¿Dónde está el patrimonio de la Fundación Cajastur?: “Hay una millonada ahí tirada”

Obras de arte, libros, catálogos y otros materiales fueron destruidos o se les perdió la pista tras la liquidación de la Obra Social de Cajastur

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Mayte Montes es desde hace unos meses una empresaria sin negocio por culpa de la inoperancia de su casero. En marzo de 2018, Montes alquiló un local en Langreo, propiedad de la Fundación Cajastur, que atesora el patrimonio y las propiedades de la antigua Obra Social y Cultural de la Caja de Ahorros, para instalar allí gimnasio especializado en recuperación de suelo pélvico y gimnasia para embarazadas. El negocio iba viento en popa, pero algunos problemas en el estado del local empezaron a entorpecer su actividad.

A los pocos meses de empezar con el gimnasio, la ruptura de una bajante comunitaria inundó las salas del espacio y tuvo que cerrar durante dos meses. En 2019 sucedió otra vez lo mismo, y de nuevo tuvo que bajar la persiana durante dos meses; y una vez más en el verano de 2022, cuando tuvo lugar la avería definitiva que no le ha permitido retomar la actividad.

Estado en el que se encontraba el local que tiene alquilado Mayte Montes

Montes lleva desde entonces denunciando que la Fundación Cajastur no ha querido hacerse cargo de las reparaciones necesarias para que el local estuviese en buen estado ni pagarle una indemnización por lucro cesante, según ella acordada en 2019 con la Fundación. La respuesta, siempre que intenta contactar con los responsables, es el silencio.

“El seguro dijo que había que cambiar las tuberías”, declaró en su día a NORTES, “pero lo que hicieron fue poner un parche, y este verano volvieron a reventar. Durante tres días estuvieron entrando aguas fecales en el local”. Después de eso, una inspección del ayuntamiento le retiró a Mayte el permiso de actividad, puesto que su local no cumple con los requisitos de salubridad. Las paredes estaban descascaradas por la humedad, el agua cubría el suelo y pudría todo el mobiliario del local.

¿Qué hacían entonces en un desván de un local en penosas condiciones de mantenimiento algunos cuadros y otros materiales pertenecientes a la Fundación Cajastur? Los cuadros, cuenta Mayte, estaban en una de las salas menos afectadas por las inundaciones y etiquetados y numerados en la parte trasera. También había carteles, caballetes y otros materiales de arte. Ella no tocó esos materiales ni utilizó esa sala durante el tiempo que tuvo arrendado el local, pero desconoce tanto el valor de esas obras como su estado actual.

“El desinterés hacia el patrimonio era muy grande”

Una persona que conoce bien la antigua colección de arte y de los entresijos de la Fundación Cajastur, que prefiere mantenerse en el anonimato, asegura que nunca se encontraron algunas obras y objetos que formaban parte del patrimonio. Otras muchas quedaron abandonadas en salas o trasteros dispersos en los distintos locales que tenía la fundación en Asturias, como en los centros de pensionistas de Langreo, La Felguera o de Sama, donde había, por ejemplo, un piano de cola.  

En el centro de Avilés, asegura esta persona, había unas tablas con unos frescos del siglo XVIII que, hasta donde sabe, “se las llevaron, y ya no están allí”. La joya de la corona es el Palacio de Revillagigedo, donde hay multitud de obras de arte, libros antiguos y objetos de oro. Allí se almacenan en un sótano algunas de las obras de arte que los artistas donaban a la Caja de Ahorros cuando esta organizaba una exposición.

FOTO: Alisa Guerrero

“El autor pagaba a la fundación con una obra, que quedaba en depósito, y están todas catalogadas. Hay, por ejemplo, una obra de Tapiès cuando vino a exponer. Esas bras están conservadas a buena temperatura, pero no se sabe lo que hay allí. Muchos son cuadros que nunca vieron la luz”, asegura.

“Se dio el caso de que había obras o material que figuraban en el catálogo, pero que luego no se sabía dónde estaban. Por ejemplo, unas pepitas de oro, que fueron de las primeras que se encontraron en Asturias y que se regalaron a la Caja”.

FOTO: Alisa Guerrero

Esta fuente refiere también la desidia con la que se trataba el material de la Caja: “Hubo un sitio, no recuerdo si en Sama o en La Felguera, un antiguo teatro que Cajastur compró y reformó. Allí había unos muebles que alucinas y material de oficina muy bueno. Pues de eso faltaron la mitad de las cosas, y nadie le dio importancia. Como a algunos cuadros, que no aparecían y nadie les daba importancia. El desinterés era muy grande. Todo fue una patochada para poder hacer la fundación. Hay pinturas, catálogos, libros…una millonada ahí tirada”.

El derroche, asegura, fue total y absoluto: “Recuerdo camisetas de Fernando Alonso, cosas de publicidad, libros, cuentos…todo tirado, en vez de darlo en los colegios”.

Todo aquello, recuerda, “es patrimonio de todos, y no se sabe qué fue de él. Allí hubo mucha mano, mucha gente que se tapaban unos a otros y, si se empieza a mover algo de eso, caen todos en picado”.

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