“Podemos piensa quién encabezará la resistencia a un gobierno de ultraderecha tras las generales”

Daniel Bernabé presenta el próximo 4 de mayo en el Toma 3 junto a NORTES su primera novela: Todo empieza en septiembre

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Todo empieza en septiembre le otorga a la ficción española un espacio literario desde el que sondear la actualidad política, entreverada de villarejos, ministros corruptos, policías patrióticas y empresarios de la televisión. De alguna forma, el periodista Daniel Bernabé nos entrega una novela negra, toda novela negra encierra un clima político y social, a partir de la figura de un periodista free lance, Jaime Peña, envuelto en un golpe de estado en que el los poderes politicos, judiciales y mediáticos se conjuran para retrotraer al país a un un punto predemocrático, inmediatamente después de que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias hayan fraguado el primer gobierno de coalición de la izquierda española en los últimos 40 años. Hay en Todo empieza en septiembre los mismos mimbres que forjaron Tatuaje, Yo maté al presidente o Los Mares del Sur de Manolo Vázquez Montalbán, esa vocación de llevar a la literatura de género lo que ya estaba presente en sus artículos publicados en El País, sus crónicas y sus ensayos. En la novela de Bernabé reverbera La trampa de la diversidad o La distancia del presente con una coherencia muy sólida, lo que demuestra que hay una línea de pensamiento materialista que se puede construir a partir de diversos materiales. Su presencia en La Ser, Infolibre o El País le otorgan un papel protagonista en los medios de comunicación como analista y, sobremanera, como divulgador al tanto de las ideas, el espacio y el tiempo que vive la izquierda. Y de eso va también esta entrevista que anticipa la presentación que tendrá lugar el próximo 4 de mayo en el café-librería Toma 3.

Me gustaría saber si Todo empieza en septiembre nace con vocación de saga. Lo digo porque su personaje principal, Jaime Peña, aunque es periodista, actúa como un detective de la realidad, de la actualidad, a la manera en la que Pepe Carvalho funcionaba como representante crítico de una clase obrera particularmente descreída en una España que principia la Transición vivida de Manolo Vázquez Montalbán.

Pues muy honrado diría de ser parte de esa comparación. No eres la única persona que me lo ha preguntado si esto se queda aquí o si continuará. Ojalá tuviera una respuesta. No depende únicamente del autor, pero por mi parte no habría problema. Esta proyección de una saga sucede cuando existe la aspiración a que tu ficción ejerza de crónica del tiempo que le ha tocado vivir. Hay momentos en los que la ficción funciona como escapatoria, para trasladarnos a otros sitios y perder de vista lo cotidiano, pero a veces juega justo en el campo contrario. Necesitamos contar el mundo en el que estamos viviendo a través de la ficción, apelando a todo aquello que, quizá, se queda fuera del ensayo, los sentimientos, dejando constancia de aspectos de la realidad, sin necesidad de hacer un trabajo periodístico sobre ellas.

De alguna manera, la conciencia de clase obrera exige nuevas narrativas y resulta muy atractivo que desde el periodismo o, desde la perspectiva del personaje de un periodista, se puedan construir para poner en evidencia algo que desde el ensayo hubiera parecido extremadamente conspiranoico o, quién sabe si quizá no tanto. De cualquier modo, si por algo destaca Todo empieza… probablemente es porque pone el foco en los golpes de estado o las tentativas de golpismo que se celebran o se piensan en las televisiones o los espacios mediáticos y no en los cuarteles.

Por un lado, quería que el libro apelase a la conciencia de clase a través de un protagonista expuesto a los vaivenes de la precariedad y la falta de recursos. Normalmente, en las ficciones no sabemos de qué vive la gente. Eso me ha llamado mucho la atención siempre. Los personajes simplemente viven aventuras y están expuestos a problemas pero no tienen una raíz relacionada con su trabajo. Me parecía interesante que Jaime fuera un periodista que ni siquiera es capaz de alcanzar una mínima estabilidad, un contrato. La precariedad no está sólo relacionada con la posesión si no con la falta de capacidad para poder hacer planes. La gente afectada por la precariedad no puede hacer planes más allá de tres meses y quería que ese factor estuviera ahí presente. Más allá de la profesión, que la conozco algo y me siento cómodo hablando de ella, quería que esa idea trascendiera sobre otras. La novela, efectivamente, plantea el malestar de una generación y también se pregunta si esta sociedad está amenazada por gente que quiere retrotraerse a un momento anterior a la democracia. La respuesta es que sí. Los métodos han cambiado. No se trata de complots entre generales que pretenden golpes de estado sacando los tanques a la calle. En la Europa contemporánea tenemos movimientos cristalizados en un poder mediático con capacidad para poner y quitar gobiernos. Quería dejar patente que en los últimos tiempos estos poderes se han desatado de ciertos mecanismos de control y que en este país está sucediendo cosas que no son normales.

