Visiones de fuego, la alquimia del poder

La historiadora María Pandiello desvela la iconografía de los alquimistas de los siglos XV a XVIII en el último libro de La Felguera

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

La mayoría de alquimistas no eran magos. Podían ser perfumistas, artistas, artesanos, galenos, farmacéuticos, filósofos o teólogos. Se movían entre bibliotecas, minas, jardines, conventos, laboratorios y, sobre todo, deambulaban por la corte de los reinos entre el siglo VI y el siglo XVIII, ávidos de influencia, dinero y poder. Como dice la historiadora del arte, María Pandiello (San Sebastián, 1981), en su ensayo Visiones del fuego. Una historia ilustrada de la alquimia (La Feguera, 2022), “la alquimia buscaba resultados tangibles y era, ante todo, una práctica que requería experiencia”.

Fue una noche de vigilia, en un palacio florentino, durante una estancia de tres meses dedicada a la investigación de la influencia del arte italiano en el Manuscrito Portugués, cuando María Pandiello tuvo un fogonazo. Rodeada de libros, pasaba muchas noches curioseando, husmeando, hasta topar con una imagen alquímica original datada en el siglo XV. Pandiello investigaba la propaganda política y el uso de la imagen como método de persuasión a través de una crónica de aquella centuria en la ciudad de Lisboa, donde finalizaba su doctorado en la Universidad Clásica. “La alquimia tiene mucho de seducción. Utiliza un lenguaje muy seductor, apelativo, iniciático y sugiere muchas cosas al tiempo que esconde muchas otras. En ese sentido, puede funcionar como el arte y la propaganda”.

María Pandiello en el Toma 3. Foto de David Aguilar Sánchez

De Merlín y las leyendas artúricas, pasando por Leonardo DaVinci o los arqueólogos y científicos nazis, todos ellos tienen algo en común: es muy difícil desvincularlos del poder. “Efectivamente, la alquimia es muy cortesana, aunque cuando se contagia de los discursos del misticismo se oscurece”. Lo cierto es que la imagen del alquimista en la torre, evocando a los astros, está alejada de la realidad, no representa a su totalidad, pero sí hay algo que actúa como denominador común de su tarea: el secreto.

Pandiello usa el símil de los artesanos de espejos de gran formato. Hasta el siglo XVII no existía registro escrito de sus técnicas y tan sólo había dos ciudades donde se practicaba la disciplina: París y Venecia. Sobre la técnica de los espejos como sobre la alquimia, se tejió una red de espionaje, se practicaron sobornos y se asesinaba a los fabricantes y a cualquier hombre o mujer que tuviera conocimientos.

Visiones del Fuego también relata la fascinante vida de Federico Gualdi, un libertino y casanova que habitó la ciudad de Venecia durante el siglo XVII. La ciudad de los canales era por entonces un lugar inhóspito, tan refinado como salvaje, habitado por contrabandistas, artistas, nobles y mercaderes, abierto al libertinaje, sembrado por la violencia, la codicia y la corrupción, un gineceo espactacularmente dispuesto siempre a la traición e indiferente a la sangre. Gualdi no tardó mucho tiempo en contraer matrimonio con una viuda propietaria de una mina. De ahí a la alquimia sólo había un paso para ganar influencia y poder en la Babilonia de Europa. Pero Gualdi fue acusado en 1675 de nigramante y mago. Se dice que “había vendido su alma al diablo, blasfemaba contra Dios y practicaba la idolatría de la forma más inusitada: obligando a sus seguidores a besar sus excrementos”. Normalmente los alquimistas son busca-fortunas lo que no significa que sus tratados no fueran interesantes. No dejaban de ser gentes que tenían que buscar financiación y en sus estrategias, la imagen jugaba un papel importante para poder seducir.

María Pandiello. Foto de David Aguilar Sánchez.

La alquimia y el poder han caminado juntas y unidas de la mano. Pandiello ha investigado cómo el alquimista siempre está asesorando a nobles, reyes y emperadores “y tiene todo el sentido porque sus experimentos son muy caros y requieren de un mecenas a no ser que sea el propio dueño de las materias primas para financiarse”. Entre los reyes que practicaron la alquimia o gestionaron sus propios laboratorios, Felipe II es el principal ejemplo. “Era un completo hipocondriaco que buscaba incesantemente la manera de sufragar las guerras contra el protestantismo”.

Y es que Visiones de fuego puede ser observado como un enorme trazado histórico que va del siglo XV al XIX, dibujando una cartografía de los deseos más oscuros pero siempre presentes, los que van desde la codicia a la persuasión de las masas. Y todos confluyen en un uno solo que servirá para dominarlos a todos: el poder. “Nunca lo había pensado, pero es cierto que la alquimia estuvo siempre interrelacionada con el poder. Y aunque el alquimista podía ser objeto de ajusticiamiento por la Santa Inquisición, generó debates filosóficos y teológicos de primera magnitud. Se practicaba para combatir a otras naciones, produjo debates nominalistas sobre la sustancia de la materia, financió empresas religiosas y militares. ¿Una cosa que se parece a otra cosa es esa misma cosa?”

María Pandiello. Foto de David Aguilar Sánchez.

El discurso histórico oficial ha presentado la religión y la alquimia como mundos contrapuestos, pero a juicio de María Pandiello “la realidad lo desmonta”. Se conocen bulas papales prohibiendo la práctica y exonerando a cardenales para que hicieran uso de ella. Lo mismo sucede a finales del siglo XVIII con la ciencia. El farmacéutico Etienne-François Geoffroy es conocido como el autor del primer “Algunos trucos relacionados con la Piedra Filosofal” nacido como un alegato contra la fabricación del oro. Puede afirmarse que en el año de su publicación, 1722, la química y la alquimia se divorciaron oficialmente según los historiadores. Sin embargo, Pandiello ha rescatado otra verdad. “Se han sacado documentos de la Real Academia Francesa de Química que demuestran que Geoffroy continuó practicando la alquimia. Él y todos. Tenía que conservar su trabajo y dar crédito a su actividad. Eran farmacéuticos pero no podían aceptar que se les asociase a la alquimia”.

Camaleónica, mutante, la alquimia ha recorrido la historia de la humanidad desde Alejandría hasta el siglo XX. La búsqueda de la piedra filosofal, el control del fuego y las artes amatorias, la influencia en las cortes, el poder y su ciencia. Quizá hoy haya quien encuentre cobijo en sus reliquias y qué duda cabe que en su imaginería, sentirá el calor y el confort de un tiempo que permanece vivo en los libros con todos sus secretos. Visiones de fuego se presenta este martes en el Toma 3 de Gijón dentro de los Alcuentros Nortes.

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