Semblanza breve de una brava diputada

Escribo sobre Nuria Rodríguez López que, dicho sea de paso, es mi mejor amiga

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Paco Álvarez
Paco Álvarez
Periodista, escritor y traductor lliterariu d'italianu. Ye autor de les noveles "Lluvia d'agostu" (Hoja de Lata, 2016) y "Los xardinos de la lluna" (Trabe, 2020), coles que ganó en dos ocasiones el Premiu Xosefa Xovellanos.

Nos sentamos a charlar por primera vez hace algo más de un cuarto de siglo, en una cafetería con grandes cristaleras y amplias vistas a lo que hoy es El Solarón. Nuria me había telefoneado al periódico (de aquella aún no había teléfonos móviles) para invitarme a un café, y me sentí honrado pero intrigado al mismo tiempo. Nunca antes habíamos tenido la ocasión de hablar cara a cara, aunque yo ya le debía mucho: ella era una de las compañeras feministas que nos dieron tira, como dicimos n’Asturies, a los insumisos en aquellos años crudos en los que el Gobierno chulesco del PSOE y de Felipe González respondía al desafío del movimiento antimilitarista convirtiendo a los insumisos en carne de prisión.

Nuria fue una de las que estuvo frente a la Comandancia Militar de Marina de Xixón empuñando una pancarta antimilitarista el día que nos encadenamos a ese edificio el compañero Fernando González y yo, insumisos sentenciados a dos años, cuatro meses y un día de cárcel por negarnos a hacer el puto servicio militar y la jodida prestación social sustitutoria. Nuria y Ana (la muerte nos la arrebató a edad temprana) eran dos de las compañeras feministas imprescindibles que aquella mañana estaban gritando ¡Nun hai prisión que pare la insumisión! ¡Insumisos presos, llibertá! mientras a Fer y a mí nos metían en un par de furgones policiales.

Nuria militaba en Izquierda Unida y en el colectivo feminista Andecha de Moces Da-y al Dengue, yo era el redactor de El Comercio especializado en todos esos temas con tufo a rebeldía que otros no querían cubrir y que para mí eran la razón de ser de mi vocación periodística: solidaridad internacional, antimilitarismo, feminismo, ecologismo, asociacionismo juvenil… En fin, nos tomamos aquel café en el Tenampa (que sigue abierto tantos años después) y Nuria me pidió opinión sobre un asunto relativo al Conseyu de la Mocedá de Xixón. Le pregunté por qué me pedía opinión precisamente a mí, que era un mindundi, y me dijo que yo le parecía un tipo sensato y con criterio. No sé si alguna vez he sido un tipo sensato y con criterio, pero el caso es que aquello fue el inicio de nuestra relación de amistad, que dura ya más de un cuarto de siglo y que es una amistad inquebrantable.

Lo poco o mucho que sé de feminismo lo aprendí de Nuria. A Nuria le creció la conciencia feminista antes incluso que las tetas (la frase, que me perdone por hacerlo público, se la escuché decir a ella misma hace muchísimos años). Nuria sigue siendo mi referente como feminista noble y genuina en situaciones adversas… o precisamente en situaciones adversas. Estaba llamada a ser la cabeza de lista de Podemos Asturies en las elecciones autonómicas de 2019, pero hacerse con ese puesto exigía que se diera codazos con el aparato del partido morado y con otra mujer. “Yo nunca voy a disputarle el puesto a otra compañera. Me echaré a un lado”, me confesó en una noche amarga, aspirando una calada profunda de su cigarrillo. Y Nuria hizo lo que dijo: se echó a un lado.

Después la echaron a un lado los dos sectores de Podemos Asturies, porque era la única mujer de los cuatro diputados del partido morado en el Parlamento asturiano en esta legislatura, pero ni un sector ni otro permitió que fuera la portavoz parlamentaria: Rafael Palacios y Daniel Ripa ya estaban compitiendo, en plan machirulo, a ver quién meaba más lejos. En los últimos tiempos le ofrecieron la portavocía adjunta, pero Nuria, con su tempestuosa elegancia, le dejó claro al endiosado portavoz parlamentario (ese que ahora va de cabeza de lista en Llangréu) que ella no era un florero de nadie, y siguió su propia hoja de ruta caleyando por el ostracismo.

Nuria ya había aguantado carros y carretas. En una campaña electoral se tomó la libertad de ‘corregirle’ el texto de un discurso sobre feminismo una candidata que iba en puestos de salida y que no tenía ni reputa idea sobre feminismo; era una más de las que se convirtieron al feminismo a la carrera y porque tocaba ser feminista en un partido prefabricado. Esa Nuria a la que le había crecido la conciencia feminista antes que las tetas se mordió la lengua por lealtad, por no sacarle los colores a aquella candidata que no sabía de qué hablaba cuando hablaba de feminismo y porque en el adn político y sentimental de Nuria predomina la sororidad.