Daniel Bernabé presenta el próximo 4 de mayo en el Toma 3 junto a NORTES su primera novela: Todo empieza en septiembre
Daniel Bernabé. Foto de Isabel Permuy.

Cuando encontramos a periodistas interpelando a la movilización en las calles, construyendo narraciones que tratan de imputar la ilegitimidad a gobiernos democráticos que sí son legítimos y cuando las cloacas pasan de ser zonas de penumbra a espacios de poder visibles que cobran más relieve que nunca con Ministros del interior, villarejos y más periodistas, se observa que hoy no existe una narrativa que la represente desde la ficción. Por eso defiendo que esta novela preserva el espíritu de las novelas de Carvalho cuando abordaba las contradicciones del poder y de la sociedad de su tiempo.

Sí y, en el fondo, lo que subyace es un problema de índole económico. A partir de la crisis financiera, el orden neoliberal entra en una profunda crisis sin solución. Todas las recetas que se llevan aplicando en Europa y EEUU dejan de funcionar de tal manera que la ideología consustancial al orden carece de dirección, creando una serie de contradicciones de legitimidad y de representación. Hay mucha gente en la pasada década, tanto en España como en otros países, que sale a la calle exigiendo un reparto mas justo de la riqueza en la sociedad. De ese momento nacen dos respuestas, una de carácter ultraderechista, agazapada, silente pero que sigue existiendo, y otra que acude al recurso de una defensa del status quo que decide saltarse todos los procedimientos que la propia democracia se otorga a si misma.

Y en el caso español, los métodos se les van de las manos.

En el caso español, lo encontramos durante la segunda parte de la década pasada, cuando se alinea el descontento vinculado a la precariedad, los despidos, los recortes y la corrupción, y cuando el PP se apropia de los métodos de guerra sucia contra los desajustes que, consideran, amenazan el orden existente. Se crea la policía patriótica para pergeñar noticias falsas que atentan contra la credibilidad de sus adversarios políticos y esto tiene que contarse con un correlato de medios, de periodistas afines que, aunque conozcan la falsedad de estos materiales, los publiquen y los extiendan. Sucede que, una vez que el gobierno del PP abandona la Moncloa tras la moción de censura, existe la posibilidad, aunque se había tratado de evitar con las sucesivas repeticiones electorales del 2015, de que la izquierda llegue al gobierno. Esto tiene como consecuencia que la derecha, por evitar su propia purga interna, por evitar enfrentarse a una década de corrupción desmedida y por intentar desmontar este gobierno lo antes posible, recurra a la narrativa de la ilegitimidad. Un gobierno legitimo que surge de unas elecciones es transformado en una excepción y en algo que hay que tirar a toda costa. En el momento en que llega la pandemia, acontecimiento inesperado que provoca un caos notable y grave, es aprovechado para acelerar la caída del gobierno y se utilizan todos los medios desde sectores del estado muy relacionados con la judicatura, los medios de comunicación y el poder político. Hay un intento continuado de desarmar un gobierno durante toda la legislatura que se extiende, incluso, a la actuación del Tribunal Constitucional cuando impide una reforma en el Congreso y en el Senado. Como vemos, los procedimientos se les van de las manos.

Todo empieza en septiembre es también un intento de mostrar la debilidad de las estructuras institucionales y también de la soledad de los periodistas a la hora de abordar la información. Jaime Peña encarna esta circunstancia bastante bien y es un hecho cierto que cuando uno intenta abordar una investigación donde la corrupción o los movimientos de orden fascista y golpista están presentes, el periodista se encuentra más desamparado de lo que el público lector se cree.

