“La influencia del porno en la representación del lesbianismo ha sido masiva y desde el voyeurismo masculino”

Francina Ribes presentó en el Centro Niemeyer su libro "Ausencia y exceso", un ensayo sobre los arquetipos lésbicos y bisexuales en el cine de Hollywood.

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Doctora en Medios de Comunicación y Cultura por la Universitat Autónoma de Barcelona, Francina Ribes Pericàs (Mallorca, 1986) también posee un máster en Estudios de Cine y Audiovisual Contemporáneos por la Universitat Pompeu Fabra. En materia de cine y teorías de género ha colaborado con Drac Màgic, el Observatori de les dones en els mitjans de comunicació, La Bonnemaison y la Universitat Oberta de Catalunya y ha coordinado la sección #feministas de la revista Barcelonés. Es autora de diversos artículos y capítulos, por ejemplo, para la publicación de la Mostra del Films de Dones, Chantal Akerman: un gest, vincles i espais o para el libro Carol: bellesa subversiva del desig. El pasado fin de semana participó en el Festival de Cine LGTBI del Centro Niemeyer de Avilés hablando de su libro Ausencia y exceso. Lesbianas y bisexuales asesinas en el cine de Hollywod.

¿De dónde surge esa idea del libro sobre lesbianas y asesinas en el cine de Hollywood?

Pues mira, es un proyecto que surgió hace muchos años, porque la primera semilla del libro fue un trabajo que hice para un máster, creo que en el año 2012. Fíjate, han pasado ya más de 10 años. Yo estaba estudiando un máster de teoría de cine en el que no me enseñaron nada de teoría de cine feminista ni ningún tipo de aproximación queer. Así que, a la hora de plantearme el trabajo final, pues quería ser un poco rebelde y hacer algo diferente a lo que me estaban enseñando allí. Entonces surge de una curiosidad personal. Me fijé viendo pelis, buscando referentes lésbicos en el cine comercial, que era muy recurrente, por un motivo u otro, que cuando había un personaje lésbico fuera violento y asesino. Entonces empecé a tirar de ese hilo para ver de dónde salía eso y explicarlo. Y hay varias cosas que me engancharon a este tema. Una de ellas es la contradicción que está en el título del libro. Ostras, me doy cuenta de que estos personajes, la mayoría, tienen un origen misógino y homófobo, pero me atraen y creo que tienen un potencial subversivo y quiero explicarlo. Y la referencia a la ausencia es por esto, porque te das cuenta de que hay una ausencia de referentes lésbicos en el cine comercial. El exceso es porque cuando hay personajes explícitamente lésbicos o con comportamientos lésbicos, suelen ser muy excesivos.

Habla de un arquetipo que cristaliza, ¿cuándo surge ese arquetipo y cuáles son sus rasgos más definitorios?

Bueno, me di cuenta de que podía un poco acotar en el tiempo el momento en el que cristaliza ese arquetipo y el momento es a finales de los 80 y principios de los 90 en el Hollywood mainstream. Se da un auge de lo que se conoce como neo-noir, que es este revival del cine negro clásico. Ese cine clásico de los años 40 y 50 está muy marcado por la censura del Código Hays, que hace que cualquier alusión a la homosexualidad, vamos que no puede ser explícita la homosexualidad o cualquier feminidad fuera de la norma tengan que ser castigadas. ¿Qué pasa? Que en los años 80 y 90 ya no está ese código de censura y lo que hace es que la nueva femme fatale se vuelve muy extrema. Digamos que aquello que estaba en cierta manera un poco codificado en el cine negro clásico, de repente se explicita, pero de una manera muy llevada al extremo.  Es bastante común que la femme fatale clásica ya tuviera a lo mejor ciertas connotaciones de sexualidad liberada y quizá, en algunos casos, ocupaba un lugar de la trama masculina. Pues aquí es bastante común que en los años 80 y 90 la bisexualidad sea como un algo más, que hace que la femme fatale sea…, le aporta ese extra de exotismo, de peligro, es como algo que se utiliza para acentuar ese morbo y esa sensación de peligro.