“Nuria fue la única parlamentaria que se opuso desde el principio de la legislatura a la proliferación indiscriminada de campos eólicos en el Occidente asturiano “

Nuria fue la única parlamentaria que se opuso desde el principio de la legislatura a la proliferación indiscriminada de campos eólicos en el Occidente asturiano frente a quienes han decidido que Asturies tiene que sacrificar su paisaje y su paisanaje para suministrar energía a Madrid. Nuria defendió como parlamentaria la supervivencia del lobo en todos los espacios en los que está presente, y fue una voz solitaria en esa defensa del lobo en el Parlamento asturiano. Un imbécil se refirió a ella en redes sociales, peyorativamente, como la “loba Nuria”. Y el imbécil no sabe lo orgullosa que se siente Nuria de que la llamen loba. Es una loba y es una de las nietas de las brujas que no consiguieron quemar.

Recientemente le hablé a Nuria de una amiga a la que había intentado matar su pareja: el cabrón está cumpliendo pena de prisión, pero la mujer no tiene claro qué pasará cuando él salga de la cárcel. “Dile que en mi casa hay una cama para ella si necesita un refugio. Y dale mi número de móvil por si necesita algo”, me dijo Nuria a bote pronto, antes incluso de conocerla. El día que Nuria y Mariajo se conocieron, por casualidad, en la gijonesa plazuela de San Miguel, y se fundieron en un abrazo inmenso y se comunicaron hablando ese idioma común de la sororidad yo me emocioné y se me humedeció la mirada.

Hace poco quedé a tomar unas birras con Nuria en su barrio y le pregunté: “Oye, cuando nos conocimos, hace la de dios de años, ¿te imaginabas que tú acabarías siendo diputada y yo escritor?”. Ella revolvió la mirada, medio avergonzada, porque nunca alardeó de ser diputada, y respondió diciendo que yo soy un gran escritor (no lo soy, me sobrevalora) pero omitió responder sobre sí misma. Yo en ese momento recordé la mirada fiera de Nuria y su discurso encendido como diputada aquellos dos días en los que hizo que la extrema derecha de Vox abandonara el pleno en el Parlamento asturiano con el rabo entre las piernas: cuando ella los llamó fascistas, se negó a retirar ese término del acta de sesiones y la diputada y el diputado de la ‘extrema derechita cobarde’ abandonaron el hemiciclo, y cuando Nuria se negó a hablar en castellano y los diputados fachas se hicieron los ‘ofendiditos’ porque no la entendían y volvieron a abandonar un espacio en el que no merecen estar. ¿En qué parlamentu hai sitiu pa parllamentaries o parllamentarios que presumen d’inorar les llingües que se falen nel so territoriu?

Nuria Rodríguez López (cítola colos dos apellidos, ella siempre reivindica l’apellíu de la so madre, que s’escaez nes fórmules curties) espresóse nesta llexislatura nel Parlamentu asturianu nes tres llingües d’Asturies, porque ye falante de les tres llingües y porque se reconoz nes tres llingües.

Estos días leo en las redes sociales los mensajes de algún que otro gilipollas diciendo que Nuria es una tránsfuga. No es una tránsfuga: gilipollas, si el raciocinio os da para ello, buscad el significado de la palabra tránsfuga en el Diccionario de la RAE o en el reglamento del Parlamento asturiano. Nuria fue durante cuatro años concejala de Xixón Sí Puede, ha sido durante cuatro años diputada de Podemos Asturies y es la número cuatro de la candidatura de Convocatoria por Asturias (el topónimo en castellano chirría mucho, no sé quién fue el lumbreras que lo decidió).

Nuria ha decidido cambiar de proyecto político para defender lo que siempre ha defendido. Yo no apoyo la candidatura de la que forma parte, pero voces como la suya son necesarias en la Xunta Xeneral, tan necesarias como lo fueron sus manos empuñando aquella pancarta frente al militarismo en el puerto deportivo de Xixón, sus brazos abrazando en la plazuela San Miguel a una amiga maltratada o su palabra atronadora en el Parlamento asturiano haciendo que se cague por las patas el portavoz del partido fascista.

Para mí Nuria es una loba, una partisana y una de las brujas que no consiguieron quemar. Y tengo la suerte de que además de todo eso es mi mejor amiga.

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