Para un free lance de los medios de comunicación desde luego, resulta bastante complicado. En el fondo, estás jodido. A la hora de repartir, el éxito de una investigación es compartido por el periodista y la cabecera, pero si hay problemas, entonces el problema es tuyo. Eso provoca que puedas estar expuesto a una pena de cárcel por una querella o a pagar una cantidad exorbitada por una demanda. Conozco a compañeros que han sido denunciados y después han tenido tratos judiciales con VOX y, afortunadamente, han salido indemnes soportando la incógnita de una pena de cárcel por revelación de secretos. Eso es jodido y no se ve. Los lectores no suelen conocer los peligros que entraña esto. A mayor precariedad de la profesión periodística, menor capacidad de maniobra. Al fin y al cabo, sólo puedes meterte en jardines si tienes un espíritu especialmente kamikaze o cuentas con la protección de una cabecera que te respalde ante la contingencia de una demanda que suele ser bastante larga y costosa.

Por otra parte, Jaime Peña es muy representativo de un tiempo presentista, hedonista, desbordado por las redes sociales y acosado por la incertidumbre. Mientras leía la novela, observaba que existía una coherencia muy solida entre Las trampas de la diversidad y este texto con el que te presentas como narrador. ¿Cómo ha evolucionado ese ensayo a la luz de esta novela?

Pues me alegra que veas esa correlación. Hay veces que se hacen lecturas torpes, desinteresadas, vagas, que se quedan con aspectos poco sustanciales de los ensayos convertidos en anécdota. La línea sigue siendo la misma que he seguido siempre en mis artículos de prensa, en mis ensayos, la radio y ahora la ficción. Vivimos un mundo de gran individualización en el que es muy difícil tejer complicidades con otras personas. El gran elemento que agrupaba a personas muy diferentes en un mismo proceso de cambio histórico era la clase trabajadora y, pese a que sigue más presente que nunca en todas las fases de producción, no se percibe como tal y nadie actúa en consecuencia. En ese sentido, el libro plantea dos cosas: la primera es que deberíamos estar menos solos de lo que estamos. La segunda es que tenemos una serie de amenazas comunes y que la forma de enfrentarnos a ellas debe ser en general, común. Es por eso que Jaime viaja mucho, no solo por necesidad narrativa, pues en el oficio periodístico hay que hablar con mucha gente para que me cuente cosas, pero en ese viaje, encuentra aliados muy diferentes y diversos entre ellos que, al final, tienen un adversario común. Por otra parte, está la cuestión del presentismo que considero muy importante. Uno de los grandes problemas es que el orden neoliberal ha conseguido asociarse de tal manera con lo real que parece que no existe otra cosa que el presente, parece que nunca ha existido otra cosa ni tampoco existirá otra que solo presente. Tenemos la impresión de que las condiciones actuales han sido siempre las mismas cuando, a lo mejor, ni hace diez años eran las mismas que las de hoy. Pero tampoco hay capacidad de establecer una línea temporal y, por tanto, si no partimos de ningún sitio ni vamos a ningún sitio, no tenemos capacidad de movimiento, estamos a merced de las necesidades y deseos de la gente que tiene el poder económico. Esto se representa muy bien en la crítica cultural de este el libro. Jaime tiene unas convicciones muy firmes en cuanto a la cultura pero las sabe completamente derrotadas y, además, sabe que no van a volver, lo que no quita que haga una labor muy crítica y recuerde el siglo XX como el siglo de las revoluciones, el sexo, las drogas y rock and roll. Algunas categorías que surgieron de allí le sirven de refugio y le sirven como un identificador. Siente que todo eso era mucho más que un entretenimiento. Por lo tanto, levanta esa bandera, no ya con la intención de ganar ninguna batalla que ni siquiera se dio, porque el adversario era tan fuerte que arrasó con esas posiciones. Jaime la levanta para recordar que hubo un mundo diferente a este y que, por lo tanto, puede haber otro mundo en el futuro diferente al que hay ahora. Si todo es presentismo, nunca nos moveremos a ninguna parte y eso es desastroso para las posiciones de cambio que el progresismo no quiere entender. Mientras tanto, los conservadores tienen un problemón porque ven un mundo actual que no les gusta y son incapaces de unir la línea de puntos y ver que su sistema económico es el que ha llevado sus tradiciones al desastre, los progresistas parece que se conforman con ver el progreso de una forma muy errónea: dando por válido todo lo que es contemporáneo.