Foto: Cristian García

Estoy pensando que hay una especie de moda, que se puede ver de una manera más clara en las series. Algo como metemos a un personaje lésbico o bisexual, que da mucho morbillo, pero vamos a castigarlo y al final lo matamos, ¿no? De hecho, existe un listado en páginas especializadas como Bury your gays que habla de hasta 250 mujeres lésbicas o bisexuales a las que se mata en las tramas.

Claro, claro, si es lo que se dice como el síndrome de la lesbiana muerta o algo así. Esto ya pasaba cuando Vito Russo, en el año 87, publica Celuloide oculto. Tiene un apartado titulado Necrology en el que hace una lista de todos los personajes con connotaciones lésbicas que mueren. Eso es un poco lo mismo que comentabas, ¿no? Podías enseñar cierta transgresión siempre cuando te ocuparas de castigarla y de que eso no tirara para adelante. Esto tiene que ver con el punto de vista y el hecho de que son personajes que nacen con esa marca de la otredad, ¿no? Y se utilizan como para poner un poco en riesgo el orden, digamos, heteronormativo. Pero las ficciones se ocupan siempre de restablecerlo acabando con ellos. Por eso precisamente me interesaba sacar este libro reivindicando la figura de la lesbiana asesina, que me parece más interesante que la figura de la lesbiana muerta. Porque aunque en muchos casos el origen desde las pelis de las que yo hablo sigue siendo misógino y homófobo, el hecho de que sean asesinas y de que tengan el poder y de que sean capaces de rebelarse y de que muchas veces se salgan con la suya y no sean castigadas al final de la trama, es otra de las transgresiones que aporta el neo-noir respecto al cine clásico, pues facilita que puedan ser apropiadas desde un punto de vista feminista. Y por mucho que no sea la intención del director, que en algunos casos sí que lo es, pues son películas que ofrecen esa posibilidad y que tienen ese potencial.

¿Cómo ve el panorama actual?, ¿seguimos con los mismos clichés de misoginia, de mirada heteropatriarcal de subversión castigada o nos estamos moviendo ya a tramas donde el final no incluye ese castigo que había antes?

Bueno, en los últimos años ha habido películas importantes, una de ellas es Carol, que en el libro le dedico un capítulo por su importancia. Sobre todo, por lo que comentaba, que en el fondo la clave de todo está en la subjetividad, en quién cuenta la historia y desde dónde y desde qué punto de vista. De hecho, las pelis que comentaba antes de los 90, como Instinto Básico, Juegos salvajes, Mujer blanca soltera busca, Lazos ardientes, ya en el título nos dan una pista de la influencia de la pornografía en ellas. Son thrillers eróticos en los que los personajes femeninos están muy erotizados y la inclusión de estas escenas lésbicas tiene que ver, ¿no? Bueno, la influencia pornográfica en la representación del lesbianismo ha sido masiva. Pero siempre desde un punto de vista del voyeur masculino y para el placer, digamos, heteromasculino. Por eso, para mí lo relevante es que haya historias contadas con una subjetividad lésbica. En las películas de los 90, muchas veces pasaba que el plano contraplano, que es la herramienta principal a través de la cual se expresa la pasión entre un hombre y una mujer en el cine, ¿no?…Yo te miro, tú me miras y construimos así el deseo…, pero no se da entre las dos mujeres, sino entre el hombre y las dos mujeres besándose, porque quien tiene el punto de vista es el hombre.

