La Xusticia: la alegría como bandera y la libertad como consigna

La ultraderecha quemó hace medio mes el centru social de La Felguera, que reabrirá sus puertas este sábado con una folixa de Antroxu

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Paco Álvarez
Paco Álvarez
Periodista, escritor y traductor lliterariu d'italianu. Ye autor de les noveles "Lluvia d'agostu" (Hoja de Lata, 2016) y "Los xardinos de la lluna" (Trabe, 2020), coles que ganó en dos ocasiones el Premiu Xosefa Xovellanos.

Hace medio mes intentaron prenderle fuego (con premeditación, nocturnidad y alevosía) al Centru Social Autoxestionáu La Xusticia, en La Felguera. Nadie reivindicó esa ‘heroicidad’, pero no es difícil adivinar que detrás están los energúmenos de la extrema derecha, en cualquiera de sus asquerosas representaciones: la de la cruz gamada, la de la bandera rojigualda con el águila o la de la bandera verde que identifica al partido neofranquista con amplia representación parlamentaria.

«Una vez más intentaron borranos del mapa. Por suerte esta vez nun pasó de la puerta y del borrón que dexaron nel local. Vamos llimpiar, vamos pintar, vamos reponer la puerta y vuelta a la nuesa xera. Cola allegría cola que lo fiximos siempre. Los enemigos de la razón, de la xusticia social y de la llibertá nun nos van callar». La gente de La Xusticia respondió al ataque con palabras como estas y respondió también con la paleta, la brocha, el cubo y la fregona para que en poco tiempo el centro social cerrara la herida y borrara la cicatriz que intentaron dejarle los fascistas.

El Centru Social La Xusticia es heredero del Centro Obrero La Justicia, que puso en pie el anarcosindicalismo langreano hace 120 años. En los años 20 del siglo pasado ya se le ocurrió a la oligarquía local financiar a algún pirómano de mala muerte para que le pegara fuego al local. Lo peor, como recordaba la gente de La Xusticia en redes sociales estos días, vino tras la caída de Asturies en la guerra civil: en 1937 las hordas franquistas usaron como establo para caballos el edificio, después de quemar los libros que había en él: libros maravillosos, libros a todas luces incompatibles con el oscurantismo del incipiente régimen fascista. En los años 50 derribaron el edificio para levantar una iglesia: había que borrar aquella huella de libertad y librepensamiento imponiendo sobre ella la obediencia y la fe ciega ligada al nacionalcatolicismo.

Un grupo de personas decidieron recuperar hace unos años el espíritu, la herencia, la memoria, la identidad y la dignidad de aquel centro obrero que hace más de un siglo llegó a atesorar la mayor biblioteca pública de la comarca, quizás la mayor de Asturies. Así nació el Centru Social La Xusticia, en una casa de doble planta en la felguerina calle Valentín Ochoa inicialmente alquilada a un precio simbólico por su propietario (un propietario con corazón rojinegro, todo hay que decirlo) y que la gente de La Xusticia acabó adquiriendo tras reunir colectivamente ahorros, seguramente con tanto esfuerzo y sacrificio como el de la gente que hace 120 años levantó y defendió La Justicia.

La Xusticia volverá a estar operativa (qué adjetivo más propicio en este caso) el próximo sábado, día 18, con una folixa que titularon Pa después de la borronera (Para después de la humareda). Habrá una presentación del libro Gijón 1936. Diario de una revolución, de Luis Miguel Cuervo. Habrá también vermú, pinchos, música ska y punk, folixa de Antroxu, una rifa solidaria con La Xusticia y un barril de cerveza Caleya para compartir entre toda la gente.

Estanterías de libros de La Xusticia.

Yo estuve en La Xusticia hace apenas un mes presentando el libro de cuentos Cabeza alta con mi editor Daniel Álvarez y con una pareja italo-vallekana. Estábamos en familia, me entretuve haciendo esta foto aparentemente chorra que, sin embargo, para mí tiene un valor simbólico: la bruja (las brujas que ni la inquisición ni el fascismo lograrán quemar por muchas antorchas que enciendan), la jaula abierta con el pájaro huido y Mathew, el personaje de ficción que da título al libro Cabeza alta, a lomos de un gigante: su padre, un minero en huelga, en una familia obrera en la que nadie agacha la cabeza por muchas hostias que nos dé la vida.

Yo ya había estado en La Xusticia hace unos años, presentando la novela sobre Durruti y Los Solidarios Lluvia d’agostu. Y volveré allí todas las veces que reclamen mi presencia las compañeros y compañeros del centro social langreano, a presentar un libro o a coger la paleta, la brocha, el cubo o la fregona para defender aquel hermoso espacio de libertad frente al fascismo.

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