Daniel Bernabé. Foto de Isabel Permuy.

De algún modo, Todo empieza en septiembre también es una interpelación a la alianza intergeneracional.

Quería que existiera esa alianza. Vivimos un momento en el que, con bastante interés, se crean siempre conflictos entre generaciones. Se ha intentado, la verdad es que sin mucho éxito, que odiáramos a nuestros mayores porque ellos cobran una pensión y nosotros no vamos a cobrarla nunca, en vez de analizar qué es lo que puede ocurrir con el sistema de pensiones. Frente a los jóvenes ha sucedido lo mismo respecto de los mayores. Tengo que reconocer que me entiendo mejor con la gente que tiene veinte años más que yo. No sé bien por qué sucede. Intuyo que compartimos vectores culturales. Con la gente que tiene veinte años mas que yo, comparto algunos vectores culturales que permanecían desde los años 60 y 80, aunque vengamos de mundos diferentes. Sin embargo, la gente que ha venido después con el siglo XXI en marcha, creo que dispone de un elemento nuevo que los hace netamente diferentes: es lo digital. No se trata de que los chicos del siglo XXI sean más torpes o peores. Su socialización se produce a través de la pantalla de los móviles y lo digital. Esta nueva pauta, les permite ver el mundo de una manera más diferente al nuestro. Quería establecer estas complicidades, que haya una cierta esperanza.

Pablo Iglesias vuelve a su papel punk de agitador mediático, pero ¿Qué agitas cuando tu has sido vice presidente de ese gobierno?

Nosotros, los que tenemos 40 años todavía estamos en esa zona fronteriza con la mirada lineal de la historia y la neocapitalista y digital que la representa de una manera fragmentada. El tiempo presente es fragmentado y atomizado e irresoluble desde parámetros narrativos decimonónicos. Para nuestra generación ¿sigue siendo una dicotomía difícil de resolver?

Yo tampoco soy capaz de resolverla. En cualquier caso, trato de aportar un mínimo de coherencia a lo que escribo, donde siempre hay una apelación a la totalidad. Y puede sonar arrogante, pero creo que se puede intentar en casi todo lo que escribes: que exista una visión unificadora, de manera que el lector acceda a otros los elementos y el texto le sirva de hilo del que ir tirando. Yo no soy nadie que descubra cosas nuevas, sólo presento cosas de una manera entendible para la mayoría. Soy más un divulgador que otra cosa de lecturas más complejas que me pueden resultar de interés. Voy a poner un ejemplo. Respecto al 1 de mayo, VOX ha sacado una caricatura donde está presente la conspiranoia. Ayer busqué exactamente cual había sido el voto de VOX en cada ley que favorecía los derechos de los trabajadores. En todas ellas, el partido había votado en contra de los elementos más favorables que había presentado el gobierno. Esto son hechos. Tardas media hora en hacer un tuit como ese y la gente se sorprende muchísimo. Con esto quiero decir que intento aportar relaciones, una mínima coherencia de lo que ha sucedido en los últimos tres años. Lo fragmentado nos impide establecer relaciones, de manera que vivimos un momento que no podemos entender. La sensación, es verdad, que tengo es que antes, hace treinta años, no necesitabas estar permanentemente conectado para saber como eran las relaciones internacionales. Y eso pone de manifiesto como ha cambiado la narrativa en general.

Esa narrativa está cambiando el paradigma que ha tenido la izquierda sobre la UE e, incluso, me atrevería a decir, sobre la OTAN, hasta el punto de que hoy nos encontramos a un PP enfrentado a la Comisión Europea y tachando de rojo a alguno de sus comisarios.

