Podemos: de la tragedia a la farsa

Todo proceso es un monstruo burocrático que pretende resolver la discrepancia política a golpe de sanción.

Recomendados

Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Sólo un paso separa la tragedia de la farsa y parece que Sofía Castañón, coordinadora de Podemos Asturias, se ha empeñado en darlo, con todas las consecuencias. Los expedientes abiertos a Daniel Ripa, Andrés Ron y Jorge Fernández Iglesias son ese nuevo paso. Parece que todavía quedan unos cuantos más por dar, hasta que la cabeza de lista de la candidatura electa en las últimas primarias a la Presidencia del Principado, Covadonga Tomé, se sienta lo suficientemente acorralada para que entregue su dimisión y la dirección conserve su hegemonía.

El director de este periódico, no hace mucho, llamaba a la cohabitación de las dos partes enfrentadas, tras el triunfo de Tomé en las primarias que dejaba a la organización completamente dividida. Era fácil pensar en términos de estado, como lo ha hecho el gobierno francés de Macron al articular la cohabitación con una primera ministra socialista. Sin embargo, la razón de los partidos no es la misma que la razón de los estados. Cuando un aparato político pierde las primarias en su partido, o alcanza un consenso o dimite y convoca un congreso. La cohabitación es inviable y menos aún cuando hay expedientes sancionadores de por medio. La actual confrontación se podía haber evitado si cada una de las partes hubiera dado muestras de entendimiento. Para empezar, levantando las sanciones, alentando el acuerdo y la negociación para alcanzar, como afirmaba Covadonga Tomé hace unos días, una verdadera confluencia dentro de Podemos antes de converger con IU y otros formaciones de izquierdas.

Covadonga Tomé. Foto: David Aguilar Sánchez

Pero la realidad ha sido otra, más áspera, más kafkiana. Todo proceso es un monstruo burocrático que pretende resolver la discrepancia política a golpe de sanción. Lo ridículo de esta situación es que el aparato ha sancionado a los ya sancionados. ¿Cuántas sanciones se necesitan para expulsar a un afiliado? No hay demasiadas respuestas al respecto. Ciertamente, no hay respuestas para casi nada. Podemos, en Asturias, tiene la particularidad de ejercer su liderazgo por omisión, por incomparecencia de sus cuadros, salvo de sus diputados que ejercen la tarea parlamentaria mientras miran hacia otro lado, como si esta deflagración interna no fuera con ellos. Todavía no hemos conocido de la mano de Sofía Castañón qué análisis hace de los resultados de las primarias que desbancaron a su número dos en la organización, Alba González.

Más allá de la tragedia o la farsa que vive Podemos en Asturias, sí hay algo que la realidad democrática ordena con una racionalidad desarmante. Covadonga Tomé y el resto de miembros de la lista ganadora en las últimas primarias están embarnecidos por ese don sagrado que otorga la democracia. No hay aparato que pueda apartarlos del cometido para el que fueron votados. Hacerlo sería destruir a la propia organización, su legitimidad, su capacidad para hacer eso que algunos consideran POLÍTICA y, de paso, llevarse por delante, un proceso de suma al que han sido convocados por IU, CCOO o Más País. El efecto devastador de estas sanciones no puede apartar a la candidata al Principado, pero el desgaste político es corrosivo. De momento, se ha llevado por delante la credibilidad de la organización. Habrá más consecuencias.

Actualidad

10 COMENTARIOS