No pudieron

La democracia directa que se reclamaba en el 15-M solo se aplicó en Podemos en las primeras elecciones a las que se presentó

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Xuan Cándano
Xuan Cándano
San Esteban de Bocamar (1959). Periodista. Redactor en RTVE-Asturias. Fundador y exdirector de Atlántica XXII. Es autor de "El Pacto de Santoña" (Madrid, 2006)

Un domingo de mayo de 2011 hubo manifestaciones en toda España, convocadas a través de las redes sociales, que sacaron a la calle a miles de personas que siguieron el llamamiento de Democracia Real Ya, un colectivo de jóvenes hartos de la corrupción y la partitocracia. La respuesta fue sorprendente. Y no solo por el número de manifestantes, también por su perfil. En la de Uviéu, como en todas las ciudades, estaba la gente de izquierdas y de movimientos alternativos que frecuenta este tipo de protestas, pero también otra nueva, muy joven y nada conocida en esos ambientes. Algo novedoso se estaba cociendo, un aire diferente llegaba a la calle con el viento primaveral. Predecía a una tormenta social.

En la manifestación de Madrid hubo intervención policial e incidentes. Las redes sociales volvieron a hacer de altavoz para una nueva convocatoria de protesta por las cargas y las detenciones. Era en plazas céntricas y emblemáticas. A la de Uviéu en la plaza de La Escandalera asistieron una treintena de personas, jóvenes en su mayoría. Decidieron concentrarse indefinidamente. Como de noche cayó un gran chaparrón tuvieron que guarecerse con sus sacos en el soportal de un banco cercano. Estaba naciendo el 15-M.

Movimiento 15 M. Foto: Iván G. Fernández

Lo que vino luego es de sobra conocido. Las plazas se llenaron de jóvenes airados y hartos de su situación y de la del país, que era la misma: paro, precariedad, éxodo juvenil, corrupción y secuestro de la política y las instituciones por parte de la partitocracia y de una casta de políticos profesionales. Estaban indignados y así se les llamó, pero también eran alegres, creativos y transgresores. Las generaciones más y mejor formadas de la historia de España, esas de las que tanto presumían los mismos gobiernos que las castigaban a la marginación social, habían dicho basta.

Las plazas se convirtieron en una fiesta. La celebración era por haberse reunido para poner en marcha una enmienda a la totalidad al sistema desde convicciones democráticas. No rechazaban a la democracia. Al revés, denunciaban que había sido secuestrada en una operación por las alturas en las que los jóvenes eran los primeros damnificados. “Lo llaman democracia y no lo es”, gritaban.

Predicaban con el ejemplo. Las plazas fueron en aquel mayo histórico ágoras donde se practicaba la democracia tal y como nació en Grecia. Masivas asambleas luminosas, donde hablaba quien quería y se desbordaba el entusiasmo. Todas las generaciones se permiten al menos en una gloriosa ocasión el lujo de soñar despiertas y gritar a viva voz que el mundo debe de cambiar porque la utopía es posible y preámbulo de realidades futuras y mejores.

“Todas las generaciones se permiten al menos en una gloriosa ocasión el lujo de soñar despiertas”

El 15-M fue muy moderno. “Nos volvió a todos viejos”, dijo acertadamente Gaspar Llamazares, que era diputado en el Congreso, en alusión a los políticos. Era una revuelta pacífica con aires libertarios, porque se cuestionaba al sistema, por antidemocrático, a la autoridad y a los poderes, con alegría e imaginación desbordantes. Como no se admitían en las plazas siglas de organizaciones políticas o sindicales ni banderas partidistas, por allí no aparecían militantes ni partidos. En Uviéu solo tomaban la palabra, entre muchos oradores anónimos, algunos veteranos cenetistas que rejuvenecieron con aquella algarada lúdica, como muchos otros perdedores de la Transición, viejos luchadores contra el franquismo desencantados con el nuevo régimen democrático y el bipartidismo. Recuerdo una manifestación convocada por organizaciones de izquierdas concluyendo frente a la plaza, en el paseo de Los Álamos. Algunos manifestantes permanecieron un buen rato allí instalados, con sus banderas rojas comunistas con la hoz y el martillo agitadas por el viento primaveral, sin atreverse a cruzar la carretera y adentrarse en la plaza. No se lo hubieran permitido.