Es que ha habido cambios. Cuando te sitúas en la comodidad de la posición inamovible tienes un problema. Falta de atención al mundo. La UE sigue siendo una organización supranacional que intenta, de una u otra manera, agrupar a los países de la Europa occidental para construir una fuerza económica en el mundo que sea capaz de subsistir a los grandes colosos asiáticos y americanos. En este proceso, los intereses de cada país se pusieron muy en liza durante la pasada crisis financiera y en ella los alemanes jugaron un papel desastroso para los intereses de los países del Mediterráneo, tal y como comento en la Distancia del presente, donde pretendí trazar una línea de época. Sucede que desde el año 2015 hasta hoy 2023 han pasado muchas cosas: ha pasado el Brexit y la UE se acojona ante la salida de uno de sus socios principales, sometido a una operación urdida entre la mentira y la manipulación. También ha pasado que EEUU se convierte en un aliado incierto con la irrupción de Trump. También ha pasado que la pandemia es un golpe inesperado frente al que hacía falta otra forma de cooperación y ha pasado que España, en este contexto, con un gobierno progresista, juega un papel positivo en la UE. Pedro Sánchez, poco menos que considerado hace cuatro años como una figura de marketing, es el Presidente español que más ha obtenido de la UE, ha conseguido lo que ningún otro presidente ha intentado y ha sabido levantarse de la mesa y presionar. Nada de esto hubiera valido si el contexto no hubiera cambiado. ¿Eso significa que la UE es hoy una entidad social, confiable? Por supuesto que no. Significa que, en el contexto, es un terreno de juego, significa que hay grietas que puedes aprovechar. Desde la izquierda puedes mantener la misma postura que en 2003 y tus amigos te darán una palmadita en la espalda, pero políticamente serás irrelevante. ¿Qué papel puedes jugar? En cambio, la OTAN es otra cosa, la realidad es mucho más oscura, es lo que es, el paraguas que EEUU sostiene por el asa mientras nosotros somos la copa, para hacer frente al bloque ruso-chino. Hoy por hoy decir que un país se puede salir de la OTAN no es creíble, no es cierto. Supondría una serie de problemas políticos y logísticos de primer orden. Se puede aspirar a que la UE tenga un papel decisivo de defensa que mire más por sus intereses que por los de EEUU. La guerra ruso-ucraniana marca una agresión de Rusia, eso es obvio, y también marca unos movimientos previos del bloque occidental que fueron beneficiosos para EEUU. A partir de ahí tu ves como Alemania no quería esta guerra porque le venía muy mal para todo, tanto en lo energético, como lo económico, pero la ha tenido que aceptar. Si Alemania no es capaz de imponer sus intereses a los EEUU, habrá que tomar nota. Rusia y la UE comparten el mismo espacio geográfico, esta situación actual es negativa evidentemente, pero no perdamos de vista, y eso no lo quiere ver una parte de la izquierda, que Rusia ha jugado un papel negativo en esta agresión.

Que Podemos se queje de que Más País o Compromís tiene más fuerza de la que merece es la consecuencia de que la naturaleza acabó con el paciente: donde no estén ellos estarán otros

Magariños supuso el anuncio de la candidatura de Yolanda Díaz pero también puso de manifiesto la división que hay entre quienes apoyan el proyecto de Sumar y los que defienden un mayor espacio de interlocución para Podemos alentado por Iglesias y Belarra.

No me sentí interpelado en el acto de Magariños y no me gustó mucho. Nadie me preguntó hasta ahora y te lo digo así.

Es como si Sumar necesitara más rock and roll

Exactamente. Yolanda Díaz ejerce muy bien en su papel de ministra de Trabajo, de mujer de Estado, es muy solvente, pero creo que se le ha buscado otro papel que, por supuesto, ella ha asumido con total libertad, que no le favorece. Me refiero a este tono tan blanco. Yo creo que si Yolanda Díaz es alguien o es algo es por el papel que ha jugado en el Ministerio de Trabajo que, a estas alturas, hasta parece que está mal decirlo. Creo que su labor aporta una definición de conjunto de por qué el trabajo es la centralidad de la acción del gobierno aunque si lo dices te llaman rojipardo.

Suelo decir que a través del BOE, de la subida del SMI, de la reforma laboral, la izquierda accede a la centralidad institucional lo que significa una gran conquista que le otorga la experiencia de gobernar desde la izquierda al conjunto de todos los españoles.

