El ilusionismo de Henke y la música electrónica de los 80 que nunca existió

Con cinco ordenadores obsoletos y una pantalla gigantesca, el proyecto artístico CBM 8032 AV de Robert Henke hipnotiza al público del Festival LEV

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María Cidón
María Cidón
Es periodista

Los ordenadores Commodore CBM 8032, de inicios de la década de los 80 del siglo pasado, no producían sonidos, no incluían una tarjeta de sonido y ni siquiera estaban pensados para el uso personal. Pero estos equipos tenían una ventaja: incluían un software de sistema abierto, permitiendo que cualquiera que los tuviera a su alcance pudiera introducir la información que quisiera en ellos. Es la belleza de lo simple y accesible que Robert Henke, cabeza de cartel del Festival LEV,  quiso ensalzar con su performance audiovisual.

El artista digital alemán creó sus propias tarjetas de sonido para estos ordenadores, los introdujo y los combinó para generar música y unas gráficas espectaculares: tres ordenadores para la música, una cuarta máquina para el vídeo y la quinta para las secuencias. De fondo, una pantalla gigantesca donde se proyectaban las gráficas y el espectacular sonido del teatro gijonés.

Y así, 40 años después de la aparición de esta tecnología que hoy nos parece primitiva, Henke,  trasladó al público del LEV a un entorno sonoro y visual de los 80 que nunca existió, una ilusión que solo se puede explorar desde nuestro presente. Este es el objetivo del proyecto CBM 8032 AV, que en aproximadamente 50 minutos de duración logra hipnotizar al público con figuras dicromáticas vibrantes que mutan al ritmo de la música electrónica.

“Todo lo que veis aquí podría haberse hecho en 1980, la única diferencia es que hoy podemos ver estas gráficas, escuchar estos sonidos y encontrarlos interesantes porque son crudos, tienen algo único. Lo que quiero explorar con este proyecto es lo que la gente puede ver en el contexto de los 2020 a través de tecnología absolutamente obsoleta”.

Robert Henke en el LEV

Lo que se ve: Un mundo en verde y negro que evoluciona al ritmo de los sonidos electrónicos. Códigos y series de números, líneas paralelas que se distribuyen en módulos divergentes, rectángulos palpitantes y figuras circulares de dimensiones variables. Un viaje visual a través de una música magnética. Sensaciones y visiones que también evocan algo entrañable, una visión retro de la ciencia ficción, del futurismo ochentero, cuando toda la tecnología de la que disponemos en la actualidad sólo eran fantasías propias del cine más comercial.

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