20 años de la invasión y destrucción de Iraq

Las movilizaciones fueron potentes y masivas, como 20 años antes lo habían sido las de la campaña por el NO al ingreso de España en la OTAN.

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Javier Arjona
Javier Arjona
Minero jubilado y militante internacionalista.

El 21 de marzo la ONU lo ha declarado Día de la eliminación de la discriminación racial. También el día del síndrome de Down. Es el Día de los Bosques, y el Día mundial de la Poesía. Para muchos territorios del mundo es año nuevo: el Newroz kurdo.

Sin embargo el 20 y 21 de marzo ha pasado a la historia como una fecha de crueldad que multiplica por miles los 69 asesinatos en Sharpeville-Sudáfrica de 1960 que dieron lugar a la celebración contra el racismo, o a los más de 200 muertos y casi 2.000 prisioneros que produjo la invasión de Bahía Cochinos en Cuba al año siguiente, 1961, la mayoría de los cuales fueron canjeados a EEUU, a cambio de medicinas y alimentos.

Medicinas y alimentos, y su canje por petróleo, era lo que pretendía la campaña en la que se involucró muy activamente Asturias, desde 1992, frente al bloqueo criminal de EEUU que produjo millón y medio de muertos.

En esta campaña y en las posteriores movilizaciones tendría un peso moral y resolutivo el Comité de Solidaridad con la Causa Árabe. Sus portavoces darían voz clara al rechazo a la guerra y la invasión de Irak.

Así que la invasión militar de Iraq en 2003 venía precedida de un largo embargo, de una intensísima política de robo de petróleo.

La Iniciativa Asturiana contra la Guerra logró agrupar a muchas sensibilidades, y consideraba  al Gobierno de España cooperador necesario en la ocupación ilegal de Iraq, responsable asimismo de haber enviado tropas y materiales para mantener esa ocupación y, por tanto, responsable, en primera instancia, de someter a esas tropas a situaciones en la que sufrían riesgos predecibles e impredecibles.

Delegación asturiana.

Las movilizaciones fueron potentes y masivas, como lo habían sido casi 20 años antes contra la entrada de nuestro país en la OTAN, que acabaría en aquel referéndum-chantaje, cuyas condiciones los sucesivos gobiernos españoles nunca cumplieron, sino que se sometieron activa y convulsamente a los dictados e intereses militaristas de EEUU.

“La Iniciativa Asturiana contra la Guerra logró agrupar a muchas sensibilidades”

Recogida de firmas masivas que se entregaban a delegación de gobierno, manifestaciones permanentes en el tiempo, marchas a Trubia y su fábrica de armas, y en el primer aniversario la jornada internacional del 20 de marzo se celebraba otra manifestación autonómica en Oviedo desde la Renfe en la que tuvo voz Awmi Kallamyi, portavoz de la Alianza Patriótica Iraquí, coalición de organizaciones políticas iraquíes de la oposición histórica y democrática de Iraq.

Manifestación contra la guerra. Foto: Borja Llorente.

Dos años después, en otro de los aniversarios, la voz de la catedrática de Derechos Internacional de la UniOvi, Paz de Andrés, sintetizaría el No a la Guerra en las calles de Xixón:

“…Si destructiva fue la invasión e incalculables las pérdidas que originó, tanto en vidas humanas como en bienes materiales y culturales, los años de ocupación militar han multiplicado las penalidades de la población iraquí. A los innumerables actos de violencia contra la población perpetrados por los ejércitos estadounidense y británico, se suma la agudización de los conflictos étnicos y religiosos que amenazan la posibilidad de un proyecto integrador, social y democrático para el futuro de Iraq. EEUU no ha dudado en recurrir a armamento prohibido por los convenios internacionales, arrasando ciudades enteras, de lo que Faluya es el más trágico ejemplo. A fin de limitar sus bajas, el Pentágono ha intensificado los bombardeos indiscriminados, lo que provoca grandes destrucciones y un incremento de las víctimas civiles: entre 120.000 y 500.000 iraquíes pueden haber muerto en estos tres años como consecuencia del uso generalizado de la fuerza por parte de los ocupantes; y medio millón de personas se han convertido en refugiados interiores.

Para hacer frente a la resistencia, EEUU recurre a detenciones masivas y a la práctica rutinaria de la tortura y el asesinato. El gobierno estadounidense reconoce mantener detenidos a 14.000 iraquíes, a los que habría que sumar una cifra desconocida de secuestrados en cárceles clandestinas. Los casos fehacientes de torturas en la prisión de Abu Ghraib demuestran el desprecio que las autoridades estadounidenses sienten hacia las convenciones internacionales. Hasta un cuarto de millón de iraquíes han pasado por centros de detención. Los escuadrones de la muerte asesinan selectivamente a personalidades civiles, cuando no indiscriminadamente a simples ciudadanos, en un intento de generalizar el terror y descabezar a la sociedad civil.”..

Pero antes, antes del inicio de la invasión y en modo preventivo para denunciarla, una brigada asturiana estaba sobre el terreno, y alguno de sus integrantes, como Mino García, se quedó allí varios días constituyéndose en improvisado reportero de guerra. Una experiencia que recogería en breve el cineasta Javier Maqua en el documental “Apuntarse a un bombardeo”, filmado en la casa de una de las brigadistas, la profesora Teresa Tuñon (que escribió el testimonio “Diario de una abuela brigadista en Iraq”) en Quirós.

Manifestación contra la guerra. Foto: Borja Llorente

La invasión y la guerra se fraguaron con abundantes mentiras masivas, y para ello el conglomerado mediático jugó como siempre su papel.

Sin embargo toda información fidedigna entorpece a los guerreristas, y por ello el mando yanqui ordenó bombardear el hotel Palestina donde se alojaban los periodistas y asesinar perversa y premeditadamente al cámara José Couso, de Tele5, y al ucraniano Taras Protsyuk, de la agencia Reuters, el 8 de abril de aquel año.

El crimen tuvo repercusión y se creó un colectivo de amigos y hermanos de Couso, que visitarían varias veces Asturias, buscando complicidad de las instituciones y colectivos para tratar de conseguir justicia.

Conocimos en Argentina al hermano de José, Javier, marchando detrás de las Madres de la Plaza de Mayo, a dónde él había ido a tocar en grupo de ruidoso rock, y tendríamos acciones conjuntas con el tiempo, no solamente vendiendo camisetas del “José Couso-crimen de guerra”, sino en un memorable alcuentru de muyeres en que la madre de José y Javier, y la presidenta de las Madres argentinas, Hebe de Bonafini, estarían juntas compartiendo dolores en Xixón y Oviedo.

Con el apoyo de Enrique Santiago (abogado en la causa del crimen de Bagdad) Javier se convertiría en eurodiputado y apoyaría varias de las delegaciones asturianas a Colombia, también en temas de derechos esenciales. (hasta que, pretendiendo mantenerse en la eurocámara sin amparo de la coalición, Javier optaría por otra candidatura, pero esa es otra y redundante historia de las izquierdas dispersas..).

Manifestación anti-guerra en Oviedo/Uviéu. Foto: Borja Llorente

El crimen de José Couso llegó a tener hasta un juez de la Audiencia Nacional  tratando de investigar en el terreno los hechos, por otra parte incontrovertibles. Pero la ausencia de “jurisdicción universal” a la que España renunció, y la impunidad gratuita otorgada por el gobierno español a los norteamericanos, llegó al límite en el Tribunal Supremo que condenó al Estado español 18 años después: “el Estado español estaba obligado, como se hace constar en la sentencia recurrida, a hacer gestiones en pro de una investigación internacional objetiva de los hechos y, en su caso, utilizar los medios que estimara procedente que pudiera dar como resultado la reparación del daño ocasionado”.

Se estima que más de 134.000  civiles iraquíes y 4.400 soldados estadounidenses murieron en esta guerra de invasión, que debía ser corta, pero se prolongó durante más de ocho años hasta 2011.

Según Kofi Annan, el entonces secretario general de las Naciones Unidas, la invasión fue ilegal según el derecho internacional, ya que violaba la Carta de la ONU.

La guerra de Iraq costó 1,3 billones a EEUU, y puede haber causado la muerte de entre 275.000 y 306.000 civiles iraquíes  según las estimaciones del estudio ‘Los costes de las guerras’, elaborado por el Instituto de Estudios Internacional Watson de la Universidad de Brown .

El gobierno Aznar envió 1300 soldados a Iraq. Pero el 18 de abril fue dada la orden de retorno de los soldados españoles  y a finales de mayo todos los soldados habían retornado. Sin embargo once de nuestros soldados ya habían perdido la vida, otra vez  en  guerra ajena.

Sí, resulta de elocuente evidencia negativa que ahora que estamos de nuevo en guerra, no se han dado las movilizaciones pacifistas de envergadura que protagonizaron las organizaciones frente a la entrada en la OTAN guerrerista, o frente la invasión de Iraq de hace 20 años, y que, lo que es agravante superior, no es masivo el rechazo ciudadano a que el presupuesto español se someta tan lastimeramente a los dictados burdos de Trump-Biden del 2% del PNB para gastos en armamento que únicamente propicia nuevas guerras y en todo caso supone beneficios astronómicos para el entramado industrial-militar yanqui, en tanto que endeuda y somete las necesidades sociales de nuestra gente y del propio Estado.

La responsabilidad de que eso esté ocurriendo ahorita mismo, (mucho más armamento y mucha menos Salud) es obviamente compartida entre gobierno, derechas y partidos progresistas, y las propias organizaciones sociales, que no han sabido o no han querido plantarle cara a la guerra, en los términos y compromisos que se hizo hace 20 años.

Hay quien piensa, empero, que no es inevitable la derrota: hay territorios que se han declarado De Paz, como la CELAC determina para Latinoamérica y Caribe; hay Tratados que la ONU ha aprobado y ha entrado en vigor dos años atrás, que PROHIBE e ilegaliza las armas atómicas; hay Institutos de investigación para la Paz, que nos ponen todos los días delante de los ojos los datos, pedagógicos y taxativos, de que solamente la PAZ hará posible la sostenibilidad del planeta, y la propia sobrevivencia de las personas, comunidades  y pueblos.

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