E, incluso, demostrando que existen alternativas, a pesar de que haya gente que minusvalore al ministerio que ha roto junto a los sindicatos, una inercia, según la cual la izquierda no sabe gobernar. De ahí que algunos dejáramos caer que en España se vivía un momento laborista que no había sucedido nunca hasta entonces. En el ámbito laboral se legislaba para joder a los trabajadores y esta vez ha sido diferente. Hay que tenerlo en cuenta. Por eso tengo netas esperanzas de que juegue un papel positivo. En cambio, todo lo que la rodea no me apela directamente. A lo mejor no entiendo el momento político actual, pero antes la gente se subía a un estrado para defender unas ideas políticas y no por quien era y ahora parece que cada uno tiene su sector. No pasa nada. Es una manera de verlo. Quizá un señor de mediana edad heterosexual blanco que represente a la mayoría de este país es anatema. Cada uno apela a las mayorías que quiera. En la parte de Diaz hay una reticencia a reconocer por qué Diaz es importante. Me limito a ver lo que veo. Y por el otro lado tenemos un partido que ha sido esencial en la reconfiguración de este país en los últimos siete años que ha recibido unas dosis brutal de odio y de maniobras oscuras para acabar con ellos. Podemos apostó mal en los últimos tiempos por la reconfiguración de España. Lo comento en el último articulo publicado en El País sobre las elecciones andaluzas. Quería expresar por qué Unidas-Podemos se va al traste. Si la coalición hubiera resistido, habría salido fortalecido en ese proceso y habría existido una columna vertebral, un esqueleto sobre el que apoyar el resto. Que ahora Podemos se queje de que Mas país o Compromís tiene más fuerza de la que merece es la consecuencia de que la naturaleza acabó con el paciente. Donde no estén ellos estarán otros. En este proceso, Podemos se equivoca al apelar a la impugnación en un momento que requiere construcción. Pablo Iglesias se mueve muy bien en el terreno de las emociones mediáticas pero le llevan a no haber sabido explicar su labor de gobierno. Huye de ahí y vuelve a su papel punk de agitador. Ahora bien, ¿Qué agitas cuando tu has sido vice presidente de ese gobierno? Eso genera una situación muy extraña. De repente tenemos a un Podemos que se dirige de forma muy efectiva a una gente más cohesionada en torno a un líder mediático, pero que ha roto con todos los actores de la propia izquierda. Es muy desagradable que cada vez que alguien hace un análisis que no encaja con las directrices o posiciones de Podemos o Pablo Iglesias, lanzada desde su canal de televisión, se le califique inmediatamente de banquero. Me parece ridículo. Mas allá de los acuerdos que se alcancen, si se alcanzan, la salida será difícil. Tu no puedes decirle a la gente que comparte memes calificando a Yolanda Díaz de traidora que después vayan y la voten. Creo que se está pensando en el día después de las elecciones, en quién va a encabezar a una posible resistencia a un gobierno de ultraderecha después de diciembre. Y ahí Podemos se siente ganador, pero a mi no me salen esas cuentas.

Ganador en la derrota.

Eso es. A mi no me salen las cuentas. Lo que viene puede ser muy jodido. PP y Vox en un gobierno pueden ser muy peligrosos.

Un gobierno conectado a una ola de gobiernos donde la derecha gobierna con la ultraderecha en el resto de Europa.

Es curioso que sea un gobierno español el que, con todos sus debes, conserva la potencialidad para que avance en sus posturas y encabece cierto movimiento igualitarista en el resto de Europa. Pedro Sánchez es admirado fuera de nuestras fronteras por gente progresista. Es alguien con capacidad. Y esta reflexión sitúa a la izquierda ante dos posiciones. Por un lado está la izquierda que desprecia lo que no encaja en sus categorías más concretas y por el otro está aquella que admite que existen posibilidades en papeles inesperados que juegan papeles más relevantes. Ojala hubiera sido uno de los nuestros, pero hay que admitir que Sánchez es ese señor que de repente defiende posturas que no se encontraban desde la hégira de Margaret Thatcher en Reino Unido o Lionel Jaspin en Francia. Zapatero, al que todos respetamos por mantener cierta ética internacional, no cuenta en esta ecuación. Al final, gobernó con Solbes y sus posturas económicas.

Pablo Iglesias y Podemos han llevado a la izquierda a este punto de inflexión. Sin embargo, es Podemos quien sufre una crisis territorial. A fin de cuentas, hoy Podemos son dos ministerios y un grupo parlamentario en el Congreso. Lejos de iniciar un proceso de apertura, inicia otro de repliegue y de tierra quemada, rompiendo puentes y dilapidando a través de redes sociales y medios de comunicación, el capital político que lo forjó. ¿Debería iniciarse un proceso en Podemos que le permita sumarse a Yolanda Díaz?