Muchos de los jóvenes del 15-M se conocieron allí. Pronto empezaron a aparecer líderes, aunque tampoco se reconocía a representantes o portavoces, pero los periodistas acudíamos a recabar información y opiniones de los que destacaban por su activismo o por sus intervenciones. Por allí andaban entre otros a Dani Ripa, Andrés Fernández Vilanova, “Ron”, y Rubén Rosón, estudiantes universitarios.

Como el asamblearismo tiene fecha de caducidad si es diario, porque la repetición provoca tedio, y no hay revolución que pueda con el verano en las bien alimentadas sociedades modernas, los campamentos se levantaron con el buen tiempo. Pero la llama de los indignados prendió tanto que cambió la vida política y acabó con el bipartidismo.

Podemos nació para llevar el grito de los indignados a las instituciones y competir por el poder con los partidos de lo que llamaba “El régimen del 78”. El partido morado tiene desde su origen una relación muy marcada con Madrid y con la Facultad de Políticas de la Universidad Complutense. Ahí eran profesores sus dos líderes más conocidos, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón.

En el Congreso fundacional en Madrid, Vistalegre I, Podemos apareció como heredera del espíritu del 15-M, lo que era una contradicción, porque en las plazas se rechazaba a estas organizaciones políticas, tan desprestigiadas, y a sus líderes. Y además se puso en marcha un partido clásico, jerarquizado, de corte leninista y muy presidencialista, con un marcado liderazgo de Pablo Iglesias. Pero eran días de vino y rosas para la nueva formación, que había conseguido que el miedo cambiara de bando y pretendía tomar el cielo por asalto, en palabras de Iglesias. Con aquella euforia, nadie reparaba en aquellas paradojas de quien aspira a derribar un sistema copiando sus métodos ni en que justo por ello el experimento nacía viciado.

En Vistalegre I compitieron el grupo de Pablo Iglesias y el del sector anticapitalista de Podemos, en el que estaba Pablo Echenique, que fue derrotado. Por el medio había una “tercera vía” por la que apostaba la delegación asturiana, encabezada por Dani Ripa. Ahí empezaron la desconfianza y el distanciamiento de la dirección de Podemos en Madrid con Ripa y Podemos Asturies.

Asistentes a una folixa del 8S de Podemos Asturies. Foto: Iván G. Fernández

Pero el modelo autónomo de Podemos Asturies funcionó y tuvo un gran éxito electoral en las autonómicas de 2015. El día en el que sus nueve diputados- jóvenes, arrolladores e insolentes para sus competidores políticos- tomaron posesión de sus escaños, la Xunta Xeneral vivió una jornada insólita y una cierta conmoción. El recelo del resto de los diputados contrastaba con el recibimiento de los bedeles, que se hacían fotos con los nuevos inquilinos. Habían tardado pocos años en atravesar los escasos metros que separan la plaza de La Escandalera del parlamento autonómico, siguiendo el consejo que les dio el dirigente del PP, Isidro Fernández Rozada: dejar la algarada callejera y entrar en las instituciones.Cuando los diputados más jóvenes de la Cámara, Ron y Héctor Piernavieja, abrieron la sesión en asturiano, con sus camisetas reclamando la cooficialidad, Vicente Álvarez Areces protestó ruidosamente desde su butaca de invitado. “Es intolerable”, decía.

Entre los nueve diputados de Podemos y los cinco de IU sumaban más que los del PSOE, pero los partidos a la izquierda de los socialistas no impusieron sus políticas. Gaspar Llamazares hizo pinza con el PSOE frente aquel vendaval que amenazaba a la política tradicional, en especial a la de las izquierdas. El entonces portavoz de IU se había querido acercar sin éxito a los indignados asturianos antes del nacimiento de Podemos.

