesto a abordar el Estatuto desde planteamientos profundamente institucionales que condicionarán las nuevas reglas del juego. Instará a la creación de una comisión parlamentaria para que allí todo el mundo se retrate. No hay que olvidar que el joven diputado popular ha sido de los pocos parlamentarios ubicados en el centro derecha dispuesto a reformular la cooficialidad con la misma indulgencia que expresa a la hora de profundizar en el desarrollo de la Ley de Uso y Promoción de la Llingua.

Hasta la fecha, Álvaro Queipo ha sido un político con un perfil discreto, más atento a los acontecimientos y los constantes cambios de discurso de su partido que a su propio protagonismo como Secretario General. Su distanciamiento con Mallada ha contribuido a que permanezca más tiempo del debido en silencio. A partir de ahora, irán cobrando sobre él la gravedad de los adjetivos que permitan hacernos de él, un perfil más real y más expuesto a los avatares de la política asturiana. Con su nombramiento, el centro derecha puede ganar estabilidad interna y dinamismo en los debates y en la negociación de las leyes. Queda por demostrar si Queipo es un adversario tan dúctil como Pumares, si el Partido Popular puede ser pesado como un tanque a la hora de articular la oposición y ligero como una pluma a la hora de participar y negociar leyes y enmiendas con el resto de las fuerzas parlamentarias. En definitiva, si con Quipo, el PP es realmente un partido liberal o un cementerio de elefantes. Es el momento de que irrumpan los adjetivos.

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