Fíjate que en Podemos existe, desde hace tiempo, enfado, incomodidad, incertidumbre, sobre todo en aquellos territorios en los que cuentan con una izquierda nacionalista con la que Podemos se referencia, incluso más, que en los propios. El apoyo a Bildu y ERC es constante. Por supuesto, hay que tener una relación fluida con ellos, pero la referencia constante a esas opciones políticas perjudica a Podemos y a la necesidad de que en esas comunidades exista una izquierda no nacionalista abanderada por ellos.

Tras las municipales hay que contar cuántos concejales saca cada partido de la izquierda en sus infinitas variables y compararlos porcentualmente con los de IU en los noventa: si la cifra es notablemente menor, entonces algo se ha hecho mal.

Hace unos días remitías en un artículo de El País al origen de la situación actual de Podemos.

El problema de base tuvo lugar a partir del año 2015 cuando el partido opta por no presentarse directamente a una parte de los ayuntamientos, por el miedo a que las coaliciones locales o regionales diluyeran su nombre. Podemos quería llegar a la generales incólumes y sin problemas. Tenían miedo a que en esos meses de configuración de los ayuntamientos, les hiciera daño. Territorialmente, las elecciones les deja tocados. Por eso Podemos nunca tuvo una estructura territorial firme. Esto se pretendió solventar con Unidas Podemos. El Partido Comunista lo vio y ellos, que sí tienen en algunas zonas una red territorial tupida, intentaron unir militancias basadas en el trabajo concreto para que Unidas-Podemos fuera algo mas allá del Congreso. Esto se consiguió de una forma muy parcial e insuficiente para resistir lo que vino después. Al final, creo que Podemos viene de un mundo y de un momento en el que la comunicación política fue esencial para su configuración. La comunicación política está muy bien porque te permite, como se comprobó la década pasada, tener unos crecimientos exponenciales muy rápidos a través de la utilización de los medios, pero crea gigantes con pies de barro. Un grupo con muchos diputados sin una estructura que los soporte, sin una implantación territorial que ha sido un problema y hoy es dramático. En ese sentido, no se puede pretender ser una fuerza importante, y no lo digo sólo por Podemos, sino para toda izquierda a la izquierda del PSOE. No se puede pretender ser un actor relevante sin homogeneidad y fuerza en los diferentes territorios. Al menos una cierta organ¡cidad donde la gente vaya y discuta con unas reglas y opine con una reglas y vote con unas reglas y de ahí salga una política conjunta que se siga sí o sí en todas partes. Eso es un partido. Y si no tienes eso, sólo tendrás política de notables, de gente muy lista que cuenta con grupos de trabajo, pero no es representativo y presenta carencias democráticas, porque la gente tiene que tener espacios donde deliberar comunitariamente la política. Todo lo demás, al final, son experimentos.

Daniel Bernabé. Foto de Isabel Permuy.

Al otro lado del Mississippi, esas interlocuciones y equilibrios son realmente frágiles. Después de Magariños, otear el panorama por Madrid desvela que las alianzas adolecen de una fragilidad considerable alimentada por el recelo entre las organizaciones convocadas el pasado 2 de abril.

El pegamento que une a una de las partes en Sumar es la animadversión hacia Podemos. Si alguien pretende tomarse la revancha de Vistalegre 2 se equivoca. El país no se puede permitir estas guerras internas. Hay gente ahí que se lleva muy mal y tiene muy poco recorrido en lo real. Más allá de movimientos internos, no tiene ningún interés. Hay esfuerzos grandes por parte de determinados actores para que tenga presencia más allá de lo meramente electoral, en fin, yo lo veo complicado.

Sumar no está caracterizándose por elaborar prolijos materiales de discusión, a pesar de la comisión de expertos. Materiales donde se afiancen compromisos internos y orgánicos. ¿Cuántos se han podido leer hasta este mes?