Foto: Cristian García

En su libro lo puntualiza mucho en esa película tan mítica que es Instinto Básico

Claro, sí, pero, también por eso digo que una película como Carol es muy importante, porque precisamente lo que hace es incidir mucho en el tema de la subjetividad de la mirada, del plano contraplano entre las dos mujeres. Lo mismo con Retrato de una mujer en llamas. Lo que pasa es que son películas independientes, aunque están hechas en el marco de la industria. Carol es una peli de Hollywood, pero muy independiente en comparación con lo que fue Instinto básico en su momento. Creo que ha habido películas muy importantes, pero lo que es el cine comercial tampoco ha cambiado tanto. Sí que es verdad que ahora hay más preocupación por la inclusión y la diversidad, pero muchas veces esa inclusión se queda en un plano muy cosmético y con personajes secundarios en los que tampoco se indaga o como tú decías, pues tienen finales trágicos o son como accesorios, ¿no? Así que no me parece que haya cambiado tanto en el sentido de que… Bueno una película de la que hablo en el libro, que es Lazos ardientes, de las hermanas Wachowski, yo creo que a día de hoy sigue siendo, quizá, la película más radical que se haya estrenado en el circuito comercial y más subversiva. En esa película sí que todo el tema de la subjetividad está ahí ya. Es una película que pone la relación lésbica en el centro de la trama, sin que sea una película sobre el lesbianismo, sobre salir del armario. No tiene un final trágico, no castiga a las protagonistas y es del año 96. No se me ocurre ninguna película tan comercial. Es verdad que fue la ópera prima de las hermanas Wachowski, no era una superproducción, pero tuvo su éxito. Yo recuerdo haberla vista por la tele cuando era pequeña. Ahora, pues bueno, sí, poco a poco parece que va cambiando algo, pero no veo que el cambio sea tan significativo.

¿Algún otro caso reciente de cambios?

Por ejemplo, la última película de James Bond 007. Primero, ya cuando estaban en fase de escritura, se filtró la noticia de que habían invitado a unirse al equipo de guionistas Phoebe Mary Waller-Bridge , la creadora de Fleabag o de Killing Eve. Imagino que ellos mismos veían que les faltaba perspectiva de género. Luego salió la película y el titular era: “007 es una mujer negra”, como si eso fuera como la gran transgresión. Después, tú veías la película y ese personaje es muy interesante, pero no está desarrollado, no es la protagonista de la película y solo es como un apunte. Que es una pena, pero no sé, no se profundiza en ella. Y con el lesbianismo, creo que pasa un poco lo mismo, como algo… casi diría estético, superficial, superfluo.

“La vampira es seguramente es la forma más recurrente con la que se ha representado el lesbianismo”

Mencionaba lo que hicieron los hermanos Wachowski, ahora hermanas Wachowski. Las películas estas que hablamos las dirigen hombres, hetero, blancos… Se habla también muchas veces de si es necesaria una visión desde un punto de vista femenino o de directoras para no caer en tantos clichés, ¿cómo lo ve?

Pues es una pregunta muy interesante, pero no tengo una respuesta así muy muy tajante, pero sí que es verdad, ¿no? Lo que digo en el libro que, ostras, ya en los años 90 hubo una serie de películas en las que se utilizaba el lesbianismo o la femme fatale bisexual como una herramienta de marketing. Las lesbianas del momento estaban ya un poco hartas de este tema y se quejaron y llegaron a decir cosas como: “solo las lesbianas podemos hacer películas sobre lesbianas, porque esto no puede ser”. Y de repente llega Lazos ardientes y algunas dijeron: “Huy, espérate, que esta sí que nos gusta, que esta sí que nos representa”. Había un título de un artículo, creo que de Kessler que decía: “Okey, even straight men can do it”, era un “vale, admito que los hombres hetero también pueden hacer una película sobre lesbianas”. Pero, claro, al cabo de unos años descubrimos sobre la identidad de las hermanas Wachowski, que en realidad se identifican como mujeres lesbianas. Entonces, pues no sé. Sí que supongo que está muy relacionada la identidad, con ser capaces de expresar esa subjetividad. Al final lo mismo comentaba en la presentación [de su libro en el Centro Niemeyer ] ¿qué nos trae una película como La vida de Adèle, que ganó la Palma de Oro en Cannes, que se vio en todo el mundo y que fue muy muy elogiada por la crítica? Es una película hecha por un hombre heterosexual, que no me parece que rompa para nada con el tipo de representación que se había hecho del lesbianismo en el cine. Yo la veo muy ligada al vampirismo, al vouyerismo. En cambio, al cabo de unos años, Retrato de una mujer en llamas también se estrena con éxito en Cannes, pero no llega a ganar la Palma de Oro y se queda, bueno… como una película muy importante para la comunidad lésbica pero no alcanza el nivel de notoriedad que tuvo La vida de Adèle

Me llama la atención eso que comenta del vampirismo en La vida de Adèle

Sí, bueno el vampirismo, ya desde el siglo XIX, que creo que es cuando se publica la novela Carmilla de Le Fanu, esta cosa de las vampiras lesbianas representadas para el erotismo masculino es algo muy recurrente. En el cine seguramente es la forma más recurrente con la que se ha representado el lesbianismo. Existen muchas películas que no son de vampiras como La vida de Adèle que parecen pelis de vampirismo. Esto ya pasaba en Persona, que no es exactamente una película de lesbianas, pero que tiene esta relación entre ellas que es un poco vampírica, ¿no? Que una de ellas parece que hechiza la otra. Lo mismo pasa en Mullholam Drive, que ahí sí que veo que aunque no es una peli de vampiras, el vampirismo sí que está muy presente; de hecho uno de los personajes, que es Camila, me parece evidente que su nombre es un homenaje a Carmilla, o sea, la vampira de Sheridan Le Fanu. Y tiene este rol de femme fatal que atrae y hechiza de alguna manera a la otra, que no puede liberarse de su hechizo. Y La vida de Adèle me parece que de alguna manera también reproduce este patrón de una mujer ejerciendo un hechizo sobre la otra y absorbiéndola y empujándola una relación tóxica y chupándole un poco la vida. Incluso ya desde el momento en que se cruzan la mirada por primera vez y hay como… no sé si te acuerdas, que está caminando por la calle, la ve y se gira y es muy típico de las películas de vampiros, esa cosa de ese tipo de mirada, como un hechizo que tampoco se parece a como se suele representar el enamoramiento en las películas de amor, ¿no?

Foto: Cristian García

Yo creo que ese cliché lo he visto muchas veces en las películas de amores heteros

¿Sí? No sé, como esa cosa de la mujer enigmática que te hechiza, ¿no? No como una relación entre iguales.

O sea el tema vampírico va por ahí

Sí, de hecho, incluso Carol, que me parece muy importante, también tiene un poco ese punto. En cambio, Retrato de una mujer en llamas, no, y Lazos ardientes, tampoco. Pero Carol, sí, porque es la construcción del personaje de Carol, con esta mitificación, con la divinización, incluso Carol no acaba de escapar de ese cliché.

Menciona también dentro del libro otra peli vampírica, El ansia. Esta se aparta un poco de esos tópicos, ¿en qué sentido?

Sí, a ver, es que el vampirismo ha sido, digamos, perfecto para la representación del lesbianismo por varios motivos. Uno, porque es una manera, o sea, tiene una forma sobrenatural de explicar que una mujer pueda interesarse por otra mujer: como es un hechizo, pues se puede justificar. La otra es que ya desde el siglo XVIII se establece como un lugar seguro desde el que mostrar una transgresión que es interesante, ¿no? A los hombres heteros les da morbo y se puede enseñar en un entorno seguro. Es seguro para poder expresar esa fantasía sexual de dos mujeres teniendo sexo, pero en un espacio de fantasía, en un plano irreal. Es una forma de amenazar el sistema heteropatriarcal, pero también es un género que te permite ejercer una violencia salvaje para acabar con esa amenaza y a través de lo que es el poder fálico de la estaca. Casi siempre en estas películas se ha restablecido el orden heteropatriarcal. En El ansia, algunas de estas cosas se dan, por ejemplo, la explicación sobrenatural a la atracción de Susan Sarandon por Catherine Deneuve. Pero hay otras cosas que se dan, por ejemplo, la vampira interpretada por Catherine Deneuve no es un cuerpo joven y voluptuoso y nada más, sino que es una mujer madura, interesante, culta que va más allá. Y luego el enamoramiento de Susan Sarandon por Deneuve. Aunque también se explica por ese fenómeno natural, sí que de alguna manera vemos como Susan Sarandon accede por voluntad propia a la relación con Catherine Deneuve. Y cuando se da cuenta de que la han vampirizado, ella es capaz de rebelarse contra esa vampirización y de acabar con la vampira y no se da ese castigo. O sea, sí que la vampira es castigada, pero Susan Sarandon ocupa su lugar, es decir, no se acaba con la amenaza de la vampira. Y en ese sentido, me parece que va un poco más allá de lo que son las típicas pelis de vampiras. También la escena de seducción entre ellas, pues fue transgresora en su momento. Esta peli, además, es del año 83. La escena de sexo quizás sí que tiene este punto más vouyerista, pero lo que es la secuencia previa de enamoramiento tiene su gracia.

Incidiendo en esa parte de vouyerismo, este posee un peso muy específico en Instinto Básico. Bueno, en esa película hay un montón de cosas que se podrían analizar. Me gustaría que se detuviera en ese punto de vista del film y que hiciéramos una referencia casi obligada al más famoso cruce de piernas de la historia del cine.

Bueno, Instinto básico es una película muy compleja porque…muy compleja y también muy transgresora. Nayman, que es un experto en Verhoeven, decía que no estaba claro si era la película más misógina de la historia o una gran parodia de la misoginia en el cine. Yo creo que Verhoeven es completamente consciente de los códigos con los que juega y es una película muy juguetona y que juega a llevar todo al extremo y ver hasta dónde puede llegar. En ese sentido es interesante, ¿no? Es verdad que es una película en la que el punto de vista está en el hombre y el vouyerismo es muy importante, pero también es transgresora porque el personaje de Catherine Tramel es muy activa en su exhibicionismo, como que de alguna manera ella pone el límite, ¿no? Hay un artículo de Laura Mulvey, que es muy importante en la teoría de cine, que en el año 75 dice que en el cine clásico, la mujer es el elemento pasivo y el hombre es el elemento activo. El placer en el cine se basa en el observar el cuerpo de la mujer, lo que siempre se hace desde el punto de vista del hombre. Catherine Tramel es verdad que es la observada, pero no es pasiva, es activa en su exhibicionismo y ella pone los límites de hasta dónde quiere que vean. Y es capaz de utilizar el exhibicionismo a su favor y ella es la que, de alguna manera activa, decide lo que va a pasar en cada momento. Manipula a todos los que están a su alrededor para que pase lo que ella quiere que pase. La escena del interrogatorio es un ejemplo de eso. Funciona como una gran metáfora del vouyerismo en el cine. Ella se presenta ahí, con su vestido sin ropa interior, que además hemos visto en la escena previa como se ponía el vestido sin nada más y el protagonista lo ve y lo percibimos desde su punto de vista. Y se planta ahí, delante de todos esos hombres y se pone a fumar. Le dicen que no puede fumar ahí, les desafía en plan de: “vale, ¿qué vas a hacer?,¿detenerme por fumar?” Y los ves, a cinco hombres babosos, sudando, sin saber qué hacer con ella y ella les va manipulando hasta que llega al punto de que exhibe sus genitales. Bueno, de manera activa y para descolocarles y funciona, o sea, es algo que desmonta de repente, eso les desmonta y se acaba el interrogatorio. Es como sí, vale, el punto de vista está en el hombre, que es que tiene el placer vouyerista de observar el cuerpo femenino, pero ella es activa en su exhibicionismo y eso es importante.

Habla de la cámara como recurso fílmico, ¿qué otros recursos visuales, por ejemplo, en esta misma película o en Disobedience o en High Art se emplean?

En el libro apunto una cosa que me gustaría desarrollar más y que es el tema de que en las películas lésbicas es bastante común introducir el tema de la cámara. Así se enfatiza la subjetividad, eso pasa en Carol, pasa en Disobedience y en High Art, que una de las dos es fotógrafa. Y de esa manera se permite enfatizar ese punto de vista de la subjetividad lésbica que en el cine ha sido negada.

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