Pero no hizo falta la pinza PSOE/IU para desinflar a Podemos Asturies, que se bastaba a si solo para esa tarea. Pronto empezaron sus broncas internas en el grupo parlamentario, que acabaron con el abandono de la política al final de la legislatura del portavoz Emilio León, un físico que se había labrado un gran prestigio en los movimientos sociales. No sería el único.

A las divisiones internas y los personalismos había que añadir la pronta adquisición de los viejos vicios de la partitocracia. La democracia directa que se reclamaba en el 15-M solo se aplicó en Podemos en las primeras elecciones a las que se presentó, al Parlamento europeo, con un excelente resultado. Los eurodiputados que encabezaban la candidatura, con Pablo Iglesias al frente, eran los más votados por los inscritos por vía telemática. A partir de ahí empezaron los tejemanejes, los acuerdos internos entre diferentes corrientes y los amagüestos para elaborar las candidaturas, aunque se seguían convocando votaciones de los inscritos. La vieja política, a la que Podemos venía a combatir, ganó la partida muy pronto.

En las autonómicas asturianas de 2019, con Podemos fracturado y Errejón en “Más País”, en la candidatura a la Xunta Xeneral ya hubo un reparto de cuotas de poder entre las corrientes internas en Asturias. Eran fundamentalmente tres. La de los que provenían del 15-M, como Dani Ripa, los postcomunistas, con dirigentes como la ovetense Ana Taboada, exmilitantes del PC, y los asturianistas de izquierdas del antiguo Bloque por Asturies, que había gobernado en la época de Álvarez Areces coaligado con IU. Éstos últimos obtuvieron un puesto de salida para Rafa Palacios, que regresó de Argentina, a donde se había trasladado tras cesar como Director General de Cooperación del Principado. Las elecciones fueron un golpe para Podemos Asturies, que solo obtuvo 4 diputados y la entente interna no tardó en saltar por los aires. La cabeza de lista, Lorena Gil, una buena parlamentaria y muy trabajadora, no tardó en dimitir y volver a su puesto en la factoría de Du Pont.

“Ripa ya se había convertido definitivamente en un apestado en Madrid cuando fue el único dirigente de Podemos que cuestionó públicamente la compra del chalet de Galapagar”

El clima interno se enrareció aún más cuando llegaron las elecciones internas. Pese a que había situado el límite de sus mandatos en dos, ocho años, Dani Ripa decidió intentar revalidar su puesto de coordinador tras ser llamado a capítulo por la secretaria de Organización, Lilith Verstrynge. Ripa ya se había convertido definitivamente en un apestado en Madrid cuando fue el único dirigente de Podemos que cuestionó públicamente la compra del chalet de Galapagar por parte de Pablo Iglesias e Irene Montero. El psicólogo aragonés, asentado en Asturias desde que vino a estudiar a la Universidad, asegura que Verstrynge le preguntó lo que pedía para no presentarse a la reelección y que si lo hacía irían a por él. No tardó en llegar la intervención de Madrid en Podemos Asturies, antes de las primarias, incluyendo las cuentas bancarias. En las elecciones internas la candidata de la dirección de Madrid, la diputada Sofía Castañón, ganó por muy poco a Ripa, que denunció irregularidades, como la aparición de unos círculos fantasma en Uviéu en vísperas de la cita con las urnas telemáticas. En cambio en el Consejo Ciudadano, la ejecutiva, ganaron los de Ripa y el candidato más votado fue Ron.

