Tras los pasos de García Rúa

Minero antes de hacerse profesor de filosofía, agitó las estancadas aguas culturales del Xixón de los 60, y marcó con su Academia Obrera a una generación de antifranquistas

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Del 20 al 26 de enero se celebra en Xixón la XXV Semana del Aula Popular José Luis García Rúa. Pocos nombres propios han marcado tanto a varias generaciones de activistas como el de José Luis García Rúa, filósofo anarquista, fundador de las Comunas Revolucionarias de Acción Socialista y secretario general de la CNT entre 1986 y 1990. El psiquiatra Guillermo Rendueles, uno de sus discípulos, lo recuerda como “una persona deslumbrante”, alguien que incluso por su aspecto, era una una figura anómala, “muy rara en aquel Gijón de caspa del franquismo”.

García Rúa había nacido en 1923 en Xixón. Hijo de un trabajador afiliado a la CNT y al POUM, su padre moriría luchando en Oviedo/Uviéu durante la Guerra Civil. Refugiado junto a su madre y sus hermanos en Catalunya tras la conquista de Asturies por las tropas franquistas, la caída del frente catalán llevaría a la familia a cruzar la frontera francesa con otros miles de antifascistas españoles que huían de la represión del Ejército franquista.

Campo de refugiados de Argelès-sur-Mer, en 1939.

Pasaría por varios campos de refugiados del sur de Francia antes de volver a Asturies: Argelès-sur-Mer, Perpiñán y Barcarés. En este último, ya con 16 años, comenzaría a distinguir entre las distintas corrientes políticas de los exiliados, impresionándole especialmente la actitud de un joven anarquista gijonés, como dejaría constancia en una entrevista al periodista Xuan Cándano para la revista Atlántica XXII: “era el único del campo de concentración que cuando recibía el paquete con comida lo repartía con todo el mundo. Me llamó la atención su manera de razonar pero también me dio una inclinación hacia la necesidad de conjugar el decir y el hacer”.

Ciudadela de Celestino Solar o Capua. Foto: Ayuntamiento de Gijón.

De nuevo en su ciudad natal, en las infraviviendas de la Ciudadela de Capua, hoy reconvertida en museo local al aire libre del hábitat obrero, desempeñaría varios empleos en la industria y la construcción, así como en la mina de La Camocha. Tras ser despedido de una fábrica de baldosas por “trabajar poco”, se propuso estudiar. Aunque en principio había pensado en Medicina, terminó inclinándose por Filosofía y Letras. Gracias al dinero que ganaba trabajando y a la ayuda de unos amigos burgueses de la familia lograría sacar el bachillerato por libre. Más tarde obtendría una beca para estudiar en la Universidad de Salamanca y después completaría sus estudios en Alemania, donde conoce a su segunda mujer, Gisela Wiedermann. Sería su compañera, sostén y pilar toda su vida. Boni Ortiz, otro de sus discípulos, destaca de ella su fuerte carácter para enfrentarse a la policía cuando detenían a su marido, pero también la inquietud que le generaban las visitas a su casa de jóvenes izquierdistas como él: “cuando aparecíamos por allí sabía que íbamos a meterlo en líos”.

García Rúa, de blanco, en el centro, junto a sus alumnos, en una excursión a Luarca.

En 1958 regresa a Xixón con su esposa para hacerse cargo de los cuidados de su madre anciana. Volvía con “una mano alante y otra atrás” según su propia confesión, y tras haber renunciado a la Universidad para regresar a una España franquista en la que sabía que no sería bien recibido.

Sobrevive dando clases particulares y en academias como la del padre de Guillermo Rendueles: “un lugar donde acababa mucha gente con pasado republicano o masón”. En 1959 logra poner en marcha su propia academia en la calle Cura Sama, donde practica su pedagogía renovadora dirigida a las clases populares. De algún modo continuaba así la tradición del educador anarquista Eleuterio Quintanilla, a cuya escuela libre había acudido siendo niño.

La Academia Obrera, tan pobre que en un principio pedía a sus alumnos que trajeran su propio asiento, sobrevive malamente dando clases de refuerzo a estudiantes y a trabajadores, gente que se prepara por libre para acceder al bachillerato. Desde el primer momento el lugar será también en un espacio de politización de nuevas generaciones que buscan referentes vitales e intelectuales. Los fines de semana se organizan allí seminarios sobre filosofía, política, historia… También hay excursiones y largas tertulias entre profesores y alumnos.

José Luis García Rúa, con gabardina, en una terraza.

La Academia Obrera será el foco intelectual y contracultural al que acude una nueva generación de antifranquistas que terminarán militando en diversas organizaciones de la izquierda. Entre ellos Vicente Álvarez Areces, durante algún tiempo amigo íntimo de García Rúa y padrino de uno de sus sobrinos.

Aunque García Rúa no simpatizaba con el PCE, con el que tenía grandes diferencias, Rendueles señala que fue muy respetuoso con él cuando le anunció que había ingresado en el partido.

“En el desierto cultural impuesto por la dictadura la academia cumple las funciones de uno de los viejos ateneos obreros previos a la Guerra Civil”

En el desierto cultural impuesto por la dictadura la academia cumple las funciones de uno de los viejos ateneos obreros previos a la Guerra Civil. Sin embargo la presión policial se hace cada vez más intensa y acaba con su cierre en 1965. García Rúa sigue participando a pesar de ello de la vida cultural del antifranquismo gijonés. Está en la fundación de Gesto, una asociación que bajo la excusa de la actividad teatral logra esquivar el control del régimen. Allí le conoce Boni Ortiz que por edad no pudo pisar la academia. Ortiz le define como “un maestro político y personal” y el “padre que le hubiera gustado tener”. Dos seminarios, uno sobre filosofía y otro sobre historia del movimiento obrero, le abrieron los ojos y le permitieron dar sentido a la rebeldía que él y otros jóvenes tenían. De esa época recuerda las clases, los debates posteriores en los bares, “tomando vino y cacahuetes”, y las primeras lecturas de los clásicos del socialismo, pero también de Miguel Hernández y Antonio Machado.

