El futuro de Asturias pasa por la investigación

Difícil atraer o retener talento con unas condiciones laborales precarias y una carrera profesional, en el mejor de los casos, incierta.

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Daniel Lumbreras
Daniel Lumbreras
Profesor e investigador predoctoral en Teoría de la Literatura, periodista y filólogo.

Desde los tiempos de Jovellanos, Asturias vive obsesionada por las infraestructuras. La Variante, la Zalia, el PEPA… pero estas grandes obras no son más que contenedores, y los trenes que tanto nos preocupa que lleguen rápido al Principado necesitan una razón para venir, más allá del turismo, que no es la panacea por mucho que nos quieran vender. Entre las noticias del escándalo –digno de Pepe, Gotera y Otilio– de FEVE, pasó desapercibida la intervención de la Ministra de Ciencia, Diana Morant, en los Premios de Diseño e Innovación entregados en Avilés: “En menos de tres años en Asturias se han creado seis mil empleos nuevos, más de la mitad en sectores relacionados con la ciencia y la innovación”.

Si queremos avanzar como autonomía, tenemos que invertir en investigación y no fiarlo todo a la llegada del AVE. Hace falta un proyecto, como diría Xuan Cándano, de país, que reúna a la sociedad civil y no solo a los políticos. Pensar qué queremos para los próximos 50 años, un plan atractivo, verosímil y consensuado es la única forma eficaz de revertir el invierno demográfico. Además de eso, es una obligación social, no solo porque lo vaya a estipular la futura Ley Orgánica del Sistema Universitario. Investigar permite a las sociedades ir más lejos, progresar, romper sus límites.

“La investigación requiere a menudo de búsquedas del conocimiento por el conocimiento (básica) antes de poder encontrarle una rentabilidad (aplicada)”

La investigación requiere a menudo de búsquedas del conocimiento por el conocimiento (básica) antes de poder encontrarle una rentabilidad (aplicada); por ello, no podemos confiar esta tarea únicamente al sector privado. Los países europeos más prósperos se caracterizan todos por una alta dedicación de su riqueza nacional a la investigación, el desarrollo, la innovación y la transferencia de conocimiento.

Iniciativas como la Asociación por el Futuro de la Investigación en Asturias, de la cual he tenido el honor de ser elegido para pilotar su constitución, son necesarias para llamar la atención sobre las condiciones del sector y luchar por su mejora. Estamos hablando de personas que trabajan a tiempo completo durante 4 años, con una cualificación alta, por poco más de 1000 euros netos durante la mitad del contrato. Difícil atraer talento con unas condiciones tan precarias y una carrera profesional, en el mejor de los casos, incierta, y a la que a la menor oportunidad se le escamotean derechos laborales como los complementos de antigüedad, ya ni hablemos de las cantidades ingentes de horas extraordinarias. Todo para acabar, en múltiples casos, subempleados o en el extranjero, donde sí se valora más nuestro esfuerzo.

Parque tecnológico de Llanera

Los “haters” dirán que solo queremos más dinero y privilegios. Ciertamente, hace falta un incremento del gasto para solucionar el cuello de botella que sucede después del Doctorado y no desperdiciar la enorme inversión que hacemos en las primeras etapas de la carrera investigadora como sociedad. Pero no todo es dinero: también es organización. Es necesario, con la participación de la sociedad civil y del sector, trabajar en un calendario fijo y predecible de las distintas convocatorias de apoyo a la investigación, con procedimientos sencillos y resoluciones ágiles, que permitan facilitar en vez de poner trabas: ahí también hace falta una guerra (o varias) a la burocracia, además de pensar bien qué necesita más apoyo y qué no: equidad, que no igualdad. Esperemos que la recién creada Agencia de Ciencia suponga un avance para Asturias y no engrose la lista de proyectos megalómanos a los que tan aficionados hemos sido históricamente en el Principado.

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