Ana Taboada y Rafael Palacios, dirigentes de Podemos Asturies. Foto: Iván G. Fernández

No había más camino que la cohabitación, pero lo que llegó fue el cisma, hasta acabar con dos partidos enfrentados, aunque todos sus actores militen en el mismo. La dirección asturiana se bunkerizó, igual que la nacional, pero apelando además a las sanciones, las purgas y las expulsiones, en indisimulado seguimiento de la peor tradición del comunismo ortodoxo. Es cierto que como en todo conflicto aquí hay muchos matices y se debe huir del maniqueismo. Dani Ripa, por ejemplo, no debió presentarse a un tercer mandato desdiciéndose.

“A Tomé valentía parece que no le falta y la tocudez aragonesa de Ripa está bien demostrada”

Pero la operación tutelada desde Madrid es tan grosera y escandalosa que rechina, sobre todo para quienes se ilusionaron con la rebelión de los indignados. Los postcomunistas, los que no se atrevieron a cruzar la carretera para entrar en la plaza de La Escandalera, y un grupúsculo de asturianistas de izquierdas, siempre pegados a un partido nacional porque son incapaces de ofertar una alternativa política propia, acabaron haciéndose con Podemos. Nunca tuvieron recorrido político alguno y se subieron raudos a la montura de un caballo ganador. Son las paradojas y los prodigios de la historia y de la política. Los comunistas españoles aúnan grandeza y miseria, como dice Gregorio Morán en su libro sobre el PCE. Fueron heroicos contra el franquismo y en democracia especialistas en desangrarse en continuas refriegas internas. Las contradicciones de los nacionalistas de Podemos que venían del Bloque por Asturies son aún mayores: apoyan a una dirección nacional que asalta e interviene a su organización autonómica. Los comunistas y los asturianistas en Podemos Asturies parecen okupas expulsando de su propia casa a los fundadores, los que venían del 15-M.

Sus últimos movimientos ya son desesperados y su aislamiento patético. En las primarias para elegir la candidatura a las elecciones autonómicas de mayo se llevaron un nuevo traspiés y ganó con amplia ventaja la pediatra Covadonga Tomé, del grupo de Ripa. Son los últimos resistentes en la aldea gala asturiana frente a la dirección nacional, que ya laminó a toda disidencia autonómica. Pero la dirección autonómica, ahora en manos de Rafa Palacios tras ser elegido a dedo por Sofía Castañón tras su dimisión, boicotea a su propia candidata. La soledad de Palacios, desautorizado primero por las bases y luego por los otros dos diputados en la Xunta, Nuria Rodríguez y Ricardo Menéndez Salmón, que se niegan a facilitar la expulsión de Dani Ripa del grupo parlamentario, es absoluta.

Xune Elipe, Laura Tuero y Covadonga Tomé FOTO: David Aguilar

A este culebrón le quedan más capítulos. Covadonga Tomé y el sector crítico de Dani Ripa, que ya no es candidato, decidieron organizar por su cuenta la campaña electoral, en vista del boicot de la dirección. A Tomé valentía parece que no le falta y la tozudez aragonesa de Ripa está bien demostrada. De número dos va Xune Elipe, el cantante de Dixebra, una persona prestigiosa en el mundo de la cultura y un asturianista de izquierdas en las antípodas de Rafa Palacios. No lo tendrán fácil. Podemos Asturies son dos partidos y el electorado no perdona las broncas internas, mucho más si son a cara de perro y en vivo y en directo.

Pase lo que pase, una lección queda clara en la aventura de Podemos, ese sueño roto. El idealismo es preámbulo del cainismo en la izquierda radical y purista, y suele acabar en una decepción colectiva. El PSOE, con su pragmatismo, su experiencia centenaria y la picaresca de la política profesional, sabe navegar con mejor rumbo en las agitadas aguas de la política. En su seno se puede practicar el odio cordialmente, sin estridencias ni exhibiciones públicas, con la puerta cerrada por si acaso. La amenaza del sorpasso en la izquierda española ha quedado neutralizada hace tiempo.

Yolanda Díaz ha entendido la lección y no pretende asaltar los cielos. Si mira para Asturias verá que lo que se asaltó realmente fue a un partido que no supo leer el mensaje del 15-M.

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