Trenes y cabezas, recelos y promesas

La destitución de Isabel Pardo de Vera nubla la continuidad del corredor Atlántico

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Los errores en el gálibo de los trenes de cercanías entre Asturias y Cantabria desencadenó una grave crisis en el Ministerio de Transportes durante dos semanas. Una tormenta cuyas dimensiones no fueron bien medidas y han sido aplacadas de un modo desproporcionado. Al primer golpe de vista, se observa que desvía aún más la agenda del Principado de la agenda del gobierno central.

El presidente de Cantabria exigió sangre y una indemnización. A tres meses de las elecciones autonómicas, Miguel Ángel Revilla sacó pecho periférico y arrastró consigo a Adrián Barbón en su letanía de agravios. El presidente del Principado de Asturias no podía rezagarse ante la defensa que estaba haciendo el presidente cántabro de los compromisos fallidos con la red ferroviaria de cercanías. Entre Pedro Sánchez y Revilla, entre Madrid y el frente astur-cántabro, Barbón escogió a Revilla y prefirió confrontar con la titular del ministerio de Transportes. Quizá lo hizo más apurado por el contexto electoral que se había creado en el norte de la península en cuestión de horas, antes que en los intereses asturianos previstos en el medio y el largo plazo en las agendas políticas del gobierno de Sánchez y el gobierno asturiano.

Barbón ha jugado en esta crisis al regate corto, desatando un populismo regional hasta límites poco transitados a lo largo de esta legislatura. Se diría que el presidente del Principado se ha quedado en el sanchismo primitivo, el que principiaba la reconquista de Pedro Sánchez hace más de cuatro años, forzando nuevamente la maquinaria socialista, anteponiendo aparentemente los intereses de los asturianos frente a los de su partido o, visto de otra manera, anteponiendo sus propios intereses electorales frente a todos los demás.

Adrián Barbón, Raquel Sánchez y Miguel Ángel Revilla, este lunes, durante la comparecencia que ha resuelto la crisis de los trenes de cercanías. Foto de EFE.

El sanchismo primitivo había creado un partido-manifiesto, respiraba más preocupado en el relato que en la propuesta política, en el sentimentalismo y el golpe en el pecho que en el pragmatismo social, pensaba en el sorpasso antes que en gobernar con una mayoría flexible y sólida. Pero Pedro Sánchez está ahora en otro escenario, en otra página, en otro capítulo muy distinto. El último año de esta legislatura forma parte de lo que venimos en llamar el sanchismo premium, que implica un planteamiento distinto, que ofrece más garantías sociales, una agenda política más ambiciosa, con una situación económica mejor de la que se encontró al llegar a La Moncloa y a cuatro meses de una presidencia de la UE.

Volvamos a la crisis. El presidente de una comunidad, sostenido por el PSOE, y el presidente socialista de otra reclaman cabezas, más trenes y compromisos al gobierno central. Barbón llega a afirmar entre el enfado y la consternación que había perdido la confianza en la ministra de Transportes, la catalana Raquel Sánchez. No era consciente el presidente del error que estaba cometiendo, un error de cálculo que tendrá una seria y maléfica reacción de consecuencias inmediatas. Los periféricos, por primera vez, apretaban fuerte al gobierno de Sánchez. Y el estrangulamiento provocaba la caída de la Secretaria de Estado de Transportes, Isabel Pardo de Vera, el mejor puntal del corredor atlántico.

Efectivamente, el pasado lunes se concluía la crisis con una reunión a tres en el ministerio de Transportes. El presidente de Renfe, Isaías Táboas, e Isabel Pardo de Vera, eran destituidos del escalafón ministerial a las pocas horas de haberse celebrado el encuentro. Trenes de cercanías gratis hasta 2026 y la promesa de que habrá más convoyes de los comprometidos entre Asturias y Cantabria. La pregunta es oportuna. De los dos presidentes ¿Quién ha ganado y quién ha perdido? Presumimos que la crisis de los trenes ha volado los puentes entre el gobierno de Sánchez y el gobierno de Barbón y también nos maliciamos que Revilla ha resuelto su papeleta ante las próximas elecciones autonómicas sin coste alguno y en un alarde de regionalismo populista que, de no haber sido puesto en escena, podía haber puesto en serio riesgo su último mandato. Sus socios socialistas no han dicho nada.

Pero la situación de Barbón no es tan holgada como la de Revilla, entre otras razones porque el gobierno de Cantabria ha priorizado las comunicaciones ferroviarias con Bilbao a lo largo de esta legislatura, alejado completamente del corredor atlántico. Curiosamente, los trenes de cercanías que han abierto una brecha en el Ministerio los fabricará la empresa vasca CAF. Revilla no se juega nada en el corredor o, mejor dicho, no ha querido jugarse nada y con el sainete de los trenes lo ganaba todo. En cambio, con la caída de Pardo de Vera, el presidente asturiano pierde a su mejor aliada, como el mismo afirmó días antes, por ejemplo, en la financiación del corredor, en la aceleración de los proyectos que deben ser entregados a la Comisión Europea desde el gobierno de Sánchez y, por lo tanto, en las licitaciones y ejecuciones previstas. Los empresarios catalanes y valencianos se están frotando, en estos momentos, las manos. También pierde a la persona que afrontó el retraso de la inauguración de la variante de Pajares, aguando la fiesta electoral del presidente del Principado.

En el entorno del Ministerio de Transportes hay consenso en afirmar que Pardo de Vera era una persona muy cualificada y excesivamente técnico sin suficiente apoyo político desde el Ministerio. Su destitución ha provocado las quejas del PNV que reconocieron en la Secretaria de Estado la responsable del desbloqueo del AVE al País Vasco. También en la Galicia y Castilla y León han visto las consecuencias que conlleva su salida del Ministerio.

Un vagón de Renfe cercanías. Foto de Alisa Guerrero.

Barbón no ha sido capaz de leer la agenda de Sánchez o, mejor dicho, del sanchismo premium. Cierra un capítulo de la misma manera que cerró su visita ministerial hace más de seis meses, cuando la baja ejecución presupuestaria de las infraestructuras del Estado en Asturias habían hecho encender todas las alarmas y, sobre todo, la llama del populismo soft de Barbón. Con la crisis de las cercanías, alentado por Revilla, esta vez Barbón pasó la línea roja y también pidió cabezas. Se las dieron y, entre ellas, la que menos le interesaba, la de Pardo de Vera; también pidió promesas y también se las concedieron. Pero ¿de qué sirven las promesas de una Ministra, si días antes has confesado a los medios que recelas de ellas? Mal negocio.

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