Efectivamente. Pero también hay que ser justos. Las grandes reivindicaciones de participación de la pasada década no las hay en esta, a la gente le da igual participar o no. La gente quiere que se solucionen sus problemas. Y es comprensible, tras una década de muchos vaivenes y situaciones inesperadas. El inicio de la pasada década había todavía una especie de ganas por cambiar y en esta yo no lo percibo. No lo veo y eso te lleva a que tienes que contar con lo que cuentas. Dentro de la gente activa, insisto, falta una organicidad. Los partidos tenían muchos problemas, la lentitud, la burocracia, lo reconocemos, pero tenían una ventaja, sabías los cauces reglados de participación y en estas nuevas configuraciones no se conocen, no se saben. Uno de los grandes problemas de Unidas Podemos ha sido siempre que las decisiones se tomaban en el Congreso y la decisión de Pablo Iglesias tenía voto doble. Mucha gente que hacía su trabajo en su territorio se preguntaba de qué valían, quién les tenía en cuenta. En los comienzos había materiales, se aprobaban votando y desde hace más de 10 años se ha pasado al olvido o no tiene resultados reales. De ahí viene el enfado.

La descomposición se ha manifestado en Asturias y Fuenlabrada ¿Como has visto ese proceso?

Pues lo he seguido poco de cerca pero sí con curiosidad, porque en Fuenlabrada ha sucedido lo mismo pero por razones inversas. Veo que cuando un partido empieza a perder capacidad de influencia en la sociedad, sus dirigentes pierden capacidad de imposición hacia sus dirigidos, de tal manera que esto en Podemos ha sido una tónica habitual en los últimos años. Había una deliberación y un voto que conducían a una lista pero la dirección conducía hacia otra y se la saltaba imponiendo la suya. Cuando esto sucedía hace 5 años no pasaba nada porque nadie se atrevía a protestar. Pero como la disciplina de Madrid es menor, la gente protesta y surge el conflicto. Lo que no se puede resolver es en base a expulsiones. Al final te crees inmune pero expulsas tanto que te quedas solo. Podemos ha seguido esta inercia en toda su trayectoria pero, siendo justos, no les corresponde sólo a ellos la paternidad del problema. La izquierda tiene un problema en este país a la hora de resolver sus diferencias. Hemos asistido a décadas relativamente poco traumáticas donde el espacio de IU servía de paraguas para casi todo y las diferencias internas se resolvían mediante congresos, pero llega un momento en el que todo salta por los aires porque las nuevas organizaciones copian los vicios del pasado, cayendo en una espiral constante de rupturas, expulsiones y dimisiones que han producido una fragmentación brutal. Nunca hubo tanta fragmentación como ahora. Tras las elecciones municipales hay que contar cuántos concejales saca cada partido de la izquierda en sus infinitas variables y compararlas porcentualmente con las que sacaba IU en los noventa. Y si la cifra es notablemente menor, entonces es que algo se ha hecho mal.

Creo que ya se puede verificar. En Asturias, Podemos no registrará tantas candidaturas municipales como hace cuatro años. Pero probablemente, la proyección más interesante venga después, si todo concluye, para terminar como empezamos, con Montalbán, con un declive tan literario como Asesinato en el Comité Central.

Sería interesante, sin duda alguna. En un momento determinado, todo eso se tendrá que contar, para que intente haber una comprensión del asunto. Yo tengo un problema generacional. Yo quiero que mi generación deje algo. Nosotros nos hemos ciscados en la transición, lo que me parece normal, por otra lado. Pero esta posición la he cambiado en los últimos tiempos. Se llega hasta donde se puede. La transición fue un movimiento mas audaz de lo que pensamos. Mejor o peor hubo cosas buenas y se dejó algo. La pregunta es ahora otra: ¿Qué vamos a dejar nosotros dentro de treinta años? Deberíamos plantearnos esa pregunta con cierto peso. Esto no puede acabar en una anécdota, debería tener un peso mayor.

Quizá es su marca de Caín. No está demás recordar que Podemos comenzó siendo un movimiento eminentemente adanista

Y es algo que ya estaba en el 15 M. Las manifestaciones de Irak, el final de aznarismo me configuraron políticamente como persona, de manera que el 15 M no me apelaba, me resultaba hasta cierto punto pueril. Jaime Peña, en esta nueva década, aceptada la derrota de sus categorías, más allá del personaje, está en el siglo XXI, en uno de los grandes momentos de la novela, se promete a si mismo no tener sensación de apego por un pasado que no va a volver. ¿Significa que aceptará lo que venga de forma acrítica? No. Si todo este mundo actual se pusiera encima de la mesa con un asesinato, tendría especial interés literario. Pero yo no sé si nuestra sociedad está preparada para recoger las metáforas y el lenguaje figurado. Hemos perdido capacidad para la metáfora. La gente se ha vuelto extremadamente textual.

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