Prpaganda de las Comunas Revolucionarias de Acción Socialista

Tras militar en un antifranquismo cultural y difuso, o colaborando en campañas de solidaridad antirrepresiva con otros grupos políticos, García Rúa y algunos de sus discípulos ponen en marcha en 1969 su propia organización, las Comunas Revolucionarias de Acción Socialista, un colectivo que bebe de la herencia del marxismo y del anarquismo, pero que se orienta por el comunismo libertario, una rareza en unos tiempos, el post Mayo del 68, de eclosión de los partidos maoístas. Boni Ortiz participa en aquella experiencia, al principio “echando una mano, con pintadas o tirando panfletos”, pero más tarde ya militando. Por las Comunas, que llegarían a extenderse fuera de Asturies, también pasarían entre otros la antropóloga María José Capellín, el minero José Ángel Villa, posteriormente líder del SOMA-UGT, y Julio Anguita, antes de su paso al PCE.

En 1971 García Rúa y su familia dejan Xixón. En la decisión pesa la situación económica del filósofo. Sus intentos por entrar en la Universidad de Oviedo/Uviéu y en la Escuela de Comercio fracasan por el hostigamiento de la policía a las autoridades académicas. Vetado para dar clases por su reconocida condición de opositor al régimen, acepta un empleo en la Universidad Laboral de Córdoba. Desde allí contribuirá a extender CRAS en Andalucía. En Córdoba se vuelve a enfrentar a la represión laboral hasta que logra un empleo en la Universidad de Granada, donde se jubilará como profesor.

Ramón Álvarez Palomo, con boina, y José Luis García Rúa, en uno de los primeros mítines de la CNT en la Transición.

En cuanto a CRAS, su trayectoria será breve y estallará por el conflicto entre su alma más comunista y su vertiente más libertaria. En 1974 el grupo se disuelve tras una tensa reunión en algún lugar de las cuencas mineras asturianas. Allí los marxistas se enfrentan al padre fundador, García Rúa, que junto a sus más fieles defiende la participación en la reconstrucción de la CNT.

Boni Ortiz, que optaría por marchar a un nuevo partido, la Organización de Izquierda Comunista, poco tiempo después integrado en el Movimiento Comunista, señala que CRAS era un grupo muy teórico pero con poca orientación al trabajo práctico: “fartucábamonos a leer a Kropotkin y Anselmo Lorenzo, pero luego nos teníamos posición política cuando ibas a trabayar a ENSIDESA o a la térmica de Aboño”. Además, según Ortiz, la apuesta por las siglas de la CNT chocaba con los debates que había en aquel momento por apostar por las asambleas de fábrica y una central única de trabajadores que integrara todas las corrientes políticas.

García Rúa en la primavera de 2011 en la acampada granadina del 15M

Tras la disolución de CRAS Rúa se integraría junto a parte de sus compañeros en la renacida CNT. Allí le tocaría vivir el histórico cisma del anarcosindicalismo, siendo en 1986 elegido secretario general de la corriente más “purista”, contraria a la participación en las elecciones sindicales y los comités de empresa, la que se quedaría con las históricas siglas tras un pleito con el otro sector “reformista”, que daría lugar a la Confederación General del Trabajo.

De García Rúa como líder de la CNT se destaca su compromiso y austeridad, casi espartana, pero también una mayor tendencia al trabajo teórico y cultural que a las funciones propias de un líder sindical. Sería de hecho impulsor de la Fundación Anselmo Lorenzo, dirigida durante algún tiempo por su hijo Emilio José García Wiedemann.

“Adiós” de Mus.

Con posterioridad a su paso por la cúpula del sindicato, sería director de su periódico y secretario general de la Asociación Internacional de Trabajadores. Sus escritos, “Reflexiones para la acción”, están editados por la Fundación Anselmo Lorenzo. En 2004 puso voz a uno de sus poemas, “Adiós”, musicado por el grupo gijonés Mus en el disco “Divina Lluz”

Vivió junto a su mujer, fallecida en 2010, en una casa de un barrio obrero de Granada, se mantuvo fiel a sus ideas anarquistas, se ilusionó con el 15M y desconfió de Podemos, cuyos primeros pasos llegó a ver. Fallecido en 2017, una placa recuerda el lugar donde estuvo su academia: “En el número 5 de esta calle estuvo situada desde octubre de 1959 hasta finales de 1965 la Academia Obrera creada por José Luis García Rúa (Gijón 1923 – Granada 2017) referente en Gijón para toda una generación que asistió a sus clases”.

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5 COMENTARIOS

  1. Ecelente!!!
    Acaba de salir publicada una entrevista que hice a García Rúa hace muchos años, salió en Sao Paulo, si te interesa te la puedo mandar
    Lily

  2. Conocí a José Luis cómo siempre le llamo mi Tía Chelo, cuándo vivía en casa de su Madre en la calle Príncipe de Gijón. Mí Tia Chelo era vecina y tenía una carpinteria en la misma calle Príncipe dónde más de una vez en vispera del 1DE MAYO se escondió José Luis García Rua.
    Escuchar hablar a José Luis erá una pasada, me abrió los ojos para luchar contra las injusticias.

  3. Humanamente virtuoso, cercano, humilde. Como profesor, ejemplar. Sí, el 15M le dió vida. Disfrutaba como un niño leyendo sus mensajes.

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