“El LEV puede imponer, pero es un festival a escala humana”

Cristina de Silva es la directora del festival gijonés, un referente en el panorama internacional que está a punto de cumplir la mayoría de edad.

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María Cidón
María Cidón
Es periodista

Arranca en Gijón la edición 17 del Festival LEV (Laboratorio de Electrónica Visual). Una cita anual ineludible que ofrece a un público curioso, experiencias únicas a través de las nuevas creaciones audiovisuales y de arte digital. La programación de este encuentro es un reto a todos los niveles, dice Cristina de Silva, directora del LEV y creadora del mismo junto a Nacho de la Vega, ambos miembros de Datatron. Uno de esos retos, aunque cada vez lo sea menos, es resultar cercano para quienes los contenidos sobre música electrónica y audiovisuales son indescifrables y fríos, algo que la directora comprende muy bien y que, según cuenta, supone un esfuerzo permanente de la organización para abrirlo a más públicos.

Para muchas personas el arte digital, “genera distancia o peca de frío, pero es lo contrario, hay mucho trabajo en equipo detrás de los proyectos”. Es una frase tuya durante la presentación de la programación de este año.

Una labor a la que nos hemos encomendando durante mucho tiempo, y que nos gusta, es estar explicando mucho. Pero en realidad el arte no hay que explicarlo tanto. Sencillamente te tienes que acercar a él. Aunque yo soy muy fan de la mediación, toda la información que puedas tener de de las propuestas artísticas viene muy bien. El arte digital se ve como algo frío, es labor de la gente encargada de comisariar y de producir todo el circuito de actividades, está en su mano el escoger los proyectos adecuados y mostrarlos de la manera que consideren adecuada. Estas propuestas que se relacionan con la tecnología necesitan una muy buena producción para que realmente funcione. Estamos en ese detalle de producir las cosas muy bien. Es un festival complejo, hay mucho más de lo que la gente se puede imaginar, tanto en la producción de las piezas de los artistas como en la conceptualización de las ideas, y luego toda la parte de desarrollo tecnológico. Tenemos que aplicar la innovación y la creatividad de las propuestas al evento y a los escenarios, porque tienes que acoger esas piezas. Traer el proyecto de Robert Henke no es fácil, no lo decides y lo haces de hoy para mañana. O por ejemplo, en la instalación “Faces” que se va a hacer en el Centro de Cultura Antiguo, nosotros vamos a hacer la producción in situ con todo nuestro equipo especializado. Son estrategias enriquecedoras para nuestro equipo, todo lo que sea formarse, estar en contacto con el artista y de trabajar todos a una, es una manera de entender la pieza y de ir un poco a la par, de no quedarte atrás.

Existe la impresión de que el LEV está destinado a un público mayoritario de 40 a 50 años, ¿cómo lo ves? ¿cómo se abre el festival a otros públicos y a la ciudad?

El festival empezó siendo un poco nicho, teníamos una programación muy concreta. Pero a lo largo de todos estos años ha cambiado mucho, la comunicación y nuestros intereses. Queremos seguir teniendo una línea de programación del público muy interesado y conocedor en mayor o menor medida, porque el cartel del LEV siempre es súper críptico. A veces, me dicen: “es que no conozco a nadie… bueno vale  es normal, porque son propuestas poco conocidas”. Pero ahí también está lo chulo, el reto. Es una oportunidad porque festivales donde vas a ir a ver lo que conoces, pues sí, hay muchos. Y me parece fantástico. Festivales que te programen cosas que a lo mejor puedes conocer, pues es otro tipo de propuesta. Si tú te fías del festival… 

“Siempre intentamos que las propuestas sean accesibles”

Se trata de que no vayas esperando nada en particular, ¿no? 

Claro, de alguna manera ahí está el quid de la cuestión. Con el LEV intentamos llegar a un equilibrio para lograrlo: hacer un programa que tenga sentido y una programación como valor añadido al programa del LEV con las instalaciones y la realidad virtual que, por otro lado, también es una puerta de entrada a la creación digital y a la digitalización de la sociedad. Y siempre intentamos que las propuestas sean accesibles, que se explique, con una buena mediación. Una experiencia de realidad virtual en una sala donde está todo mal montado, donde te pones las gafas y no te funciona y te da vergüenza avisar…Ponerse unas gafas y que no puedas ver nada supone una responsabilidad. A eso le tenemos muchísimo respeto, en ese momento hay público en tus manos, y lo maravilloso es poder ofrecer algo que merezca la pena, una experiencia que tenga valor. Por eso intentamos hacer este circuito de experiencias abiertas, que son gratuitas y pensando en unos contenidos que valen para todo el mundo y que no por ello dejan de ser interesantes. Ahí hacemos un verdadero esfuerzo. 

Cristina de Silva. Foto: David Aguilar Sánchez.

¿Y se suma nuevo público?

Sí, pero vamos, que tenemos una media de edad alta. Hace tiempo, en una charla que hacíamos de gente que organizamos festivales de este tamaño y muy específicos,  hablábamos de qué iba a pasar en algunos años más, porque el público va creciendo con nosotros. Realmente no lo sé, pero hay gente joven y todas esas propuestas en las que trabajamos en paralelo, relacionadas con la realidad virtual o con el tema del metaverso, ahí en cambio, es público muy joven. En la colaboración que tenemos ahora con Arenas Movedizas pasa todo tipo de público, hay gente que viene todos los años que los tengo súper controlados. Son de todas las edades y me encanta porque a mí no me gusta nada pensar que el arte es para edades concretas. Quizás aquí en España se ve de otra manera, pero por ejemplo te mueves por los festivales en Europa y hay una mezcolanza de público total, hay más de trayectoria. Ves muchísima gente de la que podemos llamar “mayor” en los festivales.

“te mueves por los festivales en Europa y hay una mezcolanza de público total”

¿Qué objetivos os planteáis para el LEV de este año? ¿Os centráis en alguna temática en particular para esta edición?

Trabajar con temas es muy chulo porque te da mucho juego. Pero realmente es complicado, tienes que trabajar con mucho tiempo y  mucha seguridad. Yo el LEV tengo siempre la seguridad que va a ocurrir, pero todos los años es una lucha porque depende de muchos acuerdos, presupuestos y colaboraciones. Es difícil poder trabajar con el margen de tiempo que te daría el poder hacer un un guion. Es un festival vivo, tiene que estar reinventándose de manera orgánica, natural. El contexto te lo da todo, lo que va sucediendo en la sociedad, los avances tecnológicos, las herramientas digitales nuevas, dónde están los artistas. Eso es lo que genera la hoja de ruta. Nosotras siempre vamos a poner mucho énfasis en mostrar lo que es la creación audiovisual, pero de una manera muy abierta, con formato instalativo, de directo audiovisual, de performance, súper líquido…Y también hacemos bastante hincapié, en el concepto de directo. De la energía que ocurre en el escenario, de compartir esa propuesta que están haciendo los artistas con el público. Vamos variando sin querer encasillarnos. Siempre hay cambios en el LEV: este año retomamos el Botánico y, por ejemplo, no hay instalación en La Colegiata. 

Foto: David Aguilar Sánchez

Pareciera que con el LEV no paráis de hacer muchas cosas, de que vais creciendo muy rápido…

No sé si tan rápido… es que al final son veinte años de trayectoria. Con el Arenas Movedizas son 21 y con el LEV, 17. Y somos dos personas en el proyecto, es una vida laboral. Nosotros vamos aprovechando las oportunidades que nos van surgiendo. Al principio veíamos un montón de propuestas y todo tenía que entrar en la edición de un año y te frustrabas. Teníamos muchas más cosas que contar y se quedaban fuera. Nos gusta ofrecerle a la gente una programación para que la puedan disfrutar de la manera adecuada, en unas condiciones óptimas. Es un formato de festival a escala humana. Viene gente de fuera, lo cual es muy interesante porque genera muchas sinergias con la gente de aquí, es un punto de encuentro creativo y profesional para muchas personas. Ahora estamos pensando en un crecimiento a lo ancho, no es que queramos programar para 5.000 personas. Se nos ocurren muchas más cosas que hilar con el festival y que la gente podría disfrutar. Uno de los nuevos ámbitos de creación que considero fascinante y que es brutal porque lo he visto en la experiencia de la gente, es el tema de la realidad virtual. 

Cristina de Silva. Foto: David Aguilar Sánchez

Aparte de romper con los prejuicios con la edad, el tipo de público o que el cartel y la programación puedan resultar algo extraños o complejos, ¿cómo te gustaría animar a más personas a conocer el LEV?

Yo entiendo que puede imponer, pero de verdad que echamos mucho tiempo y le damos bastante importancia a contextualizar las producciones. Tenemos la suerte de que trabajamos en el ámbito audiovisual y los proyectos llaman la atención. La idea de del festival es que suponga una experiencia excepcional, única.  Todo el recorrido está muy pensando, es un festival en el que no no te vas a tener que complicar mucho porque nada coincide con nada. Si quieres hacer una inmersión total en el festival, genial. Pero también está muy pensado para que te puedes acercar de maneras diferentes. Y eso funciona muy bien. Yo tengo mogollón de colegas que sé que van a ir al Muséu del Pueblu de Asturies el sábado por la mañana, la localización es brutal y vas con las familia… Si buscas  propuestas muy potentes a nivel audiovisual, desde luego que te tienes que ir a los teatros, al de La Laboral y al Jovellanos, es una propuesta escénica. Y luego están las instalaciones y las experiencias de realidad virtual…Animo a la gente a que aproveche la oportunidad, no es sencillo tener a mano cualquiera de estas propuestas en España. Hay pocos festivales que se dedican a esto,  que realmente te dan la oportunidad de ver una buena selección y que todo está